El Valor del Silencio

El Valor del Silencio
El Valor del Silencio



En el pueblo donde vivía el maestro Hakuin, una joven se quedó embarazada. Su padre la presionó para que revelara el nombre de su amante y al final, para escapar del castigo, la joven dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando nació el niño se los llevó a Hakuin, se lo arrojó y le dijo:

Parece que éste es tu hijo agregando toda clase de insultos.

El maestro sólo dijo:

Oh!, ¿es así? y tomó el bebé en sus brazos.

A partir de este momento, a donde quiera que iba, llevaba el bebé consigo, envuelto en la manga de su túnica. En noches de lluvia y tormenta iba a mendigar leche en las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándole un hombre acabado, se volvieron en contra suya y lo abandonaron. Hakuin no dijo ni una sola palabra. Deja de DESPERDICIAR TU VIDA esperando a que vengan TIEMPOS MEJORES

Mientras tanto, la madre sintió que no podía tolerar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó entonces el nombre del verdadero padre y el padre de la joven corrió a ver a Hakuin y se postró ante él rogándole que le perdonara.

Hakuin solo dijo:

Ah!, ¿es así? y le devolvió el niño.


Todo lo que la vida trae está bien, absolutamente bien. Esta es la cualidad del espejo: nada es bueno, nada es malo, todo es divino. Acepta la vida tal como es.Oración para pedir unidad Familiar


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Sabiduría inútil

Sabiduría inútil
Sabiduría inútil

Un siddha llegó a tener poderes ocultos, lo cual hizo que comenzara a henchirse de vanidad. Sin embargo, en el fondo era un hombre bueno y había practicado muchas austeridades.

Para corregirlo, el Señor apareció ante él vestido de sannyasin  y le dijo: «Señor, he oído que usted ha obtenido grandes poderes ocultos». El siddha lo recibió con gran respeto y le pidió que se sentara. En ese momento pasó por allí un elefante, y el sannyasin  le dijo al siddha: «Bien, señor, ¿puede usted, si quiere, matar a ese elefante?»Cosas que me hubiera gustado aprender de niñ@

El siddha contestó: «Sí, puedo hacerlo», y tomando un puñado de tierra la tiró contra el elefante, pronunciando algunas palabras de encantamiento. De inmediato, el elefante cayó muerto. Entonces, el sannyasin  exclamó: «Oh, ¡qué maravilloso es su poder! ¡Con qué facilidad ha matado usted al elefante! El siddha se sonrió al oír estas alabanzas.Con la Oración puedes elevarte Espiritualmente

El sannyasin  volvió entonces a preguntar: «Bien, y... ¿ puede usted volver otra vez al elefante a la vida?»

«Sí, también puedo hacer eso», contestó el siddha, y tiró otro puñado de tierra sobre el elefante muerto, el cual volvió a la vida y se levantó enseguida.


Al ver esto, el sannyasin  observó: «¡Su poder es en verdad asombroso! Pero me gustaría hacerle una pregunta: usted mató al elefante y luego lo resucitó, pero... ¿qué beneficio le ha traído esto? ¿Para qué ha servido? ¿Le ha ayudado para alcanzar a Dios?» Diciendo esto, desapareció.URIEL EL ANGEL DEL ARREPENTIMIENTO


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"EL MERCARDER PERSA" - bonito cuento espiritual

"EL MERCARDER PERSA" - bonito cuento espiritual


Un mercader persa había conseguido un ejemplar de una especia rarísima de ave. El pájaro estaba acostumbrado a la libertad, y la vida enjaulado le resultaba muy penosa. El mercader le cojió cariño al ave, y decidió aliviar su cautiverio. Le propuso que expresara un deseo y se lo consedería inmediatamente. Por supuesto, el ave no podía pedir la libertad.

- Este es mi deseo. Quiero que vayas a la selva, y cuando encuentres a uno de mi especie, le cuentes la penosa situación en la que me hayo. Solo tienes que decirle que estoy enjaulado. Nada más. Luego debes contarme su reacción.
- Me parece un deseo muy modesto. No comprendo porqué te contentas con tan poco, pero haré lo que dices.

El mercader se dirijió a la selva, y después de mucho buscar descubrió otro ejemplar de esa rarísima especie.

- Pájaro, por favor ven aquí. No temas no quiero capturarte. Solo quiero cumplir el deseo de un semejante tuyo. Me ha encargado que te anuncie que un hermano tuyo está enjaulado en mi casa. Su mayor deseo era que te lo hiciera saber.

En cuanto escuchó esta palabras, el ave cayó desplomada. ¿Estaba muerta?. Parecía que la vida le había abandonado de pronto.
El mercader estaba desolado y no lograba explicarse lo sucedido. Tal vez el ave era muy sensible y la noticia del cautiverio de un semjante suyo había provocado una emoción fatal.
 
De vuelta a casa, el hombre se apresuró a contarle lo sucedido al prisionero, según lo acordado. En cuanto el mercader terminó de hablar, el ave cayó desplomada. Exactamente igual que su semejante en la selva.
 
Una vez más, el mercader atribuyó lo sucedido a la extrema sensibilidad de estos animales.

"Probablemente la muerte de un semejante suyo le ha causado una profunda impresión. He cometido un error. No tenía que haber enjaulado a un pájaro tan sensible. Habría hecho mejor dejándolo en libertad.
 
¡Ahora entiendo porque hay tan pocos ejemplares de esta especie! Lo menos que puedo hacer por su noble alma es enterrarle".

El mercader abrió la jaula y sacó al prisionero, que estaba completamente inerte.
Le colocó un momento en el alfeizar, mientras seguía observándole, muy compungido por el cariz que habían tomado las cosas.
 
Entonces el ave, como si hubiera vuelto a la vida, dio un respingo y con un aleteo rapidísimo salió por la ventana.

- Ahora entenderás porque mi hermano, en la selva, cayó desplomado cuando le dijiste que yo estaba enjaulado. Gracias a él puedo huir y volar libre por el cielo. Fue él quien me sugirió lo que debía hacer: simular que estaba muerto.

El ave saludó a su carcelero, que le seguía con la mirada estupefacto.