1 feb. 2011

El principe y el Gnomo


Trasladen su conciencia a un lugar muy bello, a un paraíso en esta tierra. Dispóngase a escuchar un cuento sentados cómodamente para que puedan percibir de una manera vivencial lo que les vamos ir contando. Disfruten del paisaje, perciban el olor de las flores, de la hierba húmeda de este gran paraíso.

Observen como vuelan las aves, sientan el revolotear de las mariposas a su alrededor, sientan a todos los seres que los acogen con amor.

Dentro de este mágico lugar se encuentra un pequeño príncipe, con un corazón lleno de amor y con un desbordante anhelo de vivir. Este príncipe tiene un padre muy generoso que le obsequia todo cuanto quisiere, pues como heredero de todo ese gran reino, tenía todo lo que un ser humano pudiera desear, todo esto le pertenecía a él y cualquiera daría todo por tener la riqueza que él tenía.

Sin embargo, dentro de su corazón sentía una profunda tristeza porque no era eso lo que él quería. Su naturaleza divina lo impulsaba a aspirar cosas que su padre no le podía dar, que no podía conseguir con toda su riqueza.

La gente del pueblo viendo su tristeza, no entendía por qué, si aparentemente tenía todo, no era feliz.

Un día, jugando por el bosque, se encontró con un pequeño gnomo que percibió su tristeza y le preguntó:

_"¿Qué es lo que buscas, pequeño príncipe?"

Y el niño viendo hacia el cielo, le respondió:

"_Yo quiero una estrella, quiero ser como una de ellas, más no sé cómo hacerlo."

_"¿Quién me podrá dar esa estrella?"

Y el gnomo respondió:

"_Nadie te la dará, porque la estrella se tiene que conquistar y para llegar a ella y ser como ella, sólo a través del corazón, del trabajo, del amor, podrás alcanzarla. Porque cada estrella es el ser que refleja luz de Dios. Si quieres ser una estrella tendrás que trabajar mucho para convertirte en ella."

Si ustedes tienen el verdadero anhelo de ser una estrella, deberán trabajar desarrollando las virtudes. Pues sólo los que trabajan duro pueden ir reflejando la luz interior.

Este es para los que perseveran, los demás se van quedando en el camino, atrapados por las trampas de la vida.

Hasta aquí dejaré mis palabras y la luz para que su naturaleza divina supere por mucho todas las inclinaciones terrenales.

Benditos sean eternamente

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