viernes, 29 de abril de 2011

El Ratón y la Ratonera


Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete.. Pensó, luego, qué tipo de comida podía haber allí..
Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera (Trampa para Ratones). Fue corriendo al patio de la Granja a advertir a todos:

"Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!"

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levanto la cabeza y
dijo:"

Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted,
más no me perjudica en nada, no me incomoda."

El ratón fue hasta el cordero y le dice: "Hay una ratonera en la casa, una ratonera!" ... "Discúlpeme Sr. Ratón, más no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones."

El ratón se dirigió entonces a la vaca! ., y la vaca le dijo "Pero acaso, estoy en peligro? Pienso que no" dijo la vaca.

Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a
la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado.

En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra
venenosa. La cobra picó a la mujer.

El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre.
Todo el mundo sabe que para alimentar alguien con fiebre, nada mejor que una sopa. El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente
principal: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo.

El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir! los gastos
del funeral.

"La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le prestas atención..........piénsalo dos veces".

miércoles, 27 de abril de 2011

Veremos

Mi amigo tiene una granja. Como le encanta hacer las cosas a la antigua, no posee ningún equipo mecánico y usa un caballo para arar su campo. Un día, mientras estaba arando, el caballo se desplomó, muerto. En el pueblo todos compadecieron a mi amigo. - ¡Oh, qué terrible que le haya sucedido eso! -le dijeron.

Él se limitó a contestar:
- Veremos. Estaba tranquilo y en paz, y admirábamos tanto su actitud que nos pusimos de acuerdo y le regalamos un caballo.Entonces la reacción general fue exclamar: - ¡Qué hombre de suerte! Y él dijo: - Veremos. Unos días después el caballo, que aún desconocía la granja, saltó una cerca y escapó, y todos exclamaron:

- ¡Oh, pobre hombre! - Veremos -dijo él de nuevo. Y lo mismo repitió una semana después, cuando el caballo regresó seguido por una docena de potros sin domar. Al día siguiente, su hijo salió a pasear a caballo, se cayó y se rompió la pierna. - ¡Pobre muchacho! -se compadeció todo el pueblo. Y mi amigo dijo:

- Veremos. Pocos días después llegó al pueblo el ejército, para reclutar a todos los jóvenes en edad de prestar servicio militar, pero a su hijo lo dejaron porque tenía la pierna rota. - ¡Vaya chico con suerte! -comentaron los vecinos. Y mi amigo dijo: - Veremos. También nosotros tenemos que aprender a dar un paso atrás, tomar distancia y decir: "Veremos".

En vez de juzgar lo que nos sucede en la vida y decir qué es bueno y qué es malo, justo o injusto, debemos reconocer que en sí mismo nada es bueno o malo, y que cualquier cosa puede ayudarnos a entrar nuevamente en armonía con el plan del universo.

martes, 26 de abril de 2011

El Eco




Un padre y su hijo estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, lastimándose, y gritó: - ¡Aaaaaayyyy! Para su sorpresa, oyó una voz que repetía, en algún lugar de la montaña: - ¡Aaaaaayyyy! Con curiosidad, el niño gritó: - ¿Quién está ahí? Y recibió esta respuesta: - ¿Quién está ahí? Enojado, gritó:

- ¡Cobarde! Y escuchó: - ¡Cobarde! El niño miró al padre y le preguntó: - ¿Qué sucede, papá? El hombre, sonriendo, le dijo: - Hijo mío, presta atención -y gritó hacia la montaña-: ¡Te admiro! Y la voz le respondió: - ¡Te admiro! De nuevo, el hombre gritó: - ¡Eres un campeón! Y la voz le respondió: - ¡Eres un campeón!

El niño estaba asombrado, pero no entendía nada. Entonces el padre le explicó: - La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si desea más amor en el mundo, cree más amor a su alrededor.

Si anhela felicidad, dé felicidad a quienes lo rodean. Si quiere una sonrisa en el alma, dé una sonrisa al alma de las personas que conoce. Esto se aplica a todos los aspectos de la vida. Ella nos da de regreso exactamente lo que le hemos dado. Nuestra vida no es una coincidencia, sino un reflejo de nosotros mismos.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ascender por resultados


Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que no haber recibido nunca una amonestación. Cierto día, buscó al gerente para hacerle un reclamo: - Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo seis meses y ya ha sido promovido a supervisor.

- ¡Ajá! -contestó el gerente. Y mostrando cierta preocupación le dijo-: Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas. Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.

- Bien, ¿qué averiguaste?
- Señor, tienen naranjas para la venta. - ¿Y cuánto cuestan? - ¡Ah! No pregunté. - Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal? - Tampoco pregunté eso. - ¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja? - No lo sé, señor, pero creo que... - Bueno, siéntate un momento. El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dió las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta. El gerente le preguntó: - Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?

- Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen bananos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 150 pesos el kilo; el banano, a 220 pesos la mano; el mango, a 90 pesos el kilo; la papaya y el melón, a 280 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidades, nos darán un descuento de diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido. - Muchas gracias, Fernando. Espera un momento. Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí: - Juan, ¿qué me decías? - Nada, señor... eso es todo. Con su permiso. Hoy en día reclamamos empoderamiento.

Es decir, que los jefes otorguen a sus subalternos la posibilidad de tomar decisiones y responsabilidades por ellas. Pero, ¿están los empleados asumiendo esta función de manera proactiva y automotivada?
El potencial está en las personas. Son ellas quienes deben desarrollarlo y hacerlo conocer de los demás a través de hechos concretos.

PARTICIPAR EN ESTE BLOG