19 may. 2011

Una Noche

diseñar de corazones
El campo clamaba por un poco más de agua. El “Pancho” estaba arreando las vacas y se hacía la noche. Cuando terminó de encerrarlas en el corral, parecía que el cielo se venía abajo. Rumbeó para el rancho* y en mitad del camino casi queda ciego por el refucilo* que iluminó todo. “Mala noche, reflexionó”.

“A ver si entoavía*, anda por ahí, la luz mala*", se dijo. Unas nubes negras que avanzaban a gran velocidad, parecían venírsele encima. “Y falta un trecho pa´* llegar a "las casas"*”, pensó. Una de las nubes, espesa, se le paró enfrente y parecía juguetearle. Tenía forma de diablo, le pareció.

Pero, El “Pancho” no se achicó. Se le quedó quieto al monstruo y en ademán de sacar el facón* de su cintura, metió la mano en el bolsillo trasero de su bombacha*, y sacó una crucecita de madera que llevaba siempre consigo y se la presentó a la nube diabólica, semejante ahora, a esas gárgolas de los cuentos de misterio. “¡No te tengo miedo a vos*, ¿sabés?!”

Y alzando la cruz a la altura de la frente enfiló para su casa con firme decisión.
La gárgola se fue tras el valiente y, como revoleándolo por el aire, lo elevó y arrojó varias veces hasta que quedó tirado, casi en las puertas del corral.

Cuando amainó la tormenta y comenzó a amanecer, los peones comenzaron a buscar al Pancho, pero su cuerpo o lo que quedaba de él, nunca fue hallado. Sólo la crucecita partida en dos.

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