17 nov. 2011

El hombre que sólo comía altramuces

 
Había una vez un hombre que fue muy rico, pero que, por diversas circunstancias, llegó a tal extremo de pobreza que no le quedaba en el mundo nada que comer. Habiéndose esforzado por encontrar algo, no pudo hallar más que una escudilla de altramuces. Al recordar cuán rico había sido y pensar que ahora estaba hambriento y que no tenía más que los altramuces, que son tan amargos y saben tan mal, empezó a llorar, al mismo tiempo que, por el hambre que tenía, comía los altramuces, echando las cáscaras hacia atrás. En medio de esta congoja y de esta pena, notó que detrás de él había otra persona y, volviendo la cabeza, vio que un hombre comía las cáscaras de altramuces que él tiraba al suelo. 
Cuando aquello vio el de los altramuces preguntó al otro por qué comía las cáscaras. Le respondió que, aunque había sido más rico que él, había ahora llegado a tal extremo de pobreza y tenía tanta hambre que se alegraba mucho de encontrar aquellas cáscaras que él arrojaba. Cuando esto oyó el de los altramuces se consoló, viendo que había otro más pobre que él y que tenía menos motivos para serlo. Con este consuelo se esforzó por salir de pobreza, lo consiguió con ayuda de Dios y volvió otra vez a ser rico.

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