martes, 31 de enero de 2012

El Asno se ha ido (Cuento Sufi)


Una noche, un viajero llegó a una pequeña ciudad, acompañado de un servidor y un asno cargado de mercancías.

Delante de una posada, le dijo a su servidor:
- ¡Vigila atentamente al asno, que yo voy a tomarme un vaso de leche!
Al entrar en la posada, vio a un grupo de sufís cantando y bailando juntos.

Le invitaron a entrar en el círculo y le propusieron tomar por tema: “el asno se ha ido”. Feliz de poder tomar parte en una actividad tan altamente espiritual e imaginando que el asno simbolizaba el ego del que hay que liberarse, el hombre aceptó la propuesta de buen grado. 

Se puso a cantar y bailar con tal entusiasmo que entró en trance.

Al cabo de un rato, cuando quiso reanudar su camino, se dio cuenta de que su asno había desaparecido.

Furioso, reconvino a su servidor:
- Pero ¿Qué has hecho, malvado?
- ¡Te he ordenado que vigilaras el asno!
- He venido a avisarle de que querían quitárselo – repuso el servidor apenado -, pero como le vi en el colmo de la felicidad cantando “El asno se ha ido. El asno se ha ido”, no insistí.

Maestro: hay que ser cuidadoso a la hora de elegir nuestras relaciones.


Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

lunes, 30 de enero de 2012

Mucho peso en la Espalda ( Cuento Espiritual)


En la época que buscaba la iluminación, Marpa, que fue más tarde el maestro del gran Milarepa, se topó un día en un camino con un anciano encorvado bajo un pesado fardo.
De repente tuvo la intuición de que este anciano poseía la clave de su búsqueda espiritual. Le dijo a distancia:
- Dime maestro .. ¿qué es la iluminación?

El hombre se detuvo y, sin decir una palabra, depositó su saco en el suelo. Marpa, que miraba fija e intensamente al anciano, sacudió la cabeza:
- Por fin he comprendido qué es la iluminación.
- Gracias.
- ¿Pero qué hay después?

Por toda respuesta el anciano levantó su fardo, lo volvió a colocar sobre sus espaldas y reanudó su camino.

Maestro: vamos cargado de un saco de preocupaciones. El gran reto es deshacernos de las preocupaciones y aceptar la realidad como tal.
 
Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

viernes, 27 de enero de 2012

La Cámara secreta... (Cuento Sufi)


Al ser joven, apuesto, inteligente y bueno, Ayaz era el favorito del rey. Este último gustaba de su compañía. Buscaba sus consejos y tenía una confianza absoluta en él. Para sellar su amistad, colmó a Ayaz de tantas mercedes que, gracias a dicha generosidad, éste se encontró en posesión de una pequeña fortuna.
 
Evidentemente su posición no dejó de exacerbar el odio y los celos de los demás cortesanos que no soñaban sino con su caída y trataban por todos los medios de desacreditarle delante del rey. Como Ayaz se encerraba todos los días en una pequeña cámara, donde se quedaba un buen rato, los cortesanos pensaron haber encontrado, por fin, la prueba de su doblez. Se imaginaron que guardaba allí el fruto de sus rapiñas. Se apresuraron a informar de sus sospechas al rey y le suplicaron que desenmascarara al traidor visitando la cámara misteriosa.

Movido por esta camarilla llena de odio y convencido de la fidelidad de su favorito, el rey aceptó su petición a fin de acallar aquellas malas lenguas. Ordenó que se echara abajo la puerta de la cámara y, seguido de sus cortesanos, penetró en la estancia. Cuál no sería su asombro al descubrir todo el mundo que la estancia se hallaba completamente vacía. En vez de encontrar en ella montones de riquezas resguardadas de la mirada de los curiosos, lo que los presentes vieron fue nada más que un viejo par de sandalias de cuero y un mísero traje todo apedazado. Intrigado, el rey hizo venir a Ayaz y le preguntó por qué guardabatan celosamente aquellos viejos andrajos.

Este último le respondió con modestia:

- Fue vestido con estas ropas viejas como llegué a la corte y vengo a verlas todos los días para acordarme de todas las bondades que me habéis dispensado desde entonces.

Maestro: al agradecer y aceptar nuestro pasado … sea cual sea … podemos estar felices en el ahora.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

miércoles, 25 de enero de 2012

La Zorra y el Leñador


Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera.

una zorra

El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.

Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra. El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido. Los cazadores no comprendieron la señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.

La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada. Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió:

- Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.

Maestro: no niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

lunes, 23 de enero de 2012

Si dañas me dañas


Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.

- Madre -dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?
Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:

- Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.

- Pero, madre -se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.
Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.
- Hijo mío -dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?

- Así fue, madre -repuso Kartikeya.
- Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.
*El Maestro dice: Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.


Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

jueves, 19 de enero de 2012

El Médico ignorante


Un médico ignorante trataba a un enfermo.

Los demás médicos habían asegurado que, aunque no estaba en peligro, su mal sería de larga duración; únicamente el médico ignorante le dijo que tomara todas sus disposiciones porque no pasaría del día siguiente.

Al cabo de algún tiempo, el enfermo se levantó y salió, pálido y caminando con dificultad. Nuestro médico le encontró y le dijo:

- ¿Cómo están, amigo, los habitantes del infierno?
- Tranquilos – contestó -, porque han bebido el agua del Lecteo.
- Pero últimamente Hades y la Muerte proferían terribles amenazas contra los médicos porque no dejan morir a los enfermos, y a todos los apuntaban en su libro. Iban a apuntarte a tí también, pero yo me arrojé a sus pies jurándoles que no eras un verdadero médico y diciendo que te habían acusado sin motivo.

Maestro: ten cuidado con los que pretenden arreglar tus problemas sin tener preparación para ello.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

miércoles, 18 de enero de 2012

El águila, el cuervo y el Pastor


Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.

La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre una oveja, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.

Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.

Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les dijo:

- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

Maestro: acéptate tal como eres (eres único y perfecto) y no intenta ser otro.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

martes, 17 de enero de 2012

Hermes y el escultor



Quiso Hermes saber hasta dónde le estimaban los hombres, y, tomando la figura de un mortal, se presentó en el taller de un escultor.

Hermes

Viendo una estatua de Zeus, preguntó cuánto valía.
- Un dracma – le respondieron.

Sonrió y volvió a preguntar:
- ¿Y la estatua de Hera cuánto?
- Vale más – le dijeron.

Viendo luego una estatua que le representaba a él mismo, pensó que, siendo al propio tiempo el mensajero de Zeus y el dios de las ganancias, estaría muy considerado entre los hombres; por lo que preguntó su precio.

El escultor contestó:
- No te costará nada.
- Si compras las otras dos, te regalaré ésta.

Maestro: la vanidad nos lleva a pasar por terribles desilusiones.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

viernes, 13 de enero de 2012

El Gigante Egoísta


Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.

Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.

- ¡Qué felices somos aquí! – se decían unos a otros.

Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.

- ¿Qué hacen aquí? – surgió con su voz retumbante.

Los niños escaparon corriendo en desbandada.

- Este jardín es mío. Es mi jardín propio – dijo el Gigante.
- Todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.

Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:

ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA
BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES

Era un Gigante egoísta… Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.

- ¡Qué dichosos éramos allí! – se decían unos a otros.

Cuando la Primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el Invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.

Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.

- La Primavera se olvidó de este jardín -se dijeron-, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.

La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.

- ¡Qué lugar más agradable! -dijo-.

Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también. Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.

- No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí – decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco-, espero que pronto cambie el tiempo.

Pero la Primavera no llegó nunca, ni tampoco el Verano. El Otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.

- Es un gigante demasiado egoísta – decían los frutales.

De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el Invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.

Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.

- ¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la Primavera – dijo el Gigante.
- Y saltó de la cama para correr a la ventana.

¿Y qué es lo que vio?

Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello.

Sólo en un rincón el Invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.

- ¡Sube a mí, niñito! – decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía.

Pero el niño era demasiado pequeño. El Gigante sintió que el corazón se le derretía.

- ¡Cuán egoísta he sido! – exclamó.
- Ahora sé por qué la Primavera no quería venir hasta aquí.
- Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro.
- Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.

Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho. Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en Invierno otra vez. Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la Primavera regresó al jardín.

- Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos -dijo el Gigante
- Y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.

Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás. Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.

- Pero, ¿dónde está el más pequeñito? – preguntó el Gigante
- ¿ese niño que subí al árbol del rincón?

El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
- No lo sabemos – respondieron los niños-, se marchó solito.
- Díganle que vuelva mañana – dijo el Gigante.

Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedó muy triste. Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.

- ¡Cómo me gustaría volverlo a ver! – repetía.

Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.

- Tengo muchas flores hermosas – se decía
- Pero los niños son las flores más hermosas de todas.

Una mañana de Invierno, miró por la ventana mientras se vestía. Ya no odiaba el Invierno pues sabía que el Invierno era simplemente la Primavera dormida, y que las flores estaban descansando. Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró… Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.

Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín. Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:

- ¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?

Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.

- ¿Pero, quién se atrevió a herirte? – gritó el Gigante.
- Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
- ¡No! – respondió el niño.
- Estas son las heridas del Amor.
- ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? – preguntó el Gigante.

Y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:

- Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín.
- Hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.

Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.

Fuente: cuento de Oscar Wilde

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

jueves, 12 de enero de 2012

La Rana y el Escorpión


Cuenta un relato popular africano que en las orillas del río Níger, vivía una rana muy generosa. Cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del rio.

Cruzaba sobre su espalda a los ratones, e incluso a alguna nutritiva mosca a la que se le mojaban las alas impidiéndole volar. Pues su generosidad y nobleza no le permitían aprovecharse de ellas en circunstancias tan desiguales.

También vivia por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: «Deseo atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda»

La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: «¿Que te lleve sobre mi espalda? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si te subo a mi espalda, me inyectarás un veneno letal y moriré!»

El inteligente escorpión le dijo: «No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado»

La rana se negó al principio, pero la incuestionable lógica del escorpión fueron convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del río Níger.

Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda.

Llegaron a mitad del río. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino…

Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:
 
«¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho?»

El escorpión respondió: «No puedo evitarlo. Es mi naturaleza»

Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas
aguas del río Níger.

Nota: Como rana de pura cepa desde hace muchas generaciones, tengo que añadir que la rana tampoco pudo evitarlo. También es su naturaleza

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales. 

miércoles, 11 de enero de 2012

Si todo en la vida es relativo...


Relativa es también la idea que cada uno tiene de la Felicidad.

Decía mi sabia y queridisima abuela: Para algunos felicidad es dinero en la cartera, cerveza en la heladera, ropa nueva en el armario.
 
Para otros la felicidad representa un suceso, una carrera brillante o simples hechos considerados importantes, aunque en la realidad carezcan de relevancia.
 
Para otros ser feliz es conocer el mundo, tener un conocimiento profundo de las cosa del cielo y la Tierra.

Mas, para mí, ser Feliz es diferente:
 
Ser feliz es ser persona, tener vida que como decía un poeta "es hermosa, hermosa, hermosa".
 
Felicidad es la familia reunida, es vivir sin llegada, sin partida.
 
Es soñar, es llorar, es sonreír.
 
Felicidad es vivir cercado de amor, es sembrar amistad, es el calor del abrazo de aquel amigo que a pesar de la distancia le escuchas decir "Hola".
 
Ser feliz es despertarte a las 5 de la mañana después de haberte acostado a las 3 de la madrugada, sólo para dar una vuelta a la cama de tu hijo, sólo para verlo dormir.
 
Ser feliz es tener un cálido hogar, es la sencillez en una mesa, es un té caliente al desayuno. Es la dulce melodía de un CD para inspirar el corazón.
 
Ser feliz es disfrutar del sol radiante, del frío congelante, de la lluvia o del temporal.
 
Ser feliz es brindar afecto a los demás (a todos los que se cruzan en tu camino).
 
Ser feliz es hacer de la vida una gran aventura, una mayor locura, un enorme placer.
 
Pero, ante todo la verdadera Felicidad consiste en proceder bien en todos tus Actos. Es no Tener Nada de que Arrepentirse, es no Dañar.

Si te ha gustado este BLOG, siéntete LIBRE de hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

lunes, 9 de enero de 2012

La Conmovedora historia de Ghepetto


Apenas tenía oportunidad, Gabrielito corría a ver cómo el abuelo de su amigo Marquito trabajaba tallando madera en su taller de abuelo entretenido.
 

Se podía pasar una tarde entera viendo cómo esas manos que parecían de lustroso cuero grueso y estirado, mantenían tibios los pedazos de madera, mientras los convertía diestramente en un montón de cosas bellas.

Ni el mismo Gabrielito sabía con certeza qué era lo que más le gustaba del abuelo de Marquito: si la increíble habilidad que tenía para hacer cosas y juguetes o la simple cualidad de ser un abuelo; un abuelo como el que Gabrielito, por desgracia, no tenía.

Se imaginaba siempre que, si él fuera Marquito, se sentaría en las piernas de su abuelo y le preguntaría cómo aprendió a hacer lo que hace, o cómo era el mundo cuando había sido un niño, o cómo era su mamá cuando niña, o cómo se las arreglaban cuando no existía la televisión…

Mientras observaba cómo el abuelo torneaba y torneaba, intentaba encontrar rasgos que asemejaran a su amigo con el abuelo: esos ojos profundos, nariz aguileña, orejas con grandes lóbulos colgantes…

- ¡No se parecen en nada…! - pensaba, cansado de hacer comparaciones.

Si él hubiese tenido un abuelo, se habría sentido orgulloso de parecerse a él, de heredar los aires de familia, y que los tíos y toda la familia hubiera dicho:
- ¡Oh!, pero si este niñito es igual a su abuelo!…

En eso estaba pensando cuando llegó Marquito, sin detenerse para saludar a su abuelo, y lo invitó a jugar a la pelota con los niños de la cuadra. El abuelo escuchó la invitación y mirando a Gabrielito le dijo con su voz cavernosa y reposada:

- Que te quedas haciendo aquí, hijo, te vas a aburrir de tanto estar sentado, anda a jugar que para eso son los chiquillos. Tomen, aquí tienen unas chauchas (monedas) para que se compren unos dulces, y cuidado con andarse dando de patadas.

Salieron corriendo a comprar chicles y papas fritas, de las que traen la inverosímil mezcla de mayonesa con ketchup, y se fueron caminando lento a la cancha de fútbol.

- Oye Marco - le dijo Gabrielito a su amigo, con una voz crujiente de papas fritas- ¿tu abuelito te enseña a hacer las cosas que él hace en su taller?

- Mmmm…. No. - respondió con una voz también crujiente- es que a mí me carga eso de estar sentado tanto rato …y además es un trabajo de grandes. Además mi abuelo empieza y no para de contar cosas de cuando él era chico, y de como era todo antes y que era mejor sin televisión y todas esas cosas que hablan los abuelos…

Gabrielito se quedó mirando a su amigo y no lo entendió, no entendió aquel desprecio por aquellos cuentos inéditos y a la vez propios. Prefirió no hablar más del asunto y, molesto, se apuró por llegar a la cancha. Cuando eligieron los equipos, Gabrielito no quiso estar en el mismo bando de su amigo. Metió cinco goles furiosos y se fue a su casa sin comentarios. Comió y se fue a su pieza sin ver televisión, para sorpresa de sus papás que se miraron extrañados.

Al día siguiente, después del colegio, no tuvo ganas de ir con sus amigos. Desde hacía tiempo sentía el impulso irresistible de robarse al abuelo de su amigo, pensando que éste no lo merecía. Pasó por el taller del abuelo de Marquito siguiendo un impulso que lo provocaba hacía tiempo: se le acercó al viejo sin hacer ruido, con el corazón acelerado por la emoción y, sorpresivamente, le dio un abrazo y un beso.
 

Antes de que el abuelo entendiera de donde había venido aquel arrebato de amor, más rápido que un superhéroe de moda, salió corriendo nervioso y contento, sabiendo que pasaría algún tiempo antes de volver a visitar al abuelo, por lo menos hasta que se le pasara la vergüenza.

Esa noche soñó siendo un viejo con olor a ciprés y raulí y que tenía muchos nietos, y que todos le hacían preguntas y le pedían que les enseñara cosas que él sabía desde siempre.
Con sus grandes manos de cuero lustroso y estirado los abrazaba y acariciaba, y les regalaba miles de juguetes de madera suave y perfumada, mientras se reía con su risa honda y generosa, como la del abuelo que siempre vivía en su corazón.



Si te ha gustado este BLOG, puedes hacer clik en ME GUSTA y de compartirlo en FACEBOOK, TWITTER, CORREO ELECTRÓNICO y demás redes sociales.

viernes, 6 de enero de 2012

La Historia del Cerrajero

CUENTO SUFí
Había una vez un cerrajero que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cundo llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día.
 
El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración. El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella.
 
Pasado un tiempo, el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, el explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices.
 
Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros.
 
También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.
 
Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos les llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huida y con el trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave.
 
Una noche cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así se reunió con su mujer, sus ex guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía. El amor y la pericia prevalecieron.

Esta historia tradicional sufí, de Idries Shah, podría simbolizar nuestro estudio del eneagrama, la cerradura es nuestra personalidad, la alfombra para orar es el eneagrama y la llave es el trabajo. Observa que aunque la esposa le lleva la alfombra, para obtener las herramientas el cerrajero tiene que crear algo útil para los guardias. 

No puede salir solo ni gratis. Además, durante todo el tiempo que oraba por la libertad el medio para su liberación estaba literalmente bajo sus narices, aunque él no veía el dibujo ni entendía su significado. Pero un día despertó vio el dibujo y entonces tuvo los medios para escapar.
 
La lección de la historia es clara: cada uno de nosotros está prisionero. Solo hemos de despertar para "leer" el dibujo de la cerradura que nos permitirá escapar.

jueves, 5 de enero de 2012

Paz Interior y Felicidad Compartida--

Cierto día le pregunté a mi padre el secreto para  vivir en paz con nosotros mismos, el me respondió:
Comparte tu magia con aquellas personas que comparten tus recuerdos.
Abriga sentimientos que calen muy hondo.
Manténte en contacto con aquellos que viven en tu corazón.
Sé una persona comprometida que juega en serio.
 
El secreto de la vida es sacar el mejor partido posible de lo que acontece.
Hacer de cada día algo nuevo y puro.

Sal en busca del conocimiento y la experiencia.
Permite que tus preguntas y tus respuestas se reconcilien.
Y haz cuanto esté a tu alcance para recordar...

La mejor clase de aprendizaje proviene de una sonrisa con conocimiento.

PARTICIPAR EN ESTE BLOG