jueves, 31 de mayo de 2012

Bálsamo para el Alma


Mostrar el alma, pero ¿cómo lograrlo?…no hay recetas mágicas solo se trata de sentir, de expresar, de dejarse emocionar por cada movimiento hecho danza…

Pero si puedo aconsejar que para trabajar la emoción y la sensibilidad uno tiene que apasionarse por el estudio, el saber cómo realizar mejor cada ejercicio, como girar mas planeado, o como elevarse del piso con más precisión, como sentir seguridad ejecutando coreografías con distintas dinámicas, estilos diversos., como plantarse en el escenario y brillar…tantas recetas podremos encontrar pero en nosotros mismos, probando, explorando, intentando, investigando…

Leer y nutrirse, buscar hacer cosas distintas, observar, observar y observar.

Poner en práctica algo que se nos ha ocurrido, alguna idea, animarse, probar, equivocarse y volver a intentarlo, buscando otras formas, otros niveles, otros tiempos…otra dinámica…hay tanto por explorar, tanto por hacer, porque la danza se trata de eso de Hacer, de Sentir, de Vivir…

Lo importante es aprender a ver que hay detrás de cada vivencia, lo importante es la madera, es el aroma, es la esencia…

Este es el camino que más me apasiona la creación, sentir que brota la idea del movimiento, de secuencias, de variaciones…que surgen como parte de mi…es lo que tengo, lo que siento, lo que deseo, lo que amo, lo que sueño…es parte de mi


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martes, 29 de mayo de 2012

Huellas Doradas



Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo

De alguna manera su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino.

Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz, ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo.

Él había aprendido a hacerse cargo de sí y se amaba suficientemente como para intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para cuidarse de no dañar a los demás, especialmente a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.

¿Alcanzaba para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer?

¿Soportaba él mismo definirse como un hedonista centrando su existencia en su satisfacción individual?

¿Cómo armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con todo lo que había aprendido de sus mayores?

¿Qué sentido tenía una vida que sólo se significaba a sí misma?

Ese día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.

Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para aunque sea en ausencia ser en los demás un buen recuerdo.

En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente, podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria.

Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro

Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte.

Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.

 

En el punto mas alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez.

Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.

Por un peso te alquilo el catalejos

Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra tendida hacia arriba reclamaba su moneda.

Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la alcanzó al viejo que desplegó el catalejos y se lo alcanzó.

Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella.

Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio.

Martín separo sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.

Qué raro - exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

¿Qué es lo raro?, preguntó el viejo

El punto brillante, dijo Martín, ahí en el patio de la escuela, siguió, alcanzándole al viejo el telescopio para que viera lo que él veía.

Son huellas, dijo el anciano.

¿Qué huellas?, preguntó Martín.

Te acordás de aquel día... debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares, contestó el viejo. Y después de una pausa siguió, ¿Te acordás lo que hiciste?. Tenías un lápiz nuevito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier.

No me acordaba, dijo Martín, Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?.

Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida.

¿Y?

Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros, explicó el viejo, las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas...

Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.

Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acordás?. Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado.

Martín miraba la ciudad.

Ese que está ahí en el centro, siguió el viejo, es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica... y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez... las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.

Martín apartó la vista del telescopio y sin necesidad de él empezó a ver cómo, miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad.

Al terminar de ocultarse el sol, el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas.


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lunes, 28 de mayo de 2012

El Pescador y el Banquero


Un banquero de inversión estaba en el muelle de un pueblito costeño cuando llego un botecito con un solo pescador. Dentro del bote habían varios atunes amarillos de buen tamaño. El banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuanto tiempo le había tomado pescarlos.

El pescador respondió que solo un poco tiempo. El banquero luego le pregunto porque no permanecía más tiempo y sacaba más pescado?
 
El pescador dijo que el tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El banquero luego preguntó, "¿pero que hace usted con el resto de su tiempo?" El pescador dijo, "duermo tranquilo, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, María, caigo todas las noches al pueblo donde como y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida extremadamente  feliz  y ocupada."

El banquero replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar mas tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote mas grande, con los ingresos del bote mas grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. 

En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión".

El pescador preguntó, "Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?".
A lo cuál respondió el banquero, "entre 15 y 20 años".
 
"Y luego que?" . El banquero se rió y dijo que esa era la mejor parte.

Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al publico. Te volverás rico, tendrás millones".Millones ...y luego qué?"
 
Dijo el americano, "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde comas y toques guitarra con tus amigos".
El pescador respondió, ¿acaso eso no es lo que tengo ya?

Muchas veces el ser humano busca tener mas de lo que necesita, debido a eso nuestro planeta no está dando abasto pues la avaricia del hombre es mayor que la producción del planeta. Cristo mismo nos enseñó a decir "danos hoy el pan de cada día" no el de todo el año. Obviamente no es un llamado a vivir sin que nos importe nada, sino a vivir el hoy, tomando lo que necesitamos y expresando nuestro cariño a quienes tenemos cerca.


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jueves, 24 de mayo de 2012

Alcanzar la iluminacion Espiritual


Hace cientos de años, había un hombre en una ciudad de Oriente. Un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. 

En determinado momento, se encuentra con un amigo. EI amigo lo mira y de pronto lo reconoce Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo entonces, le dice: ¿Que haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves…

Entonces, el ciego le responde: -Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí… No sólo es importante la luz que me sirve a mí sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

¿No sabes que alumbrando a otros, también me beneficio yo, pues evito que me lastimen otros que no podrían verme en la oscuridad?

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil, muchas veces en vez de alumbrar, oscurecemos mucho más el camino de los demás. ¿Cómo? A través el desaliento, la crítica, el egoísmo el desamor, el odio, el resentimiento…¡Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás, sin fijarnos si lo necesitan o no!. Llevar luz y no oscuridad. Si toda la gente encendiera una luz, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad.

Luz, demos luz. Tenemos en Jesús el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber usarla. Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en las tinieblas.


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miércoles, 23 de mayo de 2012

Saciar la Sed


Cuentan que una vez un hombre viajaba por el océano y su barco se hundió, quedó a la deriva por varios días antes de que milagrosamente fuera encontrado por un bote pesquero.
Al recuperarse de su pésima condición, contó el peor error que había cometido. Al sentir una sed desesperante, bebía agua salada, y por la sal contenida en la misma, lejos de saciarse, sentía más sed e introducía sal y arena a su cuerpo que lo deshidrataba más.

Muchas veces cuando sentimos sed de amor, cariño, comprensión, verdad o atención, la buscamos en cosas que lejos de saciarnos, nos dejan peor que antes. Así, el solitario se refugia en otro más solitario; el falto de amor lo busca en los placeres y la vida desenfrenada; el incomprendido se refugia en vicios y mal carácter para llamar la atención.


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martes, 22 de mayo de 2012

La Historia del Leñador


Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el leñador se decidió a hacer buen papel.

El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona. El hombre entusiasmado salió al bosque a talar. En un solo día cortó 18 árboles.

-Te felicito, dijo el capataz, sigue así.
Animado por las palabras del capataz , el leñador se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente ; así esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo el empeño , no consiguió cortar más que 15 árboles.

-Me debo haber cansado -pensó y decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer se levantó y decidió batir su marca de 18 árboles.

Sin embargo ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron 7, luego 5 y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol.
Inquieto por el pensamiento del capataz, el leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer. El capataz le preguntó :

-¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?
- ¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.


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lunes, 21 de mayo de 2012

Margaritas o Rosas


Una mujer joven tenía un pretendiente que la amaba mucho. El pretendiente llamó a su puerta apretando un ramo de margaritas para obsequiarle. "¿No me has traído rosas?" -preguntó ella. "Quiero rosas." Su pretendiente dio la vuelta y se fue.
 
A la semana siguiente regresó a la puerta de su casa con otro ramo de margaritas. Al ver las flores en su mano, la joven dijo: "¿Dónde están mis rosas? Quiero rosas." Una vez más el pretendiente dio la vuelta y se fue.
 
A la semana siguiente sucedió lo mismo. El pretendiente se presentó a la puerta de su amor con un ramo de margaritas. La joven dijo: "¿Otra vez con margaritas? Quiero rosas." Y así una vez más se fue.
 
Esto se prolongó durante varias semanas más, hasta que finalmente una semana, el pretendiente no llegó. Nunca más volvió.

Las personas nos aman a su manera …como pueden. Muchas veces no lo valoramos, porque no lo demuestran de la forma en que pensamos que deberían. Alguien nos ofrece margaritas, pero seguimos insistiendo en las rosas.
 
Esta historia no es de valor solo para enamorados…sino para cualquier persona relacionada en amor, ya sea con un hijo, un amigo, un padre.etc…que esté esperando del otro, siempre más o de otra manera.
 
Pasé muchos años resentida con mi padre , pues pesaba que "no me amaba." Me parecía poco cariñoso y duro. Era imposible conformarle, aunque lo intentaba con fuerza. Su cuidado con respecto al dinero lo sentía como falta de amor. Quería un padre que fuese generosos al extremo. Mi padre me iba dando margaritas y me quedé esperando las rosas.
 
Me avergüenza admitir que me tomó muchos años valorar las margaritas por lo que eran - Amor.
 
El me amaba mucho - es sólo que su idea de cómo ser padre era muy diferente de lo que yo tenía en mente. Yo me creía princesa y me sentía como la Cenicienta, obligada a hacer las tareas sucias, como limpiar el cuarto de baño, lavar de platos de la cena y cocinar.
 
Mi padre era cuidadoso con el dinero porque pasó privaciones y sabía lo que era no tener suficiente comida. Cuidaba los ingresos porque quería asegurarse de que sus hijos no pasaran hambre y guardó tanto dinero como le fue posible, por cualquier eventualidad que pudiera sucederle, especialmente luego de perder a mi madre siendo muy joven.
 
En resumen, mi padre no sabía amar de otra manera, pues había vivido sin demasiada consideración, mas que un poco de comida y un catre donde dormir. Sabía que a los niños se les debía enseñar a enfrentar una vida dura, por si se veían obligados a valerse por sí mismos. 

En lugar de abrazos y besos, nos dio el amor en lecciones de rectitud, de “hazlo por ti mismo” y otras que me han servido mucho. No era tierno, pero era justo y honrado…no podía ser débil, pues nos crió la mayor parte del tiempo solo, ya que mi madre fue la que partió cuando éramos pequeños…así que…¿quién establece la manera en la que un padre tiene que amar?...o un hijo, o un amigo.
 
Su amor, siempre fue para mí como un ramo de margaritas,ante mis reclamos de rosas…hasta que supe valorarlo tal cual se presentaba.
 
Por encima de todo, me siento afortunada de haber sabido encontrar la clave en mi corazón …sobre todo, por juzgarlo tan duramente. Perdí mucho tiempo haciendo reproches acerca de cómo me había criado.Yo quería ser escritora, poeta y religiosa…y él solo sabía de las obras de las manos amasando pan, haciendo huerta, trabajando en lo que fuera para que nada nos faltara…materialmente. 

Y no porque fuera materialista…pues sus zapatos siempre estaban viejos y agujereados…con tan de que los nuestros estuvieran presentables…y nunca tuvo una casa propia…porque lo que ganaba y no se usaba…se guardaba en una latita “por si acaso”…Creo que ni siquiera creía en dios…así que siempre supo que estaba solo,en lo referente a proveernos de lo necesario.
 
Hoy lo comprendo y lo valoro temendamente, pues no hallo mayor manifestación de amor,que evitar a los otros lo que nos ha lastimado…y así era.
 
Conozco infinidad de personas que todavía están enfermas,con un profundo resentimiento hacia sus padres y con montañas de cargas emocionales provenientes de la infancia. Mi corazón les acompaña, porque sé lo mucho que están sufriendo - Una vez fui una de ellas. Mas si pudiera contactarlos, les diría que el AMOR...transita caminos insospechados, a veces muy escondidos entre las malezas del dolor o de los miedos…y que aún así, tenemos que ACEPTAR todas sus manifestaciones, como expresión de lo que pudieron darnos..COMO FUERA.
 
Hoy,estoy agradecida de que, a través del tiempo y de tanta agua corrida bajo el puente del discernimiento, haya podido despertar y apreciar la fragancia de un ramo de margaritas…sin pretender sean rosas.En eso consiste el Amor, después de todo…no esperar, no pretender, no poner condiciones…Solo dejarlo florecer, de la forma que sea.

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viernes, 18 de mayo de 2012

El Reflejo de la Vida


Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo.

Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

- Yo nunca he venido por estos lugares… Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

- Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?
 
- Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá.

- Así son los habitantes de esta ciudad,le respondió el anciano.
Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

- Voy llegando a este lugar. Cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta:

- Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

- Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos que me há costado mucho separarme de ellos.

- También los habitantes de esta ciudad son así, respondió el anciano.
Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano:

- Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

- Mira – le respondió, cada uno lleva el universo en su corazón. Quién no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas encuentran en sí mismas siempre lo que esperan encontrar.


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miércoles, 16 de mayo de 2012

Napoleón y el Soldado

Se dice que en cierta ocasión el Emperador Napoleón I se encontraba delante de un grupo de soldados, cuando de repente su caballo se desbocó; entonces un soldado raso se lanzó hacia el caballo, y, cogiendo el freno del caballo, pudo pronto detenerlo.

Se dice que Napoleón saludó al soldado raso y le dijo: “Gracias, mi capitán”. El soldado se sorprendió al oir a Napoleón decirle “capitán”, pues él era un simple soldado raso, pero inmediatamente pensó que se encontraba delante de Napoleón, y que si él quería, podía hacerlo capitán.

Así que, saludó a su Emperador y le preguntó: “¿De qué regimiento, mi Emperador?” El emperador le contestó: “De mi guardia personal.”
Aquel soldado raso se presentó como capitán ante el jefe de la guardia personal de Napoleón; el oficial, viéndolo con uniforme de soldado raso, le preguntó: “¿Capitán, por órdenes de quién” – “Por órdenes de mi Emperador, Napoleón I.”

En ese momento dejó de ser soldado raso y llegó a ser capitán. Si este soldado raso no hubiese tenido fe, hubiera dicho: “Mi Emperador me dice capitán, pero yo no soy más que un soldado raso. Por el susto que le dio el caballo, se equivocó y me dijo capitán”, y se hubiera ido a tomar su lugar y habría permanecido soldado raso toda su vida.


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martes, 15 de mayo de 2012

El pasar del Tiempo


Un hombre decidió pasar algunas semanas en un monasterio de Nepal. Cierta tarde entró en uno de los numerosos templos de la región y encontró a un monje sentado en el altar, sonriendo.

Le preguntó por qué sonreía.
“Porque entiendo el significado de los plátanos”, fue su respuesta.

Dicho esto, abrió la bolsa que llevaba, extrayendo de ella un plátano podrido.
“Esta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento adecuado; ahora es demasiado tarde.”

Seguidamente, sacó de la bolsa un plátano aún verde, lo mostró y volvió a guardarlo.
“Esta es la vida que aún no sucedió, es necesario esperar el momento adecuado.”

Finalmente tomó un plátano maduro, lo peló y lo compartió con él.
“Esta es la vida en el momento presente. Aliméntate con ella y vívela sin miedos y sin culpas.”


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lunes, 14 de mayo de 2012

La unión Familiar


Un labrador anciano tenía varios hijos jóvenes que se llevaban mal entre sí, peleaban contantemente.

Un día les congregó a todos y mando traer unas cuántas varas, las colocó todas juntas e hizo un haz con ellas, les preguntó cuál de ellos se atrevía a romperlo.

Uno tras otro todos se esforzaron para lograrlo, pero ninguno pudo conseguirlo.

Entonces el padre desató el haz y tomando las varas una a una les mostró cuán fácilmente se partían, y enseguida les dijo:

-De esta manera, hijos míos, si estáis todos unidos nadie podrá venceros; pero si estáis divididos y enemistados el primero que quiera haceros mal os perderá.


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jueves, 10 de mayo de 2012

El Club del 99


Érase una vez un rey, que a pesar de su lujoso estilo de vida, no era Feliz.

Un día, el Rey observó a un sirviente que cantaba alegremente mientras trabajaba. Esto fascinó al Rey, ¿por qué siendo él, el Supremo Soberano de la tierra, era tan desdichado y sombrío, mientras que en un humilde siervo había tanta alegría?. El rey preguntó al sirviente: 

“¿Por qué estás tan contento?”

El hombre respondió: “Su Majestad, yo soy nada más que un sirviente, pero mi familia y yo no necesitamos demasiado – sólo un techo sobre la cabeza y comida caliente para llenar nuestros estómagos”.

El rey no quedó satisfecho con esta respuesta. Más tarde en el día, solicitó el asesoramiento de su consejero de más confianza. Después de escuchar al Rey hablar sobre sus quejas, pesares y la historia del siervo, el consejero dijo: “Su Majestad, creo que el sirviente nunca ha sido parte de El Club 99″.

“El Club 99? Y qué es exactamente eso?” Preguntó el Rey.
El consejero respondió: “Su Majestad, para saber realmente lo que es el Club 99, usted debe colocar 99 monedas de oro en una bolsa y dejarla en la puerta de la casa del Sirviente.”

A la mañana siguiente el sirviete vio la bolsa, la reogií y la llevo adentro de su casa. Cuando abrió la bolsa, dió un gran grito de alegría … Cuantas monedas de oro!

Comenzó a contarlas todas. Después de varios intentos, quedó convencido de que había 99 monedas. Se preguntaba, “¿Qué podría haber ocurrido con la última moneda de oro? 
Seguramente, nadie dejaría 99 monedas!”

Buscó por todo lugar que pudo. Quizá se había extraviado, pero no la encontró. Finalmente, agotado, decidió que iba a tener que trabajar más que nunca para ganar que moneda de oro que le faltaba y completar las 100.

A partir de ese día, la vida de aquel el siervo cambió. Trabajaba en exceso, se tornó en un horriblemente gruñón, castigaba a su familia por no ayudarlo a ganarse la moneda de oro y dejó de cantar mientras trabajaba.

Testigo de esta transformación drástica, el Rey se mostró perplejo. Cuando él buscó de nuevo a su asesor, el asesor dijo: “Su Majestad, el siervo ahora oficialmente se ha sumado a El Club 99″.

Él continuó, “Se le llama El Club 99 a las personas que tienen lo suficiente para ser feliz, pero nunca lo son, porque siempre estan anhelando y luchando por esa extra y última “moneda” , retipindose a sí mismos:

“sólo tengo que obtener esa última cosa y Entonces voy a ser feliz para toda la vida. ” “o si yo tuviera … o fuera … entonces sería feliz para el resto de mi vida”

Podemos ser felices, incluso con muy poco en nuestras vidas, pero en el momento en que se nos da algo más grande y mejor, queremos más! Perdemos nuestro sueño, nuestra felicidad, herimos a la gente que nos rodea, y todos esto a un precio aun mayor.
De eso es lo se trata unirse a El Club 99.


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miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Existe la Vejez realmente?


Algunos de nosotros envejecemos, de hecho, porque no maduramos.

Envejecemos cuando nos cerramos a las nuevas ideas y nos volvemos radicales.
 
Envejecemos cuando lo nuevo nos asusta.
 
Envejecemos también cuando pensamos demasiado en nosotros mismos y nos olvidamos de los demás.
 
Envejecemos si dejamos de luchar.

Todos estamos matriculados en la escuela de la vida, donde el Maestro es el Tiempo.
 
La  vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás. Pero solo puede ser vivida mirando hacia delante.
 
En la juventud aprendemos; con la edad comprendemos…
 
Los hombres son como los vinos: la edad estropea los malos, pero mejora los buenos.

Envejecer no es preocupante: ser visto como un viejo si que lo es.
 
Envejecer con sabiduría no es envejecer

En los ojos del joven arde la llama, en los del viejo brilla la luz.

Siendo así, no existe edad, somos nosotros que la creamos. Si no crees en la edad, no envejecerás hasta el día de tu muerte.

Personalmente, yo no tengo edad: tengo vida!

No dejes que la tristeza del pasado y el miedo del futuro te estropeen la alegría del presente.
 
La vida no es corta; son las personas las que permanecen muertas demasiado tiempo
 
Haz del pasaje del tiempo una conquista y no una pérdida.


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martes, 8 de mayo de 2012

Como cultivar la Bondad


Hace poco, alguien me preguntó cómo ser bondadoso. Se sentía frustrado con su vida y quería ser “mejor persona”.

Le dije: No intentes ser mejor persona, porque ya lo eres. La bondad que quieres sentir, ya la tienes.

Pregunta a un agricultor cómo prepara el terreno. No lo hace con frustración.

Cuando te sientes frustrado tienes el anhelo, el deseo, pero no sabes qué hacer con él. Por lo tanto, prepara el terreno.

Tú eres el terreno, prepáralo. ¿Cómo? Te harás un experto en aquello que más practiques en tu vida.

Quizá seas bueno en sentirte frustrado. Si eso es lo que más practicas, te harás un experto en la materia. Así que, en lugar de eso, empieza a practicar la bondad.

Y para practicarla, sólo tienes que ser un poco más consciente. Si vas a hablarle a alguien, primero piensa: “¿A quién estoy hablando?”.

Muchas veces los padres en realidad quieren decirle a sus hijos: “Te quiero”, pero no es eso lo que sale y en cambio, les dicen: “¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué no puedes ser así? Te he dicho mil veces …”. Sin embargo, lo que verdaderamente quieren decirles es: “Te quiero”.

Ser consciente proporciona muchos beneficios. Lo sé porque cuando no soy consciente, digo cosas que luego lamento.

Así que no me estoy dirigiendo a ti como un experto, sino como alguien que tiene mucha experiencia.

Conciencia. Ésta es tu vida. No dejes que las circunstancias la dirijan; sé tú quien dirige tu vida, lo que quieres, cómo deseas ser. ¿Quieres estar enfadado? A veces es bueno, pero otras veces deseas ser amable.

Eres como un pintor. En tu paleta hay muchos colores. No tienes por qué usar sólo uno. Se trata de tu vida. La bondad está en ti. La inconsciencia está en ti y también la conciencia.

Lo único que tienes que hacer es dedicar un momento a ser consciente. Es fácil. 
Simplemente espera un momento antes de hacer algo y piensa: “¿Qué es lo que estoy a punto de hacer? ¿Qué es lo que quiero hacer? Voy a hablar con esta persona, ¿cómo quiero sentirme después?”.

Ésas son pequeñas cosas que puedes hacer. Y la más fácil de todas es sencillamente detenerte un momento.

Pero, ¿qué pasa con la “realidad” de todas las cosas que tienes que hacer? Ésa no es la realidad, es ficción. Para mí no hay ninguna diferencia entre pensar en todo lo que tienes que hacer y pensar que en el armario hay un monstruo, como hacías cuando eras pequeño.

No hay ningún monstruo en tu armario. ¿Acaso debes hacer ahora todo lo que tienes que hacer? Quizás te levantas a las 6 de la mañana, pero la oficina no abre hasta las 9. Sin embargo, piensas: “Tengo que hacer eso, y aquello y lo de más allá”.

Dedica un momento a ser consciente. Sólo se tarda una fracción de segundo. Si vas pilotando un avión, más te vale no ser inconsciente y apretar el botón equivocado. Pulsar el botón correcto sólo lleva una fracción de segundo.

Y si quieres ser consciente, sólo se tarda una fracción de segundo en pensar: “¿Qué es lo que estoy a punto a hacer?”

La bondad está en ti. No tienes que crearla. En ti hay más bondad y más amor de lo que puedas imaginar.

¿Por qué deberías ser bondadoso? Cuando lo eres, eso hace que tú te sientas bien.
Muchos quieren ser amables para que los demás aprueben su conducta. Pero cuando eres amable, tú te sientes bien. Un aliciente muy bueno. Y es muy contagioso.

¿Quieres ser bondadoso? Empieza por serlo contigo mismo. Sí, la gente se enfada y todo lo demás, pero tienes que perdonar y perdonarte a ti mismo.

Ahí empieza la bondad. Si no puedes ser bondadoso contigo mismo, serlo con los demás es 
arbitrario.

Todos cometemos errores y seguiremos haciéndolo. Si no los cometiéramos, no podríamos aprender de ellos.

Pero tenemos que aprender de ellos y avanzar, cueste lo que cueste. Cometer errores no es ningún problema, siempre y cuando aprendas de ellos.

Así pues, tienes bondad; tienes todo lo que necesitas. Practícalo. Te harás un experto en aquello que practiques.

Es muy sencillo, de verdad.

Prem Rawat
es.maharaji.net


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lunes, 7 de mayo de 2012

Cuando conocemos la Verdad


El tren ha comenzado a moverse. Está cargado de gente de todas las edades, la mayoría obreros y jóvenes estudiantes de universidad, tanto hombres como mujeres. Cerca a la ventana se sentaba un anciano con su hijo de 30 años.

Mientras el tren se mueve, el hijo está sobrecogido de gozo, encantado por el paisaje fuera.
“Ve, papá, el paisaje de los árboles verdes alejándose es muy hermoso”.

Esta conducta del hijo de 30 años hizo que los demás se sintieran incómodos con él. Todos comenzaron a murmurar una cosa u otra acerca de este hijo.
“Este tipo parece estar loco”, el recién casado Anup le susurró a su esposa.

De repente comenzó a llover. Las gotas de lluvia cayeron sobre los pasajeros a través de la ventana abieta. El hijo de 30 años, lleno de gozo decía: “Ves, papá, cuán hermosa es la lluvia…”

La esposa de Anup se molestó con las gotas de lluvia, ya que caían sobre su nuevo vestido, dañándolo.

“Anup, ¿no puedes ver que está lloviendo? Usted, anciano. Si su hijo no se siente bien, llévelo a un asilo mental pronto y no moleste a los demás”.

El anciano titubeó primero y entonces contestó en tono bajo: “Regresamos a casa del hospital. Mi hijo fue dado de alta esta mañana. Nació ciego y no fue sino hasta la semana pasada que recobró la vista. La lluvia y la naturaleza son nuevas a sus ojos. Por favor, perdónennos la inconveniencia causada”.


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viernes, 4 de mayo de 2012

El Autobus a Ninguna Parte


Mientras estaba sentado en una banca en la parada de buses, intentando determinar dónde iba a ir, escuché a un hombre preguntarle a la cajera por un boleto a ningún lado.

Pareciendo un poco confundido, al pasarme el hombre al lado, decidí detenerle y preguntarle: “Señor, no pretendo inmiscuirme pero… ¿le escuché pedirle a la cajera un boleto a ningún lado?”

El hombre se volteó hacia mí y contestó: “Sí, y es allá que este boleto me llevará y, sin embargo, lo estoy pensando dos veces”.

Entonces le pregunté al hombre: “¿Por qué lo está pensando dos veces?”

Él contestó: “Aquí estoy ahora, en un lugar donde estoy acostumbrado a todo lo que me rodea, conozco a mucha gente, tengo muchos amigos, usted sabe, todas las cosas que nos hacen sentir cómodos en la vida.
Una vez que me suba a este bus, todo aquello se habrá ido. No sé si me gustará donde vaya a parar, ni sé si será mejor o peor que aquí”.

Le agradecí al hombre por su respuesta y le estreché la mano.

Al acercarme a la ventanilla, comencé a preguntarme si este era el boleto que compraría. Parado frente de la cajera, mirando el tablero de salidas, sentí un golpecito en mi hombro. Cuando me di la vuelta, vi al caballero con quien había estado conversando momentos antes.

Me dijo: “No tengo idea de dónde planea ir, pero si es el mismo lugar adonde yo estaba planeando ir, puede tener este boleto”.

Así que le pregunté al hombre: “¿Qué le hizo cambiar de idea?”
Contestó: “No puedo manejar el no saber dónde pudiera llegar o cuán lejos pudiera llegar, así que aquí me voy a quedar a pesar de todo lo que está mal con este lugar. Así que, si quiere este boleto, es suyo”.

El hombre me entregó el boleto y se dio la vuelta antes de que pudiese agradecérselo.
Sentado, esperando por este bus, comienzo a pensar de todo lo que este hombre había dicho. Entonces comienzo a preguntarme si estaba listo para subirme a este bus yo mismo. 

¿Qué hare? ¿Qué habrá allá? ¿Cuán malo será allá? ¿Cuán bueno será allá?
Antes de que me diese cuenta, un hombre habló por el altoparlante y dijo: “Ahora estamos abordando el bus a ningún lado. Todos los pasajeros, favor de dirigirse a la puerta #1″.

Me levanté de mi asiento y comencé a caminar por el corredor hacia la puerta #1. A mitad de camino, miré hacia atrás para ver cuántos se iban en este bus. No vi a nadie.

Le entregué al conductor mi boleto y le pregunté: “Señor, ¿cuántos van en este bus?”
Él contestó: “Hoy, solo usted… nadie más”.
Así que le pregunté: “¿Toman muchos este bus?”

Él contestó: “Muchos han comprado boletos, pero la mayoría parece nunca aparecerse. Y si lo hacen, sólo llegan hasta aquí”.

Un poquito asombrado le pregunté: “¿A qué atribuye usted esto?”

Él contestó: “Hijo, he conducido este bus por muchos años, nunca viendo dos días iguales, conducido millones de millas, sólo para ver nada. Creo que muchos de nosotros estamos perdidos y nos parece que el único lugar al que debiéramos ir es a algún lado. Así que la gente viene, compran un boleto a ningún lado, pensando, esperando, que les llevará a algún lado.

Aquellos que se han subido, nunca más les he vuelto a ver; sin embargo, aquellos que no lo han hecho, han vuelto a este mismo punto, a esta misma puerta, vez tras vez. Habiendo dicho esto, este bus va a partir. ¿Deberé romper este boleto? ¿Me estará acompañando?”

Le entregué al hombre mi maleta y me subí al bus dirigido a… ¡a algún lado!

Dan Harris Jr., copyright 2008
Fuente: www.motivateus.com


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