viernes, 29 de junio de 2012

Lo Esencial es invisible ante los Ojos, la Historia del Principito

 
Entonces apareció el zorro.
-Buenos días -dijo el zorro.
-Buenos días -respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
-Estoy acá -dijo la voz- bajo el manzano...
-¿Quién eres? -dijo el principito-. Eres muy lindo...
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste!...
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón -dijo el principito. Pero, después de reflexionar, agregó:
-¿Qué significa «domesticar»?
-No eres de aquí -dijo el zorro-. ¿Qué buscas?
-Busco a los hombres -dijo el principito-. ¿Qué significa «domesticar»?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. 
 
Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa «domesticar»?
-Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro-. Significa «crear lazos».
-¿Crear lazos?
 
-Sí -dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
-Es posible -dijo el zorro-. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!
-¡Oh! No es en la Tierra -dijo el principito. El zorro pareció muy intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
-No.
 
-No hay nada perfecto -suspiró el zorro. Pero el zorro volvió a su idea:
-Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
 
El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
-¡Por favor... domestícame! -dijo.
-Bien lo quisiera -respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
 
-¿Qué hay que hacer? -dijo el principito.
-Hay que ser muy paciente -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos 
 
Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente volvió el principito. -Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. 
 
Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -dijo el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. 
El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
 
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah!... -dijo el zorro-. Voy a llorar.
-Tuya es la culpa -dijo el principito-. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara...
-Sí-dijo el zorro.
-¡Pero vas a llorar! -dijo el principito.
-Sí-dijo el zorro.
-Entonces, no ganas nada.
-Gano -dijo el zorro-, por el color de trigo. Luego, agregó:
-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
 
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
 
-Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.
 
Y volvió hacia el zorro:
-Adiós -dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. 
 
Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito, a fin de acordarse.


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jueves, 28 de junio de 2012

Apelaciones

 
En la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue falsamente acusado de asesinato. El verdadero culpable era una persona muy influyente en el reino, por lo que se buscó un chivo espiatorio para encubrirlo.
 
El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tenía pocas posibilidades de salvarse de la horca.
 
El juez, que también estaba confabulado, se encargó de hacer lo posible porque pareciera un juicio justo, por lo que le dijo a l acusado: 
 
- Conocida tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios; escribiré en dos papeles las palabras "culpable" e "inocente", tú escogerás y será la Providencia la que escoja tu destino.
 
Por supuesto, el perverso funcionario, había preparado dos papeles con la misma leyenda: "culpable".
 
La víctima, aún sin conocer los detalles, se intuyó que era una trampa.
Cuando el juez le conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente, cerró los ojos, y permaneció unos segundos en silencio. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa,  tomó uno de los papeles, se lo metió en la boca y lo tragó rápidamente.
 
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:
 
- ¿Pero ahora cómo vamos a saber qué ponía en el veredicto?
- Es muy sencillo- replicó el hombre, - es cuestión de leer el que queda y sabremos qué decía el que me tragué.
 
Con refunfuños, y un enfado mal disimulado, debieron liberar al acusado y jamás le volvieron a molestar.


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miércoles, 27 de junio de 2012

El Murciélago Buscador

 
 
Todos estamos viajando .. ¿hacia dónde? Hay seres humanos que buscan y otros que, sin inquietudes, no lo hacen.
 
También hay murciélagos buscadores. La búsqueda del murciélago no es fácil, porque no ve. Sucede lo mismo con nosotros, los seres humanos: no vemos. Pero podemos llegar a ver.
 
¡Qué angustia la del murciélago buscador de nuestro cuento! Durante años llevaba intentando acercarse al sol para poder contemplar su luz maravillosa. Se lamentaba por su ceguera y sabía que si no podía ver el sol con sus ojos, podría llegar hasta él y fundirse en su calor y verlo así con los ojos del corazón. Sí, los murciélagos tienen corazón, y a veces más tierno que el de los humanos.
 
Al borde de la extenuación, sí, pero el murciélago seguía intentándolo. Recortándose su cuerpecillo contra el vasto horizonte, subía y subía, en un intento desesperado por unirse con el sol. Y con su ojo clarividente, un asceta vio al murciélago en sus denodados intentos y le dijo:
 
- Insignificante animal, aunque viajaras miles de años no podrías alcanzar el sol.

- Desiste.
- Lo que pretendes es tan absurdo como si una hormiga quisiera llegar a la luna.
 
El murciélago respondió:
- No te falta la razón.
- Pero no desistiré, jamás.
- Anhelo llegar al sol, y lo intentaré de por vida.
 
Volando sin descanso, las alas quebradas, el corazón exhausto. Eran años volando hacia el sol, ascendiendo hacia el astro poderoso. El murciélago se dijo:
 
- ¿No me habré despistado y habré sobrepasado el sol?
 
Una petulante ave oyó este comentario y dijo:
- Necio murciélago.
- Estúpido ciego.
- Tú no vas a ninguna parte.
- No haces otra cosa, en tu ceguera, que volar en círculos.
- Sin avanzar ni un sólo centímetro.
- Yo, que veo, sí podría ir al sol cuando quisiera.
- Pero tú ya no tienes ánimo.
- Estás abatido; la desesperación te gana.
Y entonces el murciélago dijo irónicamente:
- Es curioso, amiga, yo ni siquiera tengo ojos para ver en el exterior.
- Tú tienes una mirada capaz de ver en el interior de los seres.
- ¡Qué afortunada eres!
 
Siguió volando, volando. Lo intentó a lo largo de toda su vida, con un anhelo inquebrantable. Murió en el intento, sí, pero cuando su pequeño cuerpo iba a precipitarse en el vacío, nada más morir, un rayo de sol lo alcanzó y lo atrajo hacia el seno del sol y se fundió con él.
 
El ave, sin embargo, aún viendo sigue sin ver. Vuela de espaldas al sol y cada día está más distante del maravilloso disco solar.


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viernes, 22 de junio de 2012

El Asno y el Camello

 
Un asno y un camello caminaban juntos.

El camello se movía con pasos largos y pausados.

El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando.

Al fin el asno dijo a su compañero:

-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas,

a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino,

mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea,

con tus ojos fijos en el horizonte,

mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:
-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos.

Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves.

Piensas que la prisa es velocidad,

imaginas que mirando puedes ver,

piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos.

Supones que yo miro el horizonte,

aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano.

También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más.

De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.


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miércoles, 20 de junio de 2012

Las Estrellas de Mar

 
Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar;

una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro.

Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando.

Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.

El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo.

Éste le contestó:

-Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán.

Dijo entonces el escritor:
 
-Pero esto que haces no tiene sentido,

primero es su destino,

morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa,

nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas.

El joven miró fijamente al escritor,

cogió una estrella de mar de la arena,

la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó:

-Para ésta sí tiene sentido.

El escritor se marchó un tanto desconcertado,

no podía explicarse una conducta así.

Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien,

soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.

A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.


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martes, 19 de junio de 2012

Todo lo que necesito es Aire!!!

 
 
Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:

-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.

El sabio no contestó.
El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda.

No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le dijo:

-Ven conmigo.

Y se dirigieron a un río cercano.

Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo.
Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento.
Entonces preguntó el sabio:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar contestó el joven:

-Aire, quería aire.

-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

–No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.

-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás.

Debe ser tu única aspiración día y noche.

Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.


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martes, 12 de junio de 2012

Una historia que no tiene Fin

 
Hace mucho tiempo, había una grulla y un flamenco que vivían en los extremos opuestos de cierto lago. Coincidían a veces, pero cada uno llevaba su vida, y se ignoraban mutuamente.
 
Hasta que un día el flamenco se dijo a sí mismo: «Estoy muy solo, y esta vida es aburrida... Iré a ver a la grulla y le pediré que se case conmigo».
 
Y eso fue lo que hizo. Al oír su petición, la grulla la rechazó de plano: «Eres feo, tienes las patas muy delgadas  y, además, estoy muy tranquila viviendo sola, así que vete ahora mismo». Compungido y triste, el flamenco se marchó.
 
Transcurridos unos días, la grulla empezó a arrepentirse de haber rechazado tan groseramente al flamenco: «Después de todo, creo que sería buena idea casarme con él... Mejor eso, que pasarme todo el día buscando peces en el lago y soportando a mis compañeras». Con esta determinación, acudió a ver al flamenco.
 
Cuál no sería su sorpresa cuando el flamenco rechazó su petición: «¡Pues ahora soy yo el que no se quiere casar contigo! ¡Lo he pensado mejor, y estoy mejor solo que aguantando a una grulla maleducada como tú!» Así que la grulla regresó a su lado del lago.
 
Pocos días pasaron hasta que el flamenco se recriminó a sí mismo el trato que le había dado a su vecina: «No lo entiendo», se dijo, «yo me quiero casar con ella, viene a pedírmelo, y la rechazo... no sé en qué estaría pensando... voy corriendo a decirle que sí».
 
Mas la grulla, herida en su orgullo, volvió a rechazar la petición del flamenco: «¡Pues ahora yo no me quiero casar contigo! Te di tu oportunidad y la desaprovechaste»
 
Pero al cabo de varios días la grulla volvió a arrepentirse de haber despreciado al flamenco, y volvió a acudir a él, aceptando su petición... la cual, por supuesto, fue rechazada por el flamenco...
 
Dice la historia que todavía siguen así la grulla y el flamenco.


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lunes, 11 de junio de 2012

La Melodía mas Hermosa del Mundo

 
En un país lejano, hace mucho tiempo, había un rey caprichoso, acostumbrado desde siempre a que le satisficieran al momento todas sus necesidades. Uno de sus caprichos era tener en el jardín de su palacio aves de todo el mundo, para que le alegraran con sus variados cantos y vistosos plumajes.
 
Una mañana que estaba asomado a una ventana que daba al jardín, oyó de repente una melodía maravillosa que nunca antes había oído. Cautivado por aquel sonido, mandó llamar inmediatamente al músico de palacio, a quien le dijo que le encontrara esa melodía y la tocara para él siempre que lo desease. Ante la débil queja del músico de que no sabía cómo era aquella canción porque él nunca la había escuchado, el rey le amenazó con cortarle la cabeza si, en el plazo de una semana, no había conseguido tocar para él esa melodía.
 
Sin posibilidad de elección, el músico salió el primer día, y se aprendió la canción de la oropéndola. Cuando la tocó con su flauta ante el rey, éste negó con la cabeza:
 
—No es esa melodía la que yo escuché, así que ya puedes seguir buscando.
El segundo día se aprendió la canción del ruiseñor, pero tampoco era esa la canción que le gustaba al rey. En los días sucesivos, imitó otros trinos de aves, pero la respuesta del rey siempre era negativa.
 
Llegó el último día del plazo. Desesperado, el músico pensó que aquella tarea era imposible y, ante la cercanía de la muerte, se dispuso a morir de la mejor forma que sabía: sacó su flauta, y tocó en ella su melodía favorita, para despedirse de la vida.
En ese momento el rey, que estaba asomado a su ventana, exclamó, lleno de satisfacción:
 
—¡Esa es la canción que escuché!
Mandó llamar al músico, que volvió a interpretarla, diciéndole que la canción era la suya propia, y no la de ningún pájaro. Lleno de contento, el rey colmó de bienes al músico.


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viernes, 8 de junio de 2012

Todo es Brahma


Un asceta llegó cierto día a la plaza de un pueblo. Se sentó a la sombra de un plátano, sacó de su humilde zurrón un pedazo de pan, y empezó a comerlo lentamente.

En esto, un perro famélico se le acercó. Estaba en los huesos, y miraba tristemente al asceta y su pedazo de pan. Sin decir nada, el monje comenzó a darle de comer, de manera que le daba un pedazo al perro, y luego cogía otro trozo para él.

Los que pasaban por allí, al ver la escena del asceta enjuto dando de comer a un perro famélico, se reían de la situación, haciendo burlas de la conducta excéntrica del penitente. Uno se acercó y le increpó por despilfarrar la comida con aquel animalucho:

Pero éste, sin dejar de dar de comer al perro, le dijo:
—Brahma da de comer a Brahma: por tanto, ¿de qué te sorprendes, oh Brahma?


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jueves, 7 de junio de 2012

Sabiduría o Ignorancia


Un siddha llegó a tener poderes ocultos, lo cual hizo que comenzara a henchirse de vanidad. Sin embargo, en el fondo era un hombre bueno y había practicado muchas austeridades.

Para corregirlo, el Señor apareció ante él vestido de sannyasin  y le dijo: «Señor, he oído que usted ha obtenido grandes poderes ocultos». El siddha lo recibió con gran respeto y le pidió que se sentara. En ese momento pasó por allí un elefante, y el sannyasin  le dijo al siddha: «Bien, señor, ¿puede usted, si quiere, matar a ese elefante?»

El siddha contestó: «Sí, puedo hacerlo», y tomando un puñado de tierra la tiró contra el elefante, pronunciando algunas palabras de encantamiento. De inmediato, el elefante cayó muerto. Entonces, el sannyasin  exclamó: «Oh, ¡qué maravilloso es su poder! ¡Con qué facilidad ha matado usted al elefante! El siddha se sonrió al oír estas alabanzas.

El sannyasin  volvió entonces a preguntar: «Bien, y... ¿ puede usted volver otra vez al elefante a la vida?»

«Sí, también puedo hacer eso», contestó el siddha, y tiró otro puñado de tierra sobre el elefante muerto, el cual volvió a la vida y se levantó enseguida.

Al ver esto, el sannyasin  observó: «¡Su poder es en verdad asombroso! Pero me gustaría hacerle una pregunta: usted mató al elefante y luego lo resucitó, pero... ¿qué beneficio le ha traído esto? ¿Para qué ha servido? ¿Le ha ayudado para alcanzar a Dios?» Diciendo esto, desapareció.


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