17 jul. 2012

El Tren de las Cinco


-Hola Juan, ¿qué haces aquí tan impaciente?- le preguntó un paisano al jubilado que paseaba a lo largo del andén de la estación de tren del pueblo.
-Estoy esperando a que pase el tren de las 5- contestó Juan amablemente.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto-
 
"Pobre Juan", pensaba el paisano, "todos los días esperando a que pase el tren de las 5 de la tarde, sin saber que hace tiempo que la ruta fue desviada y ya no pasa ningún tren por nuestro pueblo. Alguien debería decirle la verdad al bueno de Juan, pero nadie quiere quitarle su ilusión y su entretenimiento."
 
Y así un día tras otro, Juan esperaba pacientemente al tren durante horas y los vecinos, que habían hecho del camino de la Estación su ruta preferida para pasear, le saludaban, le preguntaban por el tren y se volvían a sus casas tranquilamente.
 
-Bueno días, Juan. ¿Ha pasado ya el tren?- le decían sus vecinos al pasar.
-Todavía no. Se conoce que viene con retraso- contestaba el jubilado muy tranquilo.
 
Un día, una anciana del pueblo, que vivía muy preocupada por todo lo que pasaba a su alrededor, quiso hacer su obra buena y fue al encuentro de su vecino Juan.
-Siento mucho darte este disgusto- le dijo, -pero no puedo seguir siendo cómplice de la mentira colectiva de todo el pueblo, mi conciencia me obliga a decirte que tu espera es en vano. Ya no pasa el tren por la estación de nuestro pueblo, Juan-.
 
Él la miró, y con la sonrisa de un niño travieso le dijo -te agradezco tu información, vecina, pero te ruego que no le digas a nadie que me lo has contado, porque todavía falta que casi la mitad del pueblo venga a sacarme de mi error, y mientras haya alguien que crea que estoy esperando a un tren imaginario, vendrán a saludarme y a desearme que mis deseos se hagan realidad. 
 
Así me siento menos solo y más querido, además, nos sirve a todos de entretenimiento. Todos nos beneficiamos de la gran mentira...., pero ahora debo apresurarme, vecina, porque ya son casi las 5 de la tarde, el tren debe estar a punto de llegar y enseguida nuestros vecinos empezaran a desfilar para preguntarme por mi tren-.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto- le contestó asombrada la anciana.
 
Jordi Pons e Inma Lorenzo


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