martes, 3 de julio de 2012

La mirada del Amor

 
El  rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.   

Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabrina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
    
A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-. Esto es verdaderamente amor filial. ¡No le importó su vida para cuidar a su madre! ¡Es maravillosa!  

Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.

-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
 
-Lo son- dijo la princesa y, alargando la mano, le cedió a su amado el último durazno.
 
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta ¿no es fantástica?

Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.

Sentado con su amigo más confidente, le decía: -nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.

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