20 ago. 2012

¿Quién esta dispuesto a correr el Riesgo?


Como adultos nos empeñamos en ensenar a los niños el valor de la responsabilidad como un cimiento sólido de un futuro plegado de éxitos y logros.  Entendemos el asunto de la responsabilidad como un cargo moral que nos obliga a acometer nuestra palabra dada o el cumplimiento de compromisos adquiridos. Estamos conscientes que es una cualidad fundamental que debemos poseer si deseamos alcanzar nuestras metas y obtener lo que deseamos.

Y es que actuar con responsabilidad va mas allá de la simple retórica de “hacernos responsables de nuestros actos”, se traduce en una actitud de vida, en la que adueñarnos de nuestros actos involucra asumirla con valentía, decisión y confianza, en especial cuando nos enfrentamos a alguna disyuntiva que implica un proceso de cambio personal.

La responsabilidad como valor implica afrontar los cambios al hacer uso de todos nuestros recursos, es decir, de nuestra fuerza interior. Todos tenemos una fuerza interior. Tú -aunque en ocasiones te cueste creértelo- tienes una inmensa fuerza interior que te permite acometer tus actos no solamente con responsabilidad, sino con verdadera voluntad.

Antes de ser responsable con otros, debes ser responsable contigo y la responsabilidad significa plantearte el reto de mantener una mentalidad positiva sin importar las adversidades. Muchas veces utilizamos la evasión para no enfrentar las dificultades en nuestra vida, recuerda siempre que hay un momento para decidir y actuar con responsabilidad. Solo de ese modo, lograrás alcanzar lo que te propongas o modificar una situación que te perturba.

La siguiente historia nos muestra como es muy fácil en la vida evadir la responsabilidad y -en consecuencia- no accionar para cambiar situaciones que nos resultan incómodas:

Un hábil gato hacía tal matanza de ratones, que apenas veía uno, era cena servida.

Los pocos que quedaban, sin valor para salir de su agujero, se conformaban con su hambre.

Para ellos, ese no era un gato, era un diablo carnicero.
Una noche en que el gato partió a los tejados en busca de su amor, los ratones hicieron una reunión sobre su problema más urgente.

Desde el principio, el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que de alguna manera, tarde o temprano, había que idear un medio que siempre avisara la presencia del gato, y así, pudieran ellos esconderse a tiempo. Efectivamente, ese era el remedio y no había otro. Todos fueron de la misma opinión y nada les pareció más indicado.

Uno de los asistentes propuso ponerle un cascabel al cuello del gato, lo que les entusiasmó muchísimo y decían que sería una excelente solución. Solo se presentó una dificultad: 

¿quién le ponía el cascabel al gato?
-          ¡Yo no, no soy tonto, no voy!, dijo un ratón.
-          ¡Eso parece muy complicado!, exclamó otro.
-     ¡Ah, yo no sé cómo hacerlo!, se excusó otro nervioso ratón.

En fin, terminó la reunión sin adoptar ningún acuerdo.
Lógicamente, esta fábula no tiene un final feliz. Si nadie asume la responsabilidad por sí mismo ni por su comunidad será muy difícil lograr los cometidos que nos aquejan como colectividad.

La responsabilidad está presente en muchos aspectos de la vida y no importa si eres gato o ratón, siempre deberás echar mano de este valor para lograr las cosas que verdaderamente te importan, esas que te impulsan al éxito, a alcanzar tu meta, así sea simplemente sobrevivir.

“La responsabilidad es el precio del éxito”
W. Churchill


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