viernes, 28 de septiembre de 2012

Todo Depende de la Forma en que se dicen las Cosas




Un Sultán soñó que habí­a perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia mi señor! – exclamó el Sabio – Cada diente caí­do representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.

- ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí­!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que habí­a soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salí­a del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

- Recuerda bien amigo mí­o – respondió el segundo Sabio – que todo depende de la forma en el decir las cosas… uno de los grandes desafí­os de la humanidad es aprender a comunicarse.

- De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

- La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

ANÓNIMO


jueves, 27 de septiembre de 2012

Un Corazón que Escuche


 
Hace unos días leí una pequeña historia que hablaba de la importancia, a veces, de estar junto a una persona que sufre algún dolor, solo con el corazón…

Un médico psicólogo atendía una consulta en un hospital… sus pacientes eran adolescentes… Cierto día le derivaron un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato… Cuando era muy pequeño, su padre murió… Vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año… a los 13 muere su abuelo, y tres meses después muere su madre en un accidente…

Solo llegaba al consultorio y se sentaba mirando las paredes….sin hablar… Estaba pálido y nervioso…

Este médico no podía hacerlo hablar… comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse…y él… por más que le dijera algo, tampoco serviría de mucho. Optó por sentarse y observarlo en silencio….acompañando su dolor….

Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro: “Ven la semana próxima si gustas….duele, ¿verdad?…” el muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada… solo lo miró y se fue…

Cuando volvió a la semana siguiente el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez. Así pasaron varios meses…sin hablar….pero el notaba que David ya no parecía nervioso… y su palidez…había desaparecido… Un día, mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho quien estudiaba inclinado hacia el tablero, pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación…

De pronto….David alzó la vista y lo miró: “Le toca – le dijo”

Ese día empezó a hablar… hizo amigos en la escuela, ingreso a un equipo de ciclismo… Y comenzó una nueva vida… su vida.

Posiblemente el medico le dio algo… pero también aprendió mucho de él… Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable. Aprendió a estar presente cuando alguien nos necesita… a comunicarnos sin palabras. Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia… un corazón que escuche.

DESCONOCIDO

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Dedica un momento a ver Realmente


Todos hemos oído el consejo: hay que saber detenerse a oler las rosas, pero ¿con cuánta frecuencia nos tomamos, en realidad, el tiempo necesario para salir del ritmo frenético de la vida actual para contemplar el mundo que nos rodea? Son demasiadas las veces que nos dejamos atrapar por nuestra agenda repleta o por el recuerdo de lo que tenemos que decir en nuestra próxima conferencia, o que nos distraemos con el tránsito urbano o con la vida en general, hasta el punto de que ni siquiera nos damos cuenta de que hay otras personas a nuestro alrededor.
 
Yo soy tan culpable como cualquier otro de desconectarme del mundo, especialmente cuando conduzco por las atestadas calles de California. Hace poco, sin embargo, fui testigo de algo que me hizo ver hasta qué punto el hecho de andar siempre refugiándome en mí mismo me ha impedido tomar plena conciencia de la imagen de todo lo que me rodea.
 
Acudía en mi coche a una reunión de negocios y, como es habitual, iba planeando mentalmente lo que quería decir, cuando llegué a un cruce muy atestado con el semáforo en rojo. «Vale —pensé—, si me adelanto a todos, podré pasar el próximo semáforo.»
 
Tenía la mente y el coche con el piloto automático puesto, a punto para arrancar, cuando repentinamente una visión inolvidable me arrancó de mi trance. Una joven pareja, ciegos los dos, estaban cruzando, tomados del brazo, mientras los coches zumbaban en ambas direcciones. El hombre llevaba de la mano a un niño pequeño, mientras que la mujer apretaba contra el pecho una mochila porta-bebés, evidentemente ocupada. Cada uno llevaba un delgado bastón blanco, con el que buscaba a tientas las pistas para salir indemne de la aventura de aquel cruce.
 
Al principio me sentí conmovido. Aquel matrimonio estaba superando algo que, a mi parecer, es una de las peores desventajas... la ceguera. Pensé en lo terrible que debía de ser aquello, pero el horror me paralizó al ver que la pareja no seguía caminando por el paso de peatones, sino que se estaba desviando en diagonal, directamente hacia el centro del cruce. Sin darse cuenta del peligro que corrían, se encaminaban directamente hacia los coches que se acercaban.
 
Me asusté, porque no sabía si los demás conductores entendían lo que estaba sucediendo.
Mientras contemplaba la escena desde la primera línea de tráfico (tenía el mejor asiento del teatro), pude ver cómo ante mis ojos se producía un milagro.
 
Todos los coches en todas las direcciones se detuvieron simultáneamente. Ni siquiera se oyó un grito de «¡Salid del paso!». Todo quedó inmóvil. En aquel momento pareció como si el tiempo se hubiera detenido para esa familia.
 
Atónito, recorrí con la mirada los coches que me rodeaban, para asegurarme de que todos veíamos lo mismo. La atención de todos estaba igualmente fija en la pareja. De pronto, el conductor que estaba a mi derecha reaccionó y sacó la cabeza por la ventanilla para gritar:
 
—¡A vuestra derecha, a vuestra derecha!
Otros se le unieron, gritando al unísono:
 
—¡A vuestra derecha!
 
Sin perder ni un instante su ritmo de paso, la pareja rectificó su dirección siguiendo las instrucciones de los conductores. Confiados en su bastón blanco y en las voces de los preocupados ciudadanos, llegaron al otro lado de la calle.
 
Cuando subieron al bordillo, me sorprendió que aún siguieran cogidos del brazo.
 
Me dejó desconcertado que sus rostros no expresaran emoción alguna y pensé que no tenían la menor idea de lo que en realidad estaba sucediendo a su alrededor, pero inmediatamente sentí los suspiros de alivio exhalados por todos
los conductores que estaban detenidos en aquel cruce.
 
Mientras recorría con la vista los coches que me rodeaban, el conductor que tenía a mi derecha articuló:
 
—Pero... ¿ha visto usted eso? —al mismo tiempo que el de mi izquierda decía:
—¡No puedo creérmelo!
 
Creo que todos estábamos hondamente conmovidos por la escena que acabábamos de presenciar. A nuestro alrededor había seres humanos que durante un momento habían ido más allá de sí mismos para ayudar a cuatro
personas que lo necesitaban.
 
Desde que sucedió aquello he reflexionado muchas veces sobre esa situación y he aprendido varias lecciones importantes. La primera es: «Ve más despacio y podrás oler las rosas»... algo que raras veces había hecho yo hasta entonces. Tómate tiempo para mirar a tu alrededor y para ver realmente lo que está sucediendo ante ti en ese preciso instante. 
 
Hazlo, te darás cuenta de que cada momento es crucial y, lo que es más importante, que este momento es todo lo que tienes para marcar una diferencia en tu vida.
 
La segunda lección que aprendí es que lo que nos permite alcanzar los objetivos que nos fijamos es la fe en nosotros mismos y la confianza en los demás, a pesar de obstáculos aparentemente insuperables. El objetivo de la pareja de ciegos era, simplemente, llegar sanos y salvos al otro lado de la calle.
 
Su obstáculo eran ocho filas de coches que se dirigían directamente hacia ellos.
 
Y, sin embargo, sin titubeos, sin pánico, siguieron avanzando hasta alcanzar su meta.
 
También nosotros podemos seguir adelante en pos de nuestros objetivos, poniéndonos orejeras para evitar ver los obstáculos que se interponen en nuestro camino. Sólo necesitamos confiar en nuestra intuición y dejarnos guiar por otros que quizá los vean con mayor claridad.
 
Por último, aprendí a apreciar verdaderamente el don de la vista, algo que con demasiada frecuencia había dado por sentado. ¿Podéis imaginaros lo diferente que sería la vida sin vuestros ojos? Procurad por un momento imaginar cómo sería tener que atravesar una calle atestada de tráfico sin poder ver. Pensad con cuánta frecuencia nos olvidamos de los dones, tan simples como increíbles, que nos brinda la vida.
 
Me alejaba de aquel cruce y lo hacía con más conciencia de la vida y con más compasión hacia los demás de la que tenía al llegar allí. Desde entonces, he tomado la decisión de estar realmente atento a lo que sucede mientras me ocupo de mis actividades cotidianas y uso los talentos que Dios me ha concedido para ayudar a otros menos afortunados.
 
Mientras sigues tu camino por la vida, hazte un favor: demora el paso y tómate tiempo para ver, para ver de verdad. Párate y contempla lo que está sucediendo a tu alrededor en ese momento, ahí mismo, donde estás. Puede ser que te estés perdiendo algo maravilloso.

martes, 25 de septiembre de 2012

Cómo se abrió el Sendero...Una Historia sobre tomar decisiones Mediocres


 
Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, lider de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.


PAULO COELHO

lunes, 24 de septiembre de 2012

El Roble y la Hiedra

 
Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
    
Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
    
Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.

 - "¿Cómo estás, amigo roble?", preguntó una mañana la hiedra.
 -" Bien, mi amiga" contestó el roble.
 -" Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura ", agregó la hiedra con mucha ironía. "Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio".

 -" No te burles amiga", respondió muy humilde el roble. " Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza ".
Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona. 

Y el tiempo siguió su marcha.
El roble creció con su ritmo firme y lento.
Las paredes de la casa envejecieron.

Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible.
El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.

 Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vió que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo. al pie del roble.
Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
 Mientras tanto el roble reflexionaba:

 " Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros. "

viernes, 21 de septiembre de 2012

Vivir como las Flores

 
Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferente s. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores! Advirtió el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores? Preguntó el discípulo.

- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos. Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son suyos, no hay motivo para molestarse. Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera.

Esto, es vivir como las flores.

DESCONOCIDO



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jueves, 20 de septiembre de 2012

Quién se atrevió a Matar el Amor


Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el odio, “que es el Rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes”, convocó a una reunión urgente con todos ellos.

Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano, llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.

Cuando estuvieron todos, habló el Odio y dijo: - Los he reunido aquí a todos, porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien.

Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el Odio siempre quería matar a alguien. Sin embargo, todos se preguntaban entre sí: ¿quién sería tan difícil de matar, para que el Odio los necesitara a todos?. - Quiero que maten a “El Amor” dijo.

Muchos sonrieron malévolamente, pues más de uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: - Yo iré, y les aseguro que en un año “El Amor” habrá muerto. “Provocaré tal discordia y rabia, que no lo soportará”.

Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron muy decepcionados. - Lo siento, lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una discordia, “El Amor” la superaba y salía adelante.

Fue entonces, cuando muy diligente se ofreció la Ambición, que haciendo alarde de su poder dijo: - En vista de que El Mal Carácter fracasó, iré yo. “Desviaré la atención de “El Amor” hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará”. Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida, pero después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar a “El Amor” y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas, pero “El Amor” confundido lloró, y pensó, que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes comparendos, envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Pataleta, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando “El Amor” se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.

El Odio convencido de que “El Amor” era invencible, le dijo a los demás: - Nada qué hacer. “El Amor” ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos.

De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. Yo mataré a “El Amor”, dijo con seguridad.
Todos se preguntaron ¿quién era ése que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido?.

El Odio dijo: - Ve y hazlo.

Tan sólo había pasado algún tiempo, cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar, que por fin “El Amor” había muerto.

Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: - Ahí les entrego a “El Amor” totalmente muerto y destrozado y sin decir más, se marchó. - Espera, dijo el Odio. En tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?


El sentimiento levantó por primera vez su rostro y dijo: - “YO SOY LA RUTINA”


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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tu Reflejo en el Espejo...La manera mas sencilla de cambiar tu forma de apreciar la Vida


Aunque queramos no podemos vivir aislados, no podemos ser ermitaños.

Quizá bajo algunas circunstancias esto sea posible, pero aislarnos no resuelve los problemas más profundos que el ser humano tiene.

El crecimiento en esta vida sólo se da a partir de la relación.
El espejo más grande para conocernos y descubrirnos es la relación con los otros seres humanos, pues es en esta relación que podemos descubrir nuestros miedos, nuestra forma de ver la vida y podremos ver lo que realmente nos motiva.

Esta relación nos permite conocernos más profundamente y quizá a partir de ese conocimiento, sin buscar que los demás nos entiendan, sin sentirnos víctimas, sea posible una relación no codependiente sino interdependiente, donde el valor de cada persona surja de la comprensión de cada uno y no simplemente de la búsqueda de reconocimiento, estar acompañados, apoyo material o los miedos que nos hacen buscar la aprobación de lo que hacemos.

Cuántos de nosotros rechazamos a los demás seres humanos, para descubrir después, que aquello que más odiábamos de los demás eran nuestras propias limitaciones y nuestras propias barreras?
No hay mejor maestro que las personas que entran en nuestra vida. Algunas de estas personas son ejemplos a seguir, nos dan la prueba clara de que el ser humano tiene un potencial ilimitado, otras nos muestran las limitaciones más arraigadas en nuestro interior, y nos hacen ver el lastre que detiene nuestro crecimiento.

Si pones atención a todas estas personas que de alguna manera son y han sido parte de tu vida, te darás cuenta que cada una de ellas ha resaltado algún aspecto tuyo:
Algunos destapan tus miedos
otros despiertan tu bondad
otros te encolerizan
otros te hacen ver como un santo
otros despiertan tu odio
otros despiertan el amor infinito…

Pero, sin duda alguna, todo lo que en ti despertaron,
no está en ellos sino en ti mismo (a).

No hay nada afuera que pueda ser cambiado, a menos que tú cambies en tu interior.
Tú decides que saldrá de ti, tú decides que entrará en ti y al final es ese cambio el que transforma tu vida.
Esos miles de espejos sólo hacen su labor, mostrarte el camino correcto, el camino de tu propia liberación.

Haz la prueba, mira a esos espejos sin condenarlos, sin rechazar, sin condenar ni juzgar, escucha tu interior y descubre que tienes el poder en tus manos.
Si alguien te mantiene con miedo, sólo necesitas crecer y ser más grande que ese miedo.

No necesitas ser violento, no necesitas alzar la voz, sólo necesitas ser libre de ese miedo, y el miedo eres tú, no la persona que piensas que te lo causa.
El miedo está en ti, tu mente lo crea y lo mantiene.

¿Alguna vez tuviste miedo de entrar a una habitación oscura? Seguramente de niño y quizás de adulto también. Este miedo permaneció hasta que te diste cuenta que podías encender la luz o podías crecer más que el miedo y ahí desapareció. Cuando tú descubriste la fuerza en ti, el miedo desapareció.

Ese es tu momento, ese es el instante donde tú despiertas.

Pensarás que hay cosas fuera de ti que no puedes controlar, que hay maldad y hay bondad, eso es cierto, pero el miedo que te causan, el dolor que sientes están en ti no en esas circunstancias.

Es posible que las circunstancias o las personas no cambien, pero tú cambiarás la forma de abordar y enfrentar lo que vives, cambiarás la forma de ver a la gente con la que te encuentras.

Si tú te mantienes libre, no dependerás más de nadie, y habrás dado el primer paso para despertar.

Cuando crees que las cosas deben cambiar para ser feliz, cuando crees que son los demás los que causan tu infelicidad, de ti depende tener una vida diferente, de ti depende mirar el espejo y ser libre por la comprensión de lo que ves.

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martes, 18 de septiembre de 2012

¿Tu Pareja te hace Feliz?



En cierta ocasión durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a un Hombre:

-' ¿Te hace feliz tu esposa? ', ¿Verdaderamente te hace feliz?



En ese momento la esposa levantó ligeramente el cuello en señal de seguridad, sabía que su esposo diría que sí, pués el jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo el esposo respondió con un rotundo - 'No...... No me hace feliz'

Y ante el asombro de la mujer... Continuó:
- 'No me hace feliz......... ¡Yo soy feliz!... El que yo sea feliz o no, eso no depende de ella, sino de mí. Yo soy la única persona, de quien depende, mi felicidad.

Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera... De alguna persona, cosa... ó circunstancia.... Sobre la faz de esta tierra, yo estaría en serios problemas.

Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente....... el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable. A través de toda mi vida, he aprendido algo; decido ser feliz y lo demás lo llamo...

'experiencias' , amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar.


Hay gente que dice:


- No puedo ser feliz... Porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró...


Pero... Lo que no sabes es que.... PUEDES SER FELIZ......

aunque... Estés enfermo,
aunque... Haga calor,
aunque... No tengas dinero,
aunque... Alguien te haya insultado,
aunque... Alguien no te amó ,
o no te haya valorado.
La vida es como andar en bicicleta,.....
te caes, solo si dejas de pedalear

SER FELIZ ES.... UNA ACTITUD ANTE LA VIDA

QUE CADA UNO DECIDE...!!

 



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jueves, 13 de septiembre de 2012

Los mejores regalos que podemos recibir en la Vida


Cierto día se aproximaba el cumpleaños de mi madre y no tenía dinero para ofrecerle un regalo que le gustara, me fuí a dormir esa noche y apareció Dios en mis sueños, por lo cual le pregunté que podía hacer para obsequiar algo a las personas cada vez que no tuviera recursos económicos, el me dijo: Basta con dar los mejores regalos, los que no cuestan nada:

1.- El regalo de Escuchar.

Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Solo escuchar.

2.- El regalo del Cariño.
Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos.

3.- El regalo de la sonrisa.
Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: “me gusta reír contigo”

4.- El regalo de las notas escritas.

Esto puede ser un simple “gracias por ayudarme”, un detalle como estos puede ser recordado de por vida.

5.- El regalo de un cumplido.

Un simple y sincero “te ves genial de rojo”, “has hecho un gran trabajo” o “fue una estupenda comida” puede hacer especial un día.

6.- El regalo del favor.

Todos los días procura hacer un favor.

7.- El regalo de la soledad.


Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Se sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.

8.- El regalo de la disposición a la gratitud.

La forma mas fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como “Hola” y “Muchas Gracias”.

Los amigos son raras joyas, que pueden hacerte enojar y sonreír, que poco a poco aprenden a escuchar, a alentarte y ellos siempre abrirán su corazón a nosotros.
 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El gran Amor de mi Vida


En un hermoso jardín había una más hermosa flor, muy inteligente, con un corazón generoso y valiente (que la vida haría aflorar en momentos difíciles), quizás un poco vanidosa porque todas las otras flores y la gran cantidad de pájaros que volaban ansiosamente buscando el néctar de las flores le decían lo hermosa que era.

También había en el jardín un colibrí (entre tantos que lo sobrevolaban), éste tenía experiencia en la escogencia de las flores de las cuales libaba su néctar; cuando el colibrí conoció a la flor se sintió atraído por la espontaneidad y la frescura de la flor. Al empezar a relacionarse con la flor comprendió que además de belleza física poseía una gran belleza interior, ello lo llevó a entregarle su corazón de viajero de jardines de una vez y para siempre.

Pasaron los años y en ese trajinar de la vida se encontraron varias veces, teniendo el colibrí siempre presente que la vida con sus vaivenes podría alejar a “su” flor ya que ésta por su frescura y juventud estaba rodeada de muchos admiradores que de alguna manera colocaban sin número de obstáculos que distraían la atención de “su” flor.

La sinceridad de su amor se vio premiada con la correspondencia del afecto de la flor y así transcurrieron los años con sus altas y bajas que se cubrieron con un afecto sincero por parte de ambos.

Sin embargo el tiempo cobra y el colibrí con gran pesar comprendió que no podía seguir reteniendo a la flor, ya su pico no tomaba el néctar de la flor como antes, sus alas llenas de situaciones personales no le permitían volar con la libertad que antes tenía.

Decidió de esta manera liberar a la flor, pensó que no tenía derecho a privarla de relacionarse con otro colibrí que le diera todo lo que ella merecía, porque con el tiempo “su” flor había demostrado lo valiente que era, enfrentando situaciones altamente difíciles y resolviéndolas, pero (¡¡ah¡¡) no tuvo el valor para enfrentarla y decírselo, no, temeroso se alejó sin explicaciones pensando que ella al verlo alejado se molestaría y lo dejaría de apreciar. Falsa apreciación, “su” flor no entendió la verdadera razón de su distanciamiento.

Y así en alguna oportunidad ella preguntó que había hecho para que se produjera la distancia, no lograba explicarse aquella actitud, entonces el colibrí trató a través de un cuento de decirle que la ama aún más que antes, en su aislamiento comprendió que el corazón se entrega una sola vez; que las campanas de los momentos felices tañen mejor con el ser amado, pero que cuando se ama de verdad la felicidad del ser amado está por encima de la propia.


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jueves, 6 de septiembre de 2012

Pertenecer al "Club" Basta de desperdiciar tu Vida


Varias niñas adolescentes decidieron formar un club de cosas que no necesitas con el fin de recaudar dinero para misiones.  Las chicas decidieron añadir dinero al fondo a través de dar con sacrificio.  La mayoría de  ellas eran de familias pudientes y con facilidad identificaron maneras de contribuir.

Margie era diferente. Su familia tenía pocos bienes y casi nada les sobraba, por lo tanto, fue difícil para ella identificar con qué contribuir.  Cierto día se arrodilló al pie de su cama y le pidió a Dios que le mostrara algo que pudiese dar.  Mientras oraba, su perrito mascota lamió sus manos. De pronto recordó que el médico de la familia había ofrecido comprarlo.
Lágrimas brotaron de sus ojos mientras exclamaba:

- ¡Oh Lucero, no me imagino cómo sería tener que despedirme de ti! -entonces pensó en el regalo que Dios le hizo al mundo.

-¡Lo haré!  -dijo ella.  Se dirigió hacia la casa del médico y vendió a su perro por cincuenta dólares.  Y aunque echaba de menos al perrito, aun así estaba muy contenta.
Cuando el médico supo cuál fue la razón por la que Margie vendió su perro, se lo devolvió con una nota amarrada al collar.

La nota decía:  Anoche le entregué a Dios lo que sobraba de mi desperdiciada vida.  Me encantaría pertenecer a tu club, y deseo comenzar dando a Lucero.

Fuente:  El libro devocionario de Dios para Padres


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martes, 4 de septiembre de 2012

El Elefante en el Desierto


El hombre es capaz de interpretar la realidad en distintos modos y con diferentes matices, como cuando los ciegos quieren ver y saber qué es un elefante. ¡He aquí la historia del elefante!

Érase una vez un pueblecito perdido en el desierto. Todos sus vecinos eran ciegos. Un gran rey pasó por la comarca seguido de su ejército. Montaba un elefante. Los ciegos se enteraron y habiendo oído hablar mucho de los elefantes, los movió el deseo de tocarlo para hacerse una idea de qué es un elefante. Doce ancianos y notables del pueblo se pusieron en camino con este objetivo: “Rey”, dijeron, “os suplicamos que nos concedáis venia para palpar el elefante”. “Os la concedo”, respondió el rey, “¡podéis palparlo!”.

Fue así como uno palpó la trompa, otro la pierna, éste la espalda, aquél  las orejas, e incluso hubo uno que, por licencia especial del rey, montó sobre la bestia y se paseó. Los doce ciegos volvieron entusiasmados a su pueblo, los otros los rodearon y preguntaron -muertos de intriga- qué tipo de bestia era un elefante. El primero dijo: “Es un tubo enorme, que se alza con fuerza, se enrosca y ¡ay de ti si te pilla!”. Otro afirmó: “Es una columna peluda”. El tercero: “Es como una pared de un castillo”. El que había palpado la oreja dijo: “Es como un tapiz muy grueso, de tejido grosero, que se mueve cuando lo tocas”. Y el último exclamó: “A mí me pareció una montaña que se pasea!”.

Comúnmente, los seres humanos nos enfrascamos en defender nuestros puntos de vista. Tal comportamiento se sustenta en la creencia de que mi punto de vista es más correcto que el del otro y esto es una fuente inagotable de desacuerdos y disputas en cualquier ámbito de nuestra vida.

En la historia de los ciegos se observa que ninguno contrarió a otro, porque cada uno respetó y reconoció como válido el punto de vista del otro. En la vida cotidiana es muy difícil reconocer como válido el punto de vista del otro, en algunos casos, la falta de humildad impide sustancialmente que nuestra conciencia construya un nuevo punto de vista basado en lo que el otro le aporta a mi vida.

Reconocer al otro no significa solamente saludarle con cariño o felicitarle por algún logro, el concepto es más amplio, implica validar constantemente la presencia del otro al aceptarle sus opiniones e inclusive construir nuevas distinciones con base en tales contribuciones

Anónimamente los seres que nos rodean contribuyen en algún ámbito a nuestro crecimiento, seamos por un lado recíprocos al apoyarles en su desarrollo, al reconocerles su aporte en nuestras vidas, y por el otro seamos justos al validar su existencia al respetar sus perspectivas así no coincidan con las nuestras.

¡Qué sabio es aquel ciego que escucha las respuestas de otros ciegos y, así, enriquece la propia!


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