miércoles, 12 de septiembre de 2012

El gran Amor de mi Vida


En un hermoso jardín había una más hermosa flor, muy inteligente, con un corazón generoso y valiente (que la vida haría aflorar en momentos difíciles), quizás un poco vanidosa porque todas las otras flores y la gran cantidad de pájaros que volaban ansiosamente buscando el néctar de las flores le decían lo hermosa que era.

También había en el jardín un colibrí (entre tantos que lo sobrevolaban), éste tenía experiencia en la escogencia de las flores de las cuales libaba su néctar; cuando el colibrí conoció a la flor se sintió atraído por la espontaneidad y la frescura de la flor. Al empezar a relacionarse con la flor comprendió que además de belleza física poseía una gran belleza interior, ello lo llevó a entregarle su corazón de viajero de jardines de una vez y para siempre.

Pasaron los años y en ese trajinar de la vida se encontraron varias veces, teniendo el colibrí siempre presente que la vida con sus vaivenes podría alejar a “su” flor ya que ésta por su frescura y juventud estaba rodeada de muchos admiradores que de alguna manera colocaban sin número de obstáculos que distraían la atención de “su” flor.

La sinceridad de su amor se vio premiada con la correspondencia del afecto de la flor y así transcurrieron los años con sus altas y bajas que se cubrieron con un afecto sincero por parte de ambos.

Sin embargo el tiempo cobra y el colibrí con gran pesar comprendió que no podía seguir reteniendo a la flor, ya su pico no tomaba el néctar de la flor como antes, sus alas llenas de situaciones personales no le permitían volar con la libertad que antes tenía.

Decidió de esta manera liberar a la flor, pensó que no tenía derecho a privarla de relacionarse con otro colibrí que le diera todo lo que ella merecía, porque con el tiempo “su” flor había demostrado lo valiente que era, enfrentando situaciones altamente difíciles y resolviéndolas, pero (¡¡ah¡¡) no tuvo el valor para enfrentarla y decírselo, no, temeroso se alejó sin explicaciones pensando que ella al verlo alejado se molestaría y lo dejaría de apreciar. Falsa apreciación, “su” flor no entendió la verdadera razón de su distanciamiento.

Y así en alguna oportunidad ella preguntó que había hecho para que se produjera la distancia, no lograba explicarse aquella actitud, entonces el colibrí trató a través de un cuento de decirle que la ama aún más que antes, en su aislamiento comprendió que el corazón se entrega una sola vez; que las campanas de los momentos felices tañen mejor con el ser amado, pero que cuando se ama de verdad la felicidad del ser amado está por encima de la propia.


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