jueves, 20 de septiembre de 2012

Quién se atrevió a Matar el Amor


Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el odio, “que es el Rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes”, convocó a una reunión urgente con todos ellos.

Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano, llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.

Cuando estuvieron todos, habló el Odio y dijo: - Los he reunido aquí a todos, porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien.

Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el Odio siempre quería matar a alguien. Sin embargo, todos se preguntaban entre sí: ¿quién sería tan difícil de matar, para que el Odio los necesitara a todos?. - Quiero que maten a “El Amor” dijo.

Muchos sonrieron malévolamente, pues más de uno le tenía ganas.
El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: - Yo iré, y les aseguro que en un año “El Amor” habrá muerto. “Provocaré tal discordia y rabia, que no lo soportará”.

Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron muy decepcionados. - Lo siento, lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una discordia, “El Amor” la superaba y salía adelante.

Fue entonces, cuando muy diligente se ofreció la Ambición, que haciendo alarde de su poder dijo: - En vista de que El Mal Carácter fracasó, iré yo. “Desviaré la atención de “El Amor” hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará”. Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida, pero después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar a “El Amor” y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas, pero “El Amor” confundido lloró, y pensó, que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes comparendos, envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Pataleta, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando “El Amor” se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.

El Odio convencido de que “El Amor” era invencible, le dijo a los demás: - Nada qué hacer. “El Amor” ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos.

De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. Yo mataré a “El Amor”, dijo con seguridad.
Todos se preguntaron ¿quién era ése que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido?.

El Odio dijo: - Ve y hazlo.

Tan sólo había pasado algún tiempo, cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar, que por fin “El Amor” había muerto.

Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: - Ahí les entrego a “El Amor” totalmente muerto y destrozado y sin decir más, se marchó. - Espera, dijo el Odio. En tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?


El sentimiento levantó por primera vez su rostro y dijo: - “YO SOY LA RUTINA”


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