miércoles, 31 de octubre de 2012

4 Ingredientes para una Milagro


Una mujer experimentó milagros sorprendentes en su vida y encontró la fuente de su bendición, alegrí­a y paz. Su historia se relata en 2ª de Reyes 4: 8-37.

Un buen dí­a le dijo a su esposo que construyeran una habitación y pondrí­an allí­ una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que al pasar el Hombre de Dios, se quedara allí­.

Aquella actitud le proveyó de un maravilloso milagro, un hijo, ya que no tení­a y su esposo era anciano.

Este niño creció y un dí­a enfermó y sobre la rodillas de su madre estuvo sufriendo hasta morir. Ella entendió que allí­, en sus rodillas, o en sus fuerzas, no estaba la fuente de su bendición y corrió a aquella habitación, que habí­an construido con una cama, una mesa, una silla y una lámpara y buscó al Hombre de Dios y se aferró a él hasta que un milagro sucediera. Sucedió, el niño resucitó.

He aquí­ un tremendo ejemplo para nosotros que a diario necesitamos un milagro, en nuestro hogar, finanzas, en nuestro matrimonio y en nuestras ciudades.
 

En una habitación, un lugar privado y especial, para estar a solas con Dios, Mas tú , cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre te recompensarᝠMateo 6:6;

Allí estaban los 4 ingredientes que ayudaron a la mujer sunamita a obtener un milagro:
 

-Una cama:
 

Un lugar que nos recuerda descansar en las manos de Dios, renunciando a nuestras fuerzas. Venid a mí­, todos los que estais trabajados y cargados, y yo os haré descansar Mateo 11:28.

-Una mesa:
 

Para deleitarse en su presencia, donde hay plenitud de gozo aún a pesar de las pruebas, Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre Salmo 16:11.

-Una silla:
 

Un lugar donde estar atento, callado y esperar la voz de Dios me presentaré delante de tí­, y esperaré Salmo 5:1-3.

-Una lámpara:
 

La palabra de Dios, la luz que alumbra nuestro camino y que nos guí­a a la verdad. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino Salmo 119:105.
 

Aférrate hoy a Dios, sé persistente en buscarlo y amarlo, busca un lugar donde estar con él a solas, lleva la cama, la mesa, la silla y la lámpara y confía a tal punto de que si aún estuviere tu matrimonio muerto, tus cuentas en y tu vida en fracaso, puedas proclamar paz, todo bien, como dijo la sunamita, porque su esperanza estaba en Dios y no en sus fuerzas.

Un milagro hay para tí­, un milagro de resurrección
 

Un milagro en una habitación con una cama, una mesa, una silla y una lámpara.

Arcangela Arnone de Blanco.

Venezuela

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martes, 30 de octubre de 2012

La Fabula del Pendejo


De vez en cuando alguien por ahí­ manda algo interesante en las cadenitas esas de correo que tanto nos fastidian. A diferencia de las que escribí­a el buen Esopo, en esta fábula el protagonista no es un animal ¿o si?
 

La fábula

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertí­an con el pendejo del pueblo, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que viví­a haciendo pequeños mandados y limosnas.

Diariamente algunos hombres llamaban al pendejo al bar donde se reuní­an y le ofrecí­an escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.

El siempre cogí­a la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un dí­a, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todaví­a no habí­a percibido que la moneda de mayor tamaño valí­a menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan pendejo. Ella vale cinco veces menos, pero el dí­a que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podrí­a concluir aquí­, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
  
  * Quien parece pendejo, no siempre lo es.
   

 * ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia?
 

    * Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

Pero la conclusión más interesante es: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí­ mismo.

   El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pendejo delante de un pendejo que aparenta ser inteligente.

Después de todo nuestro protagonista aquí­ no era un animal.

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lunes, 29 de octubre de 2012

Un pedazo de Pastel


A veces nos preguntamos, ¿qué hice para padecer esto?, o ¿por qué tení­a que hacerme esto Dios?
 

Aquí­ hay una explicación maravillosa.
 

Una hija le cuenta a su madre como todo esta mal, esta reprobando álgebra, su novio cortó con ella y su mejor amiga se esta cambiando de ciudad.
 

Mientras, su mamá está preparando un pastel y le pregunta a su hija que si quiere comer algo y la hija dice, "Claro mamá, me encanta tu pastel."
"Ten, tomate este aceite," le ofrece su madre.
"Wacala" dice la hija.
 

"¿Qué tal un par de huevos crudos?"
"Qué asco, Mamá"
 

"¿Entonces, quieres algo de harina? o ¿qué tal bicarbonato ?"
 

"Mamá, todo eso es asqueroso"
 

A lo cual la madre responde: "Sí­, todas esas cosas parecen malas por si solas. Pero cuando las unes de la manera adecuada, hacen un pastel maravillosamente delicioso.
 

Así­ trabaja Dios... Muchas veces nos preguntamos por qué nos permite pasar por tiempos tan malos y difí­ciles. Pero Dios sabe que cuando pone todas estas cosas en su orden, siempre trabajan para bien. Solo tenemos que confiar en í‰l y tarde o temprano, estas cosas harán algo maravilloso.
 

Dios siempre te tiene presente. Te manda flores cada primavera y un amanecer cada mañana. Cuando quieres hablar, El te escucha. Puede vivir en cualquier lugar del universo y escogió tu corazón.
 

Puede ser que la vida no sea la fiesta que imaginamos, pero ya que estamos aquí­ es mejor que bailemos...
Espero que tu dí­a sea "un pedazo de pastel"


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viernes, 26 de octubre de 2012

El Sol y la Luna



Cuando el SOL y la LUNA se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí­ comenzaron a vivir un gran amor.
 
Sucede que el mundo aun no existí­a y el dí­a que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final el brillo !
 
Quedó decidido también que el SOL iluminaria el dí­a y que la LUNA iluminaria la noche, siendo así­, estarí­an obligados a vivir separados.
 
Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarí­an

LA LUNA fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose solitaria.
 
EL SOL a su vez, habí­a ganado un tí­tulo de nobleza ASTRO REY, pero eso tampoco le hizo feliz.
 
Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio.
 
Tú, LUNA, iluminarás las noches frí­as y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesí­as.
 
En cuanto a tú, SOL, sustentarás ese tí­tulo porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el dí­a, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.
 
La LUNA se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente y el SOL, al verla sufrir tanto, decidió que no podrí­a dejar abatirse más, ya que tendrí­a que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios habí­a decidido.
 
Aún así­, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a El: Señor, ayuda a la LUNA por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad Y Dios en su inmensa bondad… creo entonces las estrellas para hacer compañí­a a la LUNA.
 
La LUNA siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
 
Hoy , ambos viven así­ separados, el SOL finge que es feliz, y la LUNA no consigue disimular su tristeza.
 
El SOL arde de pasión por la LUNA y ella vive en las tinieblas de su añoranza.
 
Dicen que la orden de Dios era que la LUNA deberí­a de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió. porque es mujer, y una mujer tiene fases. Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.
 
LUNA y SOL siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil. Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
 
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la LUNA y el del SOL Fue entonces que El creó el eclipse.
 
Hoy SOL y LUNA viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta, sucedan.
 
Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el SOL cubre la LUNA, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse.
 
Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al clero en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.
 
Tu ya sabí­as que en la tierra existí­an sol y luna y también que existe el eclipse pero esta es la parte de la historia que tu no conocí­as, a que no?

miércoles, 24 de octubre de 2012

El cuento de las Herramientas


En un pequeño pueblo, existía una diminuta carpintería famosa por los muebeles que allí se fabricaban. Cierto día las herramientas decidieron reunirse en asamblea para dirimir sus diferencias. Una vez estuvieron todas reunidas, el martillo, en su calidad de presidente tomó la palabra.

-Queridos compañerros, ya estamos constituidos en asamblea. ¿Cuál es el problema?.
-Tienes que dimitir- exclamaron muchas voces.

-¿Cuál es la razón? – inquirió el martillo. -¡Haces demasiado ruido!- se oyo al fondo de la sala, al tiempo que las demás afirmaban con sus gestos. -Además -agregó otra herramienta-, te pasas el día golpeando todo.

El martillo se sintió triste y frustrado. _Está bien, me iré si eso es lo que quereis. ¿Quién se propone como presidente?

-Yo, se autoproclamó el tornillo -De eso nada -gritaron varias herramientas-.Sólo sirves si das muchas vueltas y eso nos retrasa todo.

-Seré yo -exclamó la lija- -¡Jamás!-protesto la mayoría-. Eres muy aspera y siempre tienes fricciones con los demás.

-¡Yo seré el próximo presidente! -anuncio el metro. -De ninguna manera, te pasas el día midiendo a los demás como si tus medidas fueran las únicas válidas – dijo una pequeña herramienta.

En esa discusión estaban enfrascados cuando entró el carpintero y se puso a trabajar. Utilizó todas y cada una de las herramientas en el momento oportuno. Después de unas horas de trabajo, los trozos de madera apilados en el suelo fueron convertidos en un precioso mueble listo para entregar al cliente. El carpintero se levanto, observo el mueble y sonrió al ver lo bien que había quedado. Se quitó el delantal de trabajo y salió de la carpintería.

De inmediato la Asamblea volvió a reunirse y el alicate tomo la palabra: “Queridos compañeros, es evidente que todos tenemos defectos pero acabamos de ver que nuestras cualidades hacen posible que se puedan hacer muebles tan maravillosos como éste”. Las herramientas se miraron unas a otras sin decir nada y el alicate continuo: “son nuestras cualidades y no nuestros defectos las que nos hacen valiosas. El martillo es fuerte y eso nos hace unir muchas piezas. El tornillo también une y da fuerza allí donde no actua el martillo. La lija lima aquello que es áspero y pule la superficie. El metro es preciso y exacto, nos permite no equivocar las medidas que nos han encargado. Y así podría continuar con cada una de vosotras.

Después de aquellas palabras todas las herramientas se dieron cuenta que sólo el trabajo en equipo les hacia realmente útiles y que debían de fijarse en las virtudes de cada una para conseguir el éxito.


DESCONOCIDO
 

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martes, 23 de octubre de 2012

El cuaderno Rojo


El cartero le entregó el telegrama y mientras Roberto le daba las gracias y empezaba a leerlo, no podía evitar que su cara mostrara una expresión de sorpresa más que de dolor.

Eran unas palabras breves y precisas: “Tu padre falleció. Lo sepultaremos mañana a las 18 horas. Mamá”



Roberto se quedó como estaba, de pie y mirando al vacío.
No sintió dolor, ni derramó ninguna lágrima, era como si hubiera muerto un extraño.

¿Por qué no sentía nada por la muerte de su padre?


Con un torbellino de pensamientos confusos en su mente, avisó a su esposa y emprendió viaje hacia la casa de sus padres. Mientras viajaba en silencio sus pensamientos pasaban por su mente a toda velocidad.


No tenía deseos de ir al funeral, sólo lo hacía para acompañar a su madre y tratar de aliviar su tristeza.

Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien, desde aquel día de lluvia en que una serie de acusaciones mutuas, obligó a Roberto a irse para no volver nunca más.

Pasaron los años y Roberto vivía cómodamente. Se había casado y formado una familia, pero sólo se acordaba de su madre para su cumpleaños o alguna festividad.


A su padre sin embrago lo había borrado de su mente. Desde aquel fatídico día jamás lo vio ni habló con él. Jamás pudo superar el odio que sentía hacia él.


En el velatorio se encontró con pocas personas. En un rincón del salón vio a su madre pálida, débil. Se notaba que había sufrido mucho. Tal vez porque siempre deseó que las cosas terminaran de otra manera.

Cuando vio a su hijo, lo abrazó mientras lloraba silenciosamente, fue como si de pronto hubiera perdido toda esperanza.

Después, Roberto vio el cuerpo sereno de su padre. Estaba envuelto por un manto de rosas rojas, como las que al padre le gustaba cultivar. Pero de los ojos de Roberto no cayó una sola lágrima, su corazón herido no se lo permitía.


Se quedó con su madre hasta la noche, la besó y le prometió que regresaría con sus hijos y su esposa para que los conociera.

Ahora, por fin podría volver a su casa, porque aquella persona que tanto había odiado, ya no estaba en este mundo. Era el fin de la humillación, de las críticas, de los consejos ácidos de un sabelotodo. Por fin podría reinar esa paz que siempre quiso experimentar.

En el momento de la despedida la madre le colocó algo pequeño y rectangular en la mano


-Hace mucho tiempo podrías haberlo recibido, le dijo. Pero, sólo después de que él murió lo encontré entre sus cosas más importantes.

Roberto no le dio mucha importancia y emprendió el viaje de regreso. Unos minutos después de haber comenzado el viaje, se acordó y quiso averiguar de qué se trataba lo que le había entregado su madre.
Después de desenvolverlo con cuidado vio un pequeño cuaderno de tapa roja.

Era un libro viejo y sus páginas habían quedado amarillentas por el paso de los años y al abrirlo pudo leer en su primera página algo que había escrito su padre:


• Hoy nació Roberto, pesó casi cuatro kilos. ¡Es mi primer hijo, estoy muy feliz y mi corazón salta de alegría!


El relato continuó apasionando a Roberto, que con un nudo en la garganta, seguía leyendo:


• Hoy, mi hijo fue por primera vez a la escuela. Es todo un hombrecito. Cuando lo vi con el uniforme, me emocioné tanto que no pude contener las lágrimas. Le pido a Dios que lo guarde y le de sabiduría para ser un hombre de bien.


La emoción de Roberto iba en aumento y el dolor de su corazón cada vez era más intenso, mientras por su mente comenzaban a resurgir imágenes del pasado.


• Roberto me pidió una bicicleta, mi salario no es suficiente, pero él se la merece porque es muy estudioso y dedicado.

• Así que pedí un préstamo y se la compré. Espero poder pagarlo con las horas extras.
• La vida de mi hijo será diferente a la mía, yo no pude estudiar. Desde niño me vi obligado a ayudar a mi padre, pero deseo con todo mi corazón que mi hijo no sufra ni padezca situaciones como las que yo viví.

Roberto no podía creer lo que estaba leyendo, era como si un mar de dolor inundara su conciencia. Vinieron a su mente los recuerdos de su adolescencia, como se quejaba a su padre por no tener bicicleta como sus amigos… y continuó leyendo.


• Es muy duro para un padre tener que castigar a su hijo, sé que me odiará por esto, pero es la forma en que creo debo educarlo para su propio bien.

• Fue así como aprendí a ser un hombre honrado y esa es la única forma en que soy capaz de educarlo.

Roberto cerró los ojos y recordó la noche cuando por causa de una fiesta en su juventud hubiera podido ir a la cárcel. De hecho todos sus amigos pasaron la noche allí. Sólo lo evitó, el que su padre, precisamente esa noche, no le permitió ir al baile con sus amigos.


También recordó otra oportunidad en la que no le concedió permiso para salir. Esa vez el auto en el que debía haber estado, chocó y quedó totalmente destrozado contra un árbol. Le parecía casi oír las sirenas y el llanto de toda la ciudad mientras sus cuatro amigos eran llevados al cementerio.


Las páginas se sucedían con todo tipo de anotaciones, llenas de respuestas que revelaban en silencio, la tristeza de un padre que lo había amado tanto.


Por fin llegó a la última página y leyó:


Son las tres de la mañana, ¿Dios, qué hice mal para que mi hijo me odie tanto?

¿Por qué soy considerado culpable, si no hice nada de malo, solo intenté educarlo para que fuera un hombre de bien?
Mi Dios, no permitas que esta injusticia me atormente para siempre.
Te pido perdón si no he sido el padre que él merecía tener y deseo de todo corazón que me comprenda y me perdone.

Estas fueron las últimas palabras de un hombre que, aunque nadie le había enseñado, a su manera intentó ser el mejor padre.

El mundo quizás podía verle como demasiado duro o intransigente, pero en lo más íntimo de su ser había un hombre tierno y lleno del amor de Dios, que nunca supo como expresarlo ni a su propia familia.

La aurora rompía el cielo y un nuevo día comenzaba, Roberto cerró el cuaderno, se bajó en la primera estación y regresó de nuevo hacia donde habían vivido sus padres.

Regresó quizás deseoso de que todo hubiera sido un mal sueño, de poder encontrar a su padre con vida y pedirle perdón por todo el mal que le hizo, pero no...

Gritó frente a su tumba, hubiera querido poder abrazarlo, pero solo encontró un profundo silencio.


Destrozado, fue a ver a su madre. Antes de entrar en la casa vio una rosa roja en el jardín; acarició sus pétalos y recordó como su padre las cuidaba con tanto amor. Esta fue la manera de encontrar paz en su corazón, ya que mientras acariciaba esa rosa, sintió como si acariciara las manos de su padre y descargara su dolor para siempre. Calmado ya, con voz suave se dirigió a su padre muerto: “Si Dios me mandara a elegir, no quisiera tener otro padre que no fueras tú. Gracias por tanto amor y perdóname por haber sido tan ciego”


Esta lección le hizo reflexionar, ya que él también era padre y se dio cuenta de que no estaba dando lo mejor de si, ya que las ocupaciones, los problemas y el stress, habían creado un silencio entre él y sus hijos.


A partir de ahora, decidió que su vida cambiaría radicalmente y que se compraría un cuaderno de tapa roja para poder anotar cada una de las historias que a partir de ese momento sucedieran en su familia.


“La adolescencia y la juventud son los únicos problemas que sólo se solucionan con el tiempo”


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lunes, 22 de octubre de 2012

El Portero del Prostíbulo


No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor
pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa
podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no
tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su
puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y
también antes, el padre de su padre.
 
Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a
hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.
 
Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del
prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El
joven decidió modernizar el negocio.
Modificó las habitaciones y después citó al personal para
darle nuevas instrucciones.
 
Al portero, le dijo:

—A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta,
me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la
cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada
cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían
del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con
los comentarios que usted crea convenientes.
 
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al
trabajo pero...
 
—Me encantaría satisfacerlo, señor –balbuceó— pero yo...
yo no sé leer ni escribir.
—¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no
puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco
puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo
tanto...
 
—Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en
esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
—Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por
usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es,
una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre
otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte.
Y sin más, se dio vuelta y se fue.
 
El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca
había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación.
 
Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía
una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un
martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo
y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación
transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
 
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba,
sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía
que comprar una caja de herramientas completa. Para eso
usaría una parte del dinero que había recibido.
 
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo
no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula
para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más
da? Pensó, y emprendió la marcha.
 
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de
herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando
llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
—Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para
prestarme.
—Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para
trabajar... como me quedé sin empleo...
 
—Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
—Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino
tocó la puerta.
—Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo
vende?
—No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería
está a dos días de mula.
 
—Hagamos un trato –dijo el vecino— Yo le pagaré a usted
los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del
martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...
Aceptó.
Volvió a montar su mula.
 
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su
casa.
—Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro
amigo?
—Sí...
 
—Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a
pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por
cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de
cuatro días para nuestras compras.
 
El ex –portero abrió su caja de herramientas y su vecino
eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le
pagó y se fue.
 
“...No todos disponemos de cuatro días para hacer
compras”, recordaba.
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él
viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del
dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las
que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en
viajes.
 
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos
quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas
viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde
almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar
más dinero. Alquiló un galpón.
 
Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas
semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en
la primera ferretería del pueblo.
 
Todos estaban contentos y compraban en su negocio.
Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le
enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos
pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y
ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría
fabricar para él las cabezas de los martillos.
 
Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los
cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez
años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en
un millonario fabricante de herramientas. El empresario más
poderoso de la región.
 
Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo
de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se
enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más
prácticos de la época.
 
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de
inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo
para su fundador.
A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad
y el intendente lo abrazó y le dijo:
 
—Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos
conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro
de actas de la nueva escuela.
—El honor sería para mí –dijo el hombre—. Creo que
nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni
escribir. Yo soy analfabeto.
 
—¿Usted? –dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo
—¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio
industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me
pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
—Yo se lo puedo contestar –respondió el hombre con
calma—. ¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del
prostíbulo!.

JORGE BUCAY


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viernes, 19 de octubre de 2012

Acéptame como Soy


Un soldado que finalmente volvia a casa, despues haber luchado en Vietnam, llamó a sus padres desde San Francisco

- Mamá, estoy volviendo a casa, pero antes quiero pedirles un favor. Tengo un amigo, un compañero del ejército al que me gustaria llevar a casa porque no tiene adonde ir.

- Claro, respondieron, nos encantaria conocerlo.
 
-Pero hay algo que deben saber antes de que vayamos. El sufrió una terrible herida en uno de los combates. Pisó una mina y perdió un brazo y una pierna.
 
-¡Que lastima! Es horrible, lo sentimos mucho, quizás podamos ayudarlo a encontrar algún lugar para vivir.
 
- ¡No mamá, yo quiero que viva en nuestra casa!
 
- Pero hijo, no sabes lo que estás pidiendo, no tienes ni idea de las dificultades de vivir con una persona en esta situación.
 
La madre de acuerdo con los comentarios del padre añadió: - Alguien con tanta dificultad seria una carga demasiado pesada para nosotros. Tenemos nuestra propia vida y no queremos que algo así interfiera y limite nuestro modo de vivir.

Es mejor que vuelvas tú solo a casa y te olvides del asunto. Él ya encontrará una manera de vivir por si mismo, no te preocupes.

El hijo colgó el teléfono y nunca más supieron de él.

Algunos días despues, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía, informádoles que su hijo habia muerto al caer de un edificio y que parecía ser un claro caso de suicidio.

Los padres angustiados volaron a la ciudad en la que había ocurrido la desgracia y fueron llevados a la morgue para identificar el cadaver de su hijo. Al efectuar la identificación, descubrieron horrorizados algo que les llenó de angustia, desesperación y culpabilidad durante el resto de sus vidas... A su hijo le faltaban un brazo y una pierna.

«Vivimos en una sociedad que no admite el sufrimiento, el fracaso o la frustración. Lo queremos todo perfecto y fácil... pero la vida no es así esta llena de contratiempos, de dolor, de situaciones y circunstancias difíciles de comprender y asumir. La única posibilidad que tenemos es, si aprendemos a amar incondicionalmente a los demás, como nos amamos a nosotros mismos»

ANÓNIMO


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jueves, 18 de octubre de 2012

Arriesgate a Crecer


 
Dos semillas estaban juntas en el suelo primaveral y fértil.

La primera semilla dijo:

—¡Yo quiero crecer! Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me cubre... Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la llegada de la primavera... ¡Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la

bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos!

Y así creció

La segunda semilla dijo:

—Tengo miedo. Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sé con qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo puedo dañar mis delicados brotes... Si dejo que mis capullos se abran, quizá un caracol intente comérselos... Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me arrancara del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.

Y así esperó

Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.

MORALEJA: A los que se niegan a arriesgarse y a crecer los devora la vida.

PATTY HANSEN

miércoles, 17 de octubre de 2012

La mas Dulce de las Necesidades


Por lo menos una vez al día nuestro viejo gato negro se acerca a alguno de nosotros de una manera que todos hemos llegado a reconocer como especial.
 

No significa que quiera que le den de comer ni que lo dejen salir, ni nada por el estilo. Lo que necesita es algo muy diferente.
 

Si tiene un regazo a mano, se sube a él de un salto; si no, lo más probable es que se quede ahí, con aire nostálgico, hasta que vea que hay uno preparado.

Una vez acomodado en él, empieza a ronronear antes incluso de que uno le acaricie el lomo, le rasque bajo el mentón y le diga una y otra vez que es un gato estupendo. Después, con su «motor» acelerado al máximo, se acomoda hasta

encontrar la posición que le gusta y se instala. De vez en cuando, su ronroneo se descontrola y se convierte en ronquido; entonces te mira con los ojos abiertos de adoración y te dedica ese prolongado ir cerrando los ojos que es la muestra final de la confianza de un gato.

Al cabo de un rato, poquito a poco, se va quedando quieto. Si siente que todo va bien, puede ser que se quede en el regazo para echarse una cómoda siestecita. Pero es igualmente probable que vuelva a bajar de un salto y se vaya

a atender sus cosas. Sea como fuere, la razón la tiene él.

—Blackie quiere que lo «ronroneen» —dice simplemente nuestra hija.

En casa no es el único que tiene esa necesidad: yo la comparto y mi mujer también. Sabemos que no es una necesidad exclusiva de ningún grupo de edad, pero aun así, como yo no sólo soy padre, sino además profesor, la asocio especialmente con los chicos, con su necesidad rápida e impulsiva de un abrazo, de un regazo acogedor, de una mano amiga, de una manta cálida, no porque nada les falte, no porque sea necesario, sino simplemente porque ellos son así.

Hay un montón de cosas que me gustaría hacer por todos los niños y, si sólo pudiera hacer una, sería ésta: asegurar a cada niño que, esté donde esté, tendrá por lo menos un buen ronroneo cada día.

Porque los niños, como los gatos, necesitan su tiempo de ronroneo.


FRED T. WILHELMS


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lunes, 15 de octubre de 2012

El Estímulo


Algunos de los episodios más importantes de la historia han tenido lugar tras una palabra de estímulo o una demostración de confianza por parte de un ser querido o de un amigo entrañable. 

De no haber sido por Sophia, su amante esposa, quizá no contaríamos hoy, entre los grandes nombres de la literatura, a Nathaniel Hawthorne. Cuando Nathaniel, con el corazón destrozado, volvió a casa a contarle a su mujer que era un fracasado y que acababan de despedirlo de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de júbilo:

—¡Ahora podrás escribir tu libro!
—Sí —replicó él, con el ánimo por el suelo—, ¿y de qué viviremos mientras lo escribo?

Se quedó pasmado cuando ella abrió un cajón y le mostró una importante suma de dinero.

—¿De dónde has sacado eso? —exclamó.
—Siempre he pensado que tú eres un hombre de genio —fue la respuesta de Sophia—, y que algún día escribirías una obra maestra. Por eso todas las semanas, del dinero que me dabas para la casa, he ido ahorrando un poquito. Con lo que tenemos aquí nos bastará para vivir un año entero.

De la seguridad y la confianza de esta mujer nació una de las novelas más importantes de la literatura de los Estados Unidos, LA LETRA ESCARLATA.

NIDO QUBEIN

viernes, 12 de octubre de 2012

Felicidad...


Necesito desesperadamente que alguien me ayude o voy a volverme loco. Vivo en una pequeña habitacion con mi mujer, mis hijos y mis parientes, de manera que tenemos los nervios apunto de estallar y no dejamos de gritarnos y de increparnos los unos a los otros. Aquello es un verdadero infierno...

¿Me prometes que haras lo que yo te ordene?>> le dijo el maestro con toda seriedad.


¡Te juro que lo hare!

Perfectamente. ¿Cuántos animales tienes?

Una vaca, una cabra y seis gallinas.

Metelas a todas en una habitacion y vuelve a verme dentro de una semana.

El discipulo quedo horrorizado, pero ¡habia prometido obedecer...! De modo que lo hizo y regreso al cabo de una semana quejandose desconsoladamente: ¡Vengo hecho un manojo de nervios! ¿Qué suciedad, que peste, que ruido...! ¡Estamos todos a punto de volvernos locos!

Vuelve otra vez, dijo el maestro, y saca a todos los animales fuera.

El hombre se marcho a su casa corriendo y regreso al dia siguiente radiante de alegria: ¡Que felicidad! Han salido todos los animales y aquello es ahora un paraiso. ¡Que tranquilidad, que limpieza, que amplitud...!.

ANTHONY DE MELLO

jueves, 11 de octubre de 2012

El Guerrero Samurai


Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí.

Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.



El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Todos juntos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.


Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:


-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?


El maestro les preguntó:

-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?

-A quien intentó entregarlo, respondió uno de los alumnos.


Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos.

-Dijo el maestro, cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.


DESCONOCIDO

martes, 9 de octubre de 2012

Sobre Hablar o guardar Silencio


 
Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
 
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.
 
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías
 
Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
 
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
 
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
 
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
 
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.

Extractos del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de KENT NERBURN.


 

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