miércoles, 14 de noviembre de 2012

El Amor de una Estrellita


Su cabello estaba arreglado en una colita, y lucí­a su vestido favorito con un lazo. Hoy celebraban el Dí­a del Padre en el colegio y no querí­a dejar de ir. Su mamá trató de decirle que tal vez debiera quedarse en casa. Tal vez los niños no entenderí­an si iba al colegio sola. Pero ella no tení­a miedo; sabí­a exactamente qué decir; qué decirle a sus compañeros de clase sobre el porqué él no estaba allí­ hoy. Sin embargo, su madre siguió preocupada de que ella enfrentase sola el dí­a, por lo que, una vez más, intentó retenerla en casa. Pero la niñita fue al colegio, ansiosa de contarle a todos acerca de un papá que nunca ve, un papá que nunca llama.

Habí­a papás alineados al fondo del salón preparados para ser felicitados. Los niños se moví­an impacientes en sus asientos. Uno por uno, la maestra llamó a los alumnos de la clase para que presentaran a sus papás, mientras transcurrí­an lentamente los segundos. Por fin, la maestra dijo su nombre y los niños voltearon a mirarla; todos buscando a un hombre que no estaba allí­.
 
- ¿Dónde está su papá? se escuchó a un niño decir.
- Probablemente no tiene uno, se atrevió otro a gritar.

Y desde algún lugar cerca al fondo, se oyó a un papá decir:
 
- Parece que tenemos a otro padre desinteresado, demasiado ocupado para perder su dí­a.

Las palabras no la ofendieron mientras sonreí­a a su mamá y se volteaba hacia la maestra, quien le pidió que continuase. Con sus manitas en la espalda, lentamente comenzó a hablar, y de su boca salieron palabras increí­bles.
 
- “Mi papito no puede estar aquí­ porque vive muy lejos. Pero sé que él desearí­a estar conmigo por tratarse de un dí­a tan especial. Y aunque no puedan conocerlo, quiero que sepan todo sobre mi papá y sobre cuánto me ama.

- “Le gustaba contarme historias; me enseñó a montar bicicleta. Me sorprendí­a con rosas rosadas y me enseñó a volar cometas. Solí­amos compartir malteadas y helados en barquillo. Y aunque no puedan verlo, no estoy parada aquí­ sola, porque mi papito está siempre conmigo aunque estemos separados. Lo sé, porque él me prometió que estarí­a para siempre en mi corazón.

Diciendo aquello, estiró su manita y la colocó sobre su pecho. Sintiendo el latir de su propio corazón, debajo de su traje favorito. Desde algún lugar, en medio de la multitud, su mamá estaba bañada en lágrimas mientras veí­a con orgullo a su hija, mucho más sabia de lo que sus años le concedí­an: Afirmar el amor de un hombre que, no estando presente en su vida, hací­a lo mejor por ella. Y cuando bajó su manita, contemplando directamente a la multitud, finalizó con suave voz pero con un mensaje claro y fuerte:
 
- Yo amo mucho a mi papito; él es mi estrellita. Si él pudiera, estarí­a aquí­ conmigo, pero el cielo está demasiado lejos el murió en una batalla, luchando por su patria. A veces cierro mis ojos y siento como si nunca se hubiera ido.

La pequeña cerró sus ojos y pudo verle allí­ aquel dí­a. Para asombro de su madre, todos los papás e hijos que estaban en el salón comenzaron a cerrar sus ojos. Quién sabe qué vieron al frente, quién sabe qué sintieron por dentro. Luego ella habló al vací­o:
 
- Yo sé que estás conmigo, papito.

Nadie en aquel salón pudo explicar lo que pasó en aquel salón, ya que todos tení­an los ojos cerrados. Pero en el escritorio, junto a ella, habí­a una fragante rosa rosada de tallo largo. Una niña fue bendecida, aunque fuese por un instante, por el amor de su estrellita, y le fue concedido el don de creer que el cielo nunca está demasiado lejos.

Autor Desconocido

No hay comentarios:

PARTICIPAR EN ESTE BLOG