lunes, 5 de noviembre de 2012

Limpieza del Alma y el Corazón


La semana pasada tiré el preocuparme, se estaba poniendo viejo y me estorbaba. Me impedí­a ser yo misma, no podí­a actuar a mi modo.

Tiré esas inhibiciones, no dejaban lugar para mí­.

Hice lugar para mi nuevo crecimiento; me deshice de mis viejos sueños y dudas. Tiré un libro sobre mi pasado (igual no tení­a tiempo para leerlo).

Lo reemplacé con nuevas metas y empecé a leerlo hoy.

Tiré los juguetes de mi niñez (¿recuerdan cuánto les estorbaba yo?)

Conseguí­ una nueva filosofí­a y también tiré la de mucho tiempo atrás.

Compré algunos libros nuevos llamados: puedo, haré y debo.

Tiré el podrí­a, harí­a y deberí­a. ¡Ah!, si hubieran visto el polvo...

Me topé con un viejo amigo, a quien no lo habí­a visto hace bastante tiempo, creo que su nombre es Dios.

Si, realmente me gusta su forma de ser. Me ayudó con la limpieza y agregó algunas cosas, tales como: oración, esperanza y fe.

Sí­, las puse en mi estante.

Tomé algo especial y lo coloqué en la puerta principal. La encontré se llama paz.

Ya nada me puede abatir. Ahora mi casa esta muy linda, todo se ve bastante bien.

Para preocupaciones y problemas, simplemente no hay lugar.

Es bueno limpiar la casa, especialmente la interior; ya que deshacerse de tanta cosa que estorba, hace todo más alegre.

A lo mejor tú deberí­as tratar de hacer lo mismo.

Autor Desconocido


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