miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Pueden los Egoistas Amar?


Había una vez, en un lejano país más allá de los mares del Este, dos amigos cuyo afán de saber acerca del Bien y del Mal los hizo viajar hasta la remota cabaña del sabio Lao. Una vez allí, le preguntaron:
 

- Dinos, Maestro, ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?

 
El anciano cerró los ojos, se abstrajo profundamente y, tras varios minutos, dijo:
- Veo una gran mesa llena de toda clase de manjares, exquisitos, y cientos de personas intentan comer de ellos... Pero sus cucharas están unidas a sus manos y son más largas que sus brazos... Pueden tomar los alimentos, pero no pueden llevárselos a sus bocas... Por eso lloran y gritan de hambre y desesperación... Y sus cuerpos están demacrados y enfermos...

Los visitantes se quedaron atónitos y, tras una larga pausa, el sabio en trance continuó: 

- Veo ahora otra mesa igual, llena de manjares exquisitos, y cientos de personas intentan comerlos... También llevan atadas grandes cucharas más largas que sus brazos, pero no lloran ni gritan, sino que sonríen... Están alegres... Sus cuerpos no están famélicos, sino llenos de vida... Todos se dan de comer unos a otros...

Siguió un muy largo silencio. Más tarde, los dos amigos dieron las gracias al sabio Lao y se marcharon. Habían comprendido.

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