viernes, 9 de noviembre de 2012

Vivamos en la Realidad


Hay quienes viven encadenados a un fracaso o a una herida que nunca
deja de supurar. Son personas que se amargan hoy porque hace veinte
años su madre no los quiso, porque no pudieron estudiar lo que
querí­an, porque su pareja los traicionó, porque perdieron
injustamente su trabajo, o lo que sea.


No han perdonado ni se han perdonado ese viejo dolor, y están ahí­,
dándole vueltas a su amargura, torturándose con sus errores y sus
rencores. Como dice Martí­n Descalzo, parecen estatuas de sal que no
logran vivir el presente de tanto mirar hacia atrás.


Hay otros que también viven centrados en el pasado, pero estos no
por amargura sino por añoranza, son esas personas que no les gusta
el presente pero tampoco tienen el valor necesario para mejorarlo y
por eso dedican sus pocas energí­as a lamentarse y a suspirar por
otros tiempos supuestamente mejores.


El presente que tenemos es en buena medida resultado del pasado que
ellos hicieron. El pasado es útil en la medida que ilumina el
presente y alimenta el futuro, en la medida en que deja de ser
pasado y se convierte en acicate para el presente y no en estéril
añoranza.


Los que viven encadenados al pasado suelen estar también intimidados
por el futuro. Es un miedo que paraliza y consume a las personas,
como esas arañas que primero anestesian e inmovilizan a sus ví­ctimas
para luego devorarlas poco a poco.


Otros viven condicionados por el futuro, porque aplazan todo lo que
les cuesta. No se atreven a eludirlo directamente, y por eso
recurren casi inconscientemente a retrasar todo lo que se les pone
un poco cuesta arriba. No se sienten con ánimos y enseguida lo
dejan para otro momento, que muchas veces jamás llega.


De manera semejante a como algunos consumen marihuana o cocaí­na para
eludir por un tiempo disfrazando la realidad de la vida, así­ se
fugan al pasado o al futuro aquellos que no tienen el valor de tomar
con fuerza las riendas del presente.


Es preciso hacer hoy lo que tenemos que hacer hoy, y tomar
conciencia de que sólo el presente existe en la realidad y desde ahí­
tratar de ser feliz y hacer felices a los demás, aceptando con paz y
amor cada situación que la vida nos presente.

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