lunes, 17 de diciembre de 2012

Una historia para reflexionar sobre el Orgullo

Hace mucho tiempo, había una grulla y un flamenco que vivían en los extremos opuestos de cierto lago. Coincidían a veces, pero cada uno llevaba su vida, y se ignoraban mutuamente.

Hasta que un día el flamenco se dijo a sí mismo: «Estoy muy solo, y esta vida es aburrida... Iré a ver a la grulla y le pediré que se case conmigo».

Y eso fue lo que hizo. Al oír su petición, la grulla la rechazó de plano: «Eres feo, tienes las patas muy delgadas  y, además, estoy muy tranquila viviendo sola, así que vete ahora mismo». Compungido y triste, el flamenco se marchó.

Transcurridos unos días, la grulla empezó a arrepentirse de haber rechazado tan groseramente al flamenco: «Después de todo, creo que sería buena idea casarme con él... Mejor eso, que pasarme todo el día buscando peces en el lago y soportando a mis compañeras». Con esta determinación, acudió a ver al flamenco.

Cuál no sería su sorpresa cuando el flamenco rechazó su petición: «¡Pues ahora soy yo el que no se quiere casar contigo! ¡Lo he pensado mejor, y estoy mejor solo que aguantando a una grulla maleducada como tú!» Así que la grulla regresó a su lado del lago.

Pocos días pasaron hasta que el flamenco se recriminó a sí mismo el trato que le había dado a su vecina: «No lo entiendo», se dijo, «yo me quiero casar con ella, viene a pedírmelo, y la rechazo... no sé en qué estaría pensando... voy corriendo a decirle que sí».

Mas la grulla, herida en su orgullo, volvió a rechazar la petición del flamenco: «¡Pues ahora yo no me quiero casar contigo! Te di tu oportunidad y la desaprovechaste»

Pero al cabo de varios días la grulla volvió a arrepentirse de haber despreciado al flamenco, y volvió a acudir a él, aceptando su petición... la cual, por supuesto, fue rechazada por el flamenco...

Dice la historia que todavía siguen así la grulla y el flamenco.

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