jueves, 28 de febrero de 2013

Cuida lo mas valioso de tu Vida

Había una vez una joven , que tenia de todo.......un esposo
maravilloso, hijos perfectos, un buen empleo que le daba
muchísimas gratificaciones y una familia muy unida....lo
extraño es que ella no podía conciliar todo eso......el trabajo
y los quehaceres la ocupaban todo el tiempo y su vida
siempre era complicada en algunas áreas

Si el trabajo le tomaba mas tiempo , ella tomaba tiempo de
los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado al esposo
para tener mas tiempo para resolverlos, y así las personas
que ella amaba y sus necesidades pasaban a segundo lugar
para después...

Un dia su padre, un hombre muy sabio, le dio un hermoso
regalo, UNA FLOR muy cara y rara de la cual solo existía un
ejemplar en todo el mundo, era única, irrepetible.
Al entregársela a la hija, este le dijo: " hija, esta flor te va a ayudar mucho...! mas de lo que te imaginas!

Tan solo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando y a
veces conversar un poco con ella y a cambio te dará un
perfume maravilloso y flores divinas

La joven quedo muy emocionada....a fin de cuentas la flor
era de una belleza sin igual...

Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el
trabajo consumía todo el tiempo y su vida continuaba agitada
y confusa que no le permitía cuidar de la flor...

Ella llegaba a casa, miraba la flor y estaba viva, no mostraba
señal de debilidad o de estar marchitándose, apenas un poco
descolorida, pero aun linda y perfumada, entonces ella pasaba
de largo, aspirando embelesada el aroma que ella dejaba en la
casa

Hasta que un dia, sin darse cuenta la flor murió, ella al llegar a
casa se llevo un tremendo susto y una honda pena, la bella flor
ahora estaba marchita y sin vida, la raíz reseca, sus hojas caídas,
oscuras y arrugadas ...la joven lloro mucho y contó a su padre
lo que había sucedido...

Su padre le respondió "yo ya me imaginaba que eso ocurriría,
lastimosamente no puedo curar tu pena dándote otra flor igual a
esa que pueda compensar su falta, porque era única, así como
tus hijos, tu esposo, tu familia... todos son bendiciones que has
recibido de Dios, pero tienes que aprender a regarlos, podarlos y
darles atención, pues al igual que la flor que has perdido, los
sentimientos también se mueren y se marchitan... Te
acostumbraste a ver la flor siempre ahí, siempre florecida y
perfumada y te olvidaste de cuidarla

! CUIDA A LAS PERSONAS QUE AMAS!


miércoles, 27 de febrero de 2013

El Vuelo del Halcón

Un rey recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería, para que los entrenara.

Pasados unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacer volar el ave.

Encargó, entonces, la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Al día siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil.

Entonces, decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón.

A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.
El rey le dijo a su corte, "Traedme al autor de ese milagro".
Su corte rápidamente le presentó a un campesino.

El rey le preguntó:
- ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado el campesino le dijo al rey:
- Fue fácil mi rey. Sólo corte la rama, y el halcón voló.
- Se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar.

¿A que estás agarrado que te impide volar? ¿De qué no te puedes soltar?

Vivimos dentro de una zona de comodidad donde nos movemos, y creemos que eso es lo único que existe. Dentro de esa zona está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos.
Convivimos con nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones.

En esa zona reina nuestro pasado y nuestra historia. Todo lo conocido, cotidiano y fácil...

Tenemos sueños, queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos. No siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.

Deja de aferrarte a tu propia rama y corre el riesgo de volar más alto y quizás en tu vida como en la mía, podamos descubrir que las palabras del gran apóstol Pablo hoy más que nunca están vigentes:

"Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman". (1ª Corintios 2:9)
Dios nos ha dado alas para volar alto, tan alto como las águilas y descubrir que sus pensamientos al igual que sus caminos, son mas altos que los nuestros. 

martes, 26 de febrero de 2013

La Palmera y la Piedra

Había una vez un hombre malvado llamado Ben Sadok, cuyo carácter era tan violento que no podía ver nada hermoso sin estropearlo. Este hombre llegó a orillas de un oasis donde crecía una bella y joven palmera. Su vista hirió los ojos del malvado, que tomó una gran piedra, la puso encima de la corona de la palmera y continuó su camino.

La joven planta se sacudió, se inclinó e intentó deshacerse de la pesada carga sin éxito. Entonces arañó el suelo, excavó y se mantuvo en pie a pesar de la enorme piedra. Como no podía estirar sus ramas, se fue hundiendo y enterró sus raíces tan profundamente que encontró las vetas de agua más escondidas del oasis. Esas aguas frescas la alimentaron y fortalecieron hasta que creció tan alto que ya ningún árbol pudo hacerle sombra.

Al cabo de unos años volvió el malvado Ben Sadok, para alegrarse la vista con el árbol que él había estropeado. Buscó sin éxito hasta que la palmera más orgullosa bajó su corona, le enseñó la piedra y le dijo:
—Tengo que darte las gracias porque tu carga me ha hecho fuerte.

Cuento popular africano.


lunes, 25 de febrero de 2013

La Oca de Oro

Un hombre tenía tres hijos, al tercero de los cuales llamaban «El zoquete», que era menospreciado y blanco de las burlas de todos. Un día quiso el mayor ir al bosque a cortar leña; su madre le dio una torta de huevos muy buena y sabrosa y una botella de vino, para que no pasara hambre ni sed. Al llegar al bosque se encontró con un hombrecillo de pelo gris y muy viejo, que lo saludó cortésmente y le dijo: - Dame un pedacito de tu torta y un sorbo de tu vino. Tengo hambre y sed. El listo mozo respondió - Si te doy de mi torta y de mi vino apenas me quedará para mí; sigue tu camino y déjame -y el viejo quedó plantado y siguió adelante. Se puso a cortar un árbol, y al poco rato pegó un hachazo en falso y el hacha se le clavó en el brazo, por lo que tuvo que regresar a su casa a que lo vendasen. Con esta herida pagó su conducta con el hombrecillo. Partió luego el segundo para el bosque, y, como al mayor, su madre lo proveyó de una torta y una botella de vino.

También le salió al paso el viejecito gris, y le pidió un pedazo de torta y un trago de vino. Pero también el hijo segundo le replicó con displicencia: - Lo que te diese me lo quitaría a mí; ¡sigue tu camino! ­y dejando plantado al anciano, se alejó. No se hizo esperar el castigo. Apenas había asestado un par de hachazos a un tronco cuando se hirió en una pierna, y hubo que conducirlo a su casa. Dijo entonces «El zoquete»: - Padre, déjame ir al bosque a buscar leña. - Tus hermanos se han lastimado -lecontestó el padre-; no te metas tú en esto, pues no entiendes nada. Pero el chico insistió tanto, que, al fin, le dijo su padre: -Vete, pues, si te empeñas; a fuerza de golpes ganarás experiencia. Le dio la madre una torta amasada con agua y cocida en las cenizas y una botella de cerveza agria.

Cuando llegó al bosque se encontró igualmente con el hombrecillo gris, el cual lo saludó y dijo: - Dame un poco de tu torta, y un trago de lo que llevas en la botella, pues tengo hambre y sed. - No llevo sino una torta cocida en la ceniza y cerveza agria -le respondió «El zoquete»-; si te conformas, sentémonos y comeremos. Y se sentaron. Y he aquí que cuando el mozo sacó la torta, resultó ser un magnífico pastel de huevos, y la cerveza agria se había convertido en un vino excelente. - Puesto que tienes buen corazón y eres generoso, te daré suerte. ¿Ves aquel viejo árbol de allí? Pues córtalo; encontrarás algo en la raíz. Y con estas palabras, el hombrecillo se despidió. «El zoquete» se encaminó al árbol y lo derribó a hachazos, y al caer apareció en la raíz una oca de plumas de oro puro. Se la llevó consigo y entró en una posada para pasar la noche.

El dueño tenía tres hijas, que, al ver la oca, sintieron por ella una gran curiosidad, y el deseo de poseer una de sus plumas de oro. La mayor pensó: «Será mucho que no encuentre una oportunidad para arrancarle una pluma», y, un momento en que el muchacho salió de su cuarto, sujetó la oca por un ala; pero los dedos y la mano se le quedaron pegados a ella. Pronto acudió la segunda, con la idea de llevarse también una pluma de oro; pero no bien tocó a su hermana quedó pegada a ella. Finalmente, fue la tercera con idéntico propósito, y las otras le gritaron: - ¡Apártate, por Dios Santo, apártate! Pero ella, no comprendiendo por qué debía apartarse y pensando que si sus hermanas estaban allí, también ella podía estar, se acercó y, apenas hubo tocado a la segunda, quedó asimismo aprisionada sin poder soltarse. Y así tuvieron que pasarse la noche pegadas a la oca.

A la mañana, «El zoquete», tomando el animal bajo el brazo, emprendió el camino de su casa, sin preocuparse de las tres muchachas, que lo seguían quieras o no, haciendo eses, según le llevaban a él las piernas. En medio del campo se encontraron con el señor cura, quien, al ver la comitiva, dijo: - ¿No les da vergüenza, descaradas, correr de este modo tras este joven en despoblado? ¿Les parece decente? Y sujetó a la menor por la mano con intención de separarla; pero no bien la tocó, quedó a su vez enganchado y tubo que participar también en la carrera.

Al poco rato acertó a pasar el sacristán, y, al ver al señor cura que seguía a las muchachas, sorprendido dijo: - ¿Y pues, señor cura, adónde va tan de prisa? ¿Se ha olvidado de que hoy tenemos un bautizo? -y corriendo hacia él, lo tomó de la manga, quedando asimismo sujeto. Trotando así los cinco, topáronse con dos labradores que, con sus azadones al hombro, regresaban del campo. Los llamó el cura, pidiéndoles que lo desenganchasen, a él y al sacristán; pero no bien hubieron tocado los hombres a este último, ¡helos también aprisionados! Y ya eran siete los que corrían en pos de «El zoquete» y su oca.

Poco después llegaron a una ciudad, cuyo rey era padre de una hija tan seria, que nadie, había logrado hacerla reír. Por eso el Rey había hecho pregonar que daría la mano de la princesa al hombre que fuese capaz de provocar su risa. Al enterarse de ello, «El zoquete», arrastrando todo su séquito, se presentó a la hija del Rey, y al ver ella aquella hilera de siete personas corriendo sin parar una tras otra, se echó a reír tan fuerte y tan a gusto, que no podía cesar en sus carcajadas. Entonces «El zoquete» la pidió por esposa. Pero el Rey, al que no gustaba aquel yerno, opuso toda clase de objeciones, y, al fin, le dijo que antes debía traerle a un hombre capaz de beberse todo el vino que cabía en la bodega de palacio. Pensó el joven en su hombrecillo del bosque y fue a pedirle ayuda. Y he aquí que en el mismo lugar donde cortara el árbol vio sentado a un individuo en cuyo rostro se pintaba la pena. Le preguntó «El zoquete» el motivo de su pesar, y el otro le contestó: - Sufro de una sed terrible, que no puedo calmar de ningún modo.

No puedo con el agua fría, y aunque me he bebido todo un tonel de vino, ¿qué es una gota sobre una piedra ardiente? - Yo puedo remediar esto -díjo el joven-. Vente conmigo y te prometo que beberás hasta reventar. Y así diciendo, lo condujo a la bodega real, donde el hombre la emprendió, bebe que te bebe, con las voluminosas cubas, hasta que ya le dolían las caderas, y antes de que se hubiese terminado el día, había vaciado toda la bodega. «El zoquete» acudió nuevamente a reclamar su novia; pero el Rey, irritado al pensar que un mozo que todo el mundo tenía por tonto se hubiese de llevar a su hija, le puso una nueva condición. Antes debía encontrar a un hombre capaz de comerse una montaña de pan. No se lo pensó mucho el mozo, sino que se dirigió inmediatamente al bosque, y en el mismo lugar que antes, encontró a un hombre ocupado en apretarse el cinturón y que, con cara compungida, le dijo: - Me he comido toda una hornada de pan.

Pero, ¿qué es esto para un hambre como la que yo tengo? Mi estómago sigue vacío, y no me queda más recurso que apretarme el cinturón para no morirme de hambre. Dijo «El zoquete» muy contento: - Vente conmigo y te vas a hartar. Y lo llevó a la corte del Rey, el cual había mandado reunir toda la harina del reino y cocer con ella una enorme montaña de pan. El hombre del bosque se situó enfrente de ella, empezó a comer, y, al ponerse el sol, aquella enorme mole había desaparecido.

Por tercera vez reclamó «El zoquete» a la princesa; pero el Rey, buscando todavía excusas, le exigió que le trajera un barco capaz de ir por tierra y por agua. -En cuanto llegues navegando en él -díjo-, mi hija será tu esposa. Nuevamente se encaminó el muchacho al bosque, donde lo aguardaba el viejo hombrecillo gris con quien repartiera su torta, y que le dijo: - Para ti he comido y bebido, y ahora te daré el barco. Todo eso lo hago porque fuiste compasivo conmigo. Y le dio el barco que iba por tierra y por agua; y cuando el Rey lo vio, ya no pudo seguir negándose a entregarle a su hija. Se celebró la boda; a la muerte del Rey, «El zoquete» heredó la corona, y durante largos años vivió feliz con su esposa.

Autores: Los Hermanos Grimm. Jacob Karl Grimm y Wilhelm Grimm.

viernes, 22 de febrero de 2013

Auxilio en la Lluvia

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana de edad avanzada estaba parada en el borde de una autopista de Alabama bajo una fuerte tormenta. Su automóvil se había descompuesto y necesitaba desesperadamente que alguien la llevara.

Empapada, decidió hacerle señas al próximo carro que pasara. A pesar de ser una época de agudos conflictos raciales, un joven blanco se detuvo a ayudarla, la llevó a un lugar seguro y la puso en un taxi.

La señora, que parecía bastante apurada, anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.
Siete días después, tocaron a la puerta de la casa del joven. Para su sorpresa, era un paquete a su nombre: un televisor de pantalla gigante con una nota que decía: "Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche.

La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Sinceramente, la señora de Nat King Cole".


No esperes nada a cambio y lo recibirás.

jueves, 21 de febrero de 2013

El Tesoro Perdido


El sol poniente se hundía de los picos helados de las montañas y éstos se tornaban rojos como ascuas. En las azoteas de las casas de Lhasa, los niños hacían volar cometas de brillantes colores sujetas a hilos espolvoreados con el polvo de vidrio. Los niños corrían y brincaban entrelazándose —con las cometas siguiendo sus movimientos—, mientras reían alborotadamente tratando de cortarse mutuamente los hilos de las cometas. Un niño de unos seis años estaba sentado junto a su tío, un monje vestido con hábitos de color marrón. Observaban a la cometa del niño elevarse cada vez más en el cielo. Sostenida por el viento, estaba tan alta, que parecía que no se movía.

Sin dejar de mirar a la cometa, el niño dijo: —Cuéntame un cuento, tío. El monje sonrió entre dientes. —Una historia antigua, pues “Un padre le dijo a su hijo —empezó el monje—: `Voy a morir pronto, hijo mío. Llévate mi oro a tu casa. Es tuyo. Pero recuerda que no has de fiarte de nadie. Ni siquiera de tu esposa´. El padre confiaba en que su hijo, Sonam, tendría presente su consejo y comprendería cómo se estilan las cosas en el mundo. “Pero Sonam tenía un gran amigo, de nombre Tamchu.

De niños habían ido a la escuela juntos, y por las tardes habían jugado al juego del volante con el pie. Tamchu vivía en la aldea próxima con su mujer y sus dos hijos pequeños. “Un día Sonam decidió salir de peregrinaje al monasterio santo y pensó: `Cuando mi padre estaba vivo, me dijo que no me fiara de nadie´. Pero cuando pensó en su amigo Tamchu, no podía admitir que estas palabras debieran aplicarse también a éste. No a Tamchu. Así pues, llevó sus dos bolsas de pepitas de oro a casa de su amigo y le dijo: `Tamchu, por favor, guárdame el oro mientras esté fuera. Este es el oro que mi padre me dio al morir´. Tamchu dijo: `Oh, sí, naturalmente. Guardaré tu oro con mucho cuidado, y cuando vuelvas de tu peregrinaje, aquí lo encontrarás. No tienes por qué preocuparte. Somos buenos amigos´. “Así —continuó el monje—, pasó un año y Sonam volvió de su peregrinaje. Fue a casa de Tamchu y le pidió a su amigo: `¿Puedes devolverme mi oro, Tamchu?´.

`¡Oh, lo siento muchísimo, Sonam!, ¡Qué desgracia, qué desgracia! ¡El oro se ha convertido en arena!´, contestó Tamchu, mirando a su amigo con cara de estar muy asombrado. Pero Sonam, mientras su amigo le contaba este singular acontecimiento, no pareció sorprendido y, después de unos minutos de silencio, dijo: `Está bien, Tamchu, no te preocupes; hiciste todo lo que pudiste para vigilar mi oro´. “Los dos hombres comieron juntos y pareció como si la pérdida del oro hubiera sido olvidada por completo. Al atardecer, Sonam dijo a su amigo: `Tamchu, me gustaría cuidar de tus hijos durante unos meses, ya que no tengo familia propia. Me gustaría darles buena comida y buena ropa. Serían muy felices en mi casa´. `¡Muy buena idea, Sonam!´, dijo Tamchu, quien pensó: `Aunque ha perdido todo su oro a mis manos, quiere cuidar de mis hijos.

Ciertamente, es muy buena persona´. Y así, añadió: `Desde luego, Sonam. Llévate a mis hijos todo el tiempo que quieras´. Sonam se llevó a los niños a su casa y los cuidó muy bien. Pero compró dos monos pequeños y les puso los nombres de los niños. Durante los días que siguieron, adiestró a los monos para que cuando él llamase `¡Tendxin, ven aquí!´, el mono mayor corriera hacia él, y que cuando llamase `¡Thupten, ven aquí!´, el mono más joven fuera hacia él. Los monos comprendieron muy bien y aprendieron muy rápido. Cuando Tamchu fue a ver a sus hijos, Sonam mostró un triste semblante a su amigo: `¡Oh lo siento muchísimo, Tamchu! —dijo— ¡Qué desgracia!, ¡qué desgracia! ¡Tus hijos se han convertido en monos!´. Tamchu quedó agobiado y llamó a sus hijos por sus nombres. Al instante, aparecieron los dos monitos y corrieron hacia él.

Cogieron de la mano a Tamchu y bailaron a su alrededor como si fuesen chiquillos. Tamchu quedó muy apenado y preguntó a su amigo: `Sonam, ¿qué podemos hacer?¿Cómo podemos hacer que estos monos se conviertan de nuevo en mis hijos?´. Sonam estuvo pensativo unos instantes y luego le dijo a su amigo: —Eso es fácil, pero para ello necesitamos mucho oro. —¿Cuánto oro bastaría? —preguntó Tamchu. —Unas dos bolsas de pepitas de oro, por lo menos. —Tan pronto como pueda traeré las bolsas de oro —dijo Tamchu, que salió corriendo hacia su casa. Más tarde, volvió y le dio el oro a su amigo. Sonam lo cogió y le dijo a Tamchu que esperase mientras él subía al piso de arriba. Al cabo de unos momentos, volvió a bajar. `Ahí tienes, Tamchu. He transformado de nuevo a los monos en seres humanos, en tus hijos´. Tamchu estuvo encantado de recobrar a sus hijos, pero miró con empacho a Sonam. Pero enseguida, los dos amigos no pudieron romper a reír”.

Al terminar esta historia, el propio monje rompió a reír al ver cómo el hilo de la cometa de su sobrino había sido cortado mientras éste escuchaba el relato. Ambos contemplaron a la cometa flotar sobre el valle de Lhasa y volar hacia los dorados tejados del Potala. TEN CUIDADO CON LA MIEL QUE SE TE OFRECE SOBRE UN CUCHILLO AFILADO

miércoles, 20 de febrero de 2013

Quemando las Naves


Alrededor del año 335 a.C., al llegar a la costa de Fenicia, Alejandro Magno debió enfrentar una de sus más grandes batallas. Al desembarcar, comprendió que los soldados enemigos superaban tres veces el tamaño de su gran ejército. Sus hombres estaban atemorizados y no encontraban motivación para enfrentar la lucha: habían perdido la fe y se daban por derrotados. El temor había acabado con aquellos guerreros invencibles.

Cuando Alejandro hubo desembarcado sus tropas en la costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas las naves. Mientras los barcos se consumían en llamas y se hundían en el mar, reunió a sus hombres y les dijo: "Observen cómo se queman los barcos. Esta es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos.

Debemos salir victoriosos en esta batalla, pues sólo hay un camino de vuelta, y es por mar. Caballeros, cuando regresemos a casa, lo haremos de la única forma posible: en los barcos de nuestros enemigos".
El ejército de Alejandro venció en aquella batalla, y regresó a su tierra a bordo de las naves conquistadas.

Los mejores hombres no son aquellos que han esperado las oportunidades, sino lo que las han buscado y aprovechado a tiempo, los que las han asediado, los que las han conquistado

martes, 19 de febrero de 2013

El Amor Verdadero


Una mujer de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para curarse una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.


Me respondió que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su amado esposo que vivía allí. Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un alzehimer muy avanzado.

Mientras terminaba de vendar la herida, le pregunté si el se preocuparía en caso de que ella llegara tarde esa mañana. No! me dijo, él ya no sabe quien soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañado, ¿y si no sabe quién es usted, por qué esa necesidad de estar con el todas las mañanas?

Me sonrió, y dándome una palmadita en la mano, me dijo: "El no sabe quién soy yo, pero Yo todavía sé muy bien quién es él".

Tuve que contener las lágrimas, y mientras salía pensé: "Esa es la clase de amor que quiero en mi vida; el verdadero amor no se reduce a lo físico o romántico, el verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será, y de lo que ya nunca podrá ser". ……. Amarnos, respetarnos….. "Hasta el final de nuestros días"

Existe ese amor, más de lo que parece a simple vista, cuando una pareja envejecen juntos, los hijos se casan, llegan los nietos y se continua amando a la pareja, en las alegrí­a y en las penas de la vida, q de todo hay. Pero lo q hace más ruido son las separaciones, los divorcios, sobretodo de personas conocidas y famosas, pero existe ese amor silencioso, del dí­a a dí­a. 


lunes, 18 de febrero de 2013

Una Promesa es una Promesa

Esta es la historia de un duendecito llamado Jim, que a pesar de ser amable, alegre y juguetón, se fue quedando sin amigos, ¡vamos! ¡ni siquiera lo quería mirar el sol! Y es que a Jim le encantaba hacer promesas por doquier; daba su palabra por acá, por allá, por ahí y también por aquí.

Ocurrió un día que iba a haber una gran fiesta en el bosque para celebrar el cumpleaños de los grandes robles ¡cumplían trescientos añitos nada más! Y el bosque entero, con todas sus criaturas (las mágicas y las que no lo son) se estaban organizando para la gran celebración.

Y entre tanto barullo sobresalió la voz de Jim, que de inmediato se puso a prometer que llegaría primero que todos para adornar el bosque entero, y que también hornearía el pastel, prometió además que luego de la fiesta él iba a limpiar todo y a lavar los trastos, incluso le prometió a todas las duendecitas que bailaría con ellas al menos una vez. Habiendo dicho eso los habitantes del bosque quedaron sorprendidos, y tomando la palabra del duende quedaron muy seguros que la fiesta sería grandiosa y de lo más divertida.

Pues llegó por fin el tan esperado día del evento; pero cuando fueron llegando todos los invitados se desilusionaron enormemente, porque el bosque se veía como siempre se ve, no había guirnaldas de flores, ni faroles de colores, no había serpentinas, ni mantelitos, no había ni una sola decoración, todo estaba en silencio total. Y los distinguidos festejados se veían con sus hojitas tristes, pues de verdad esperaban una gran fiesta para celebrar que habían sido ellos los fundadores de aquellos bosques; así que de inmediato todos los demás, desde pequeñas luciérnagas y hadas hasta los trolls y las ardillas comenzaron a trabajar a toda prisa para adornar el lugar.

Pero luego notaron que ni siquiera tenían el pastel de cumpleaños para festejar, y todos sabemos que un cumpleaños sin pastel con velitas encima es muy triste, porque se supone que uno puede pedir un deseo que se hará realidad, y sin pastel y sin velitas los grandes robles no podían pedir su deseo, así que su hojitas se pusieron todavía más tristes. Pues así tristes estaban todos, porque hornear un pastel tan grande no era cosa fácil ni rápida y tardarían toda la tarde, y cuando llegaron las duendecitas, con sus vestidos de pétalos fragantes notaron que no había fiesta, ni música, que todos estaban tristes y molestos y sobre todo notaron que el duendecito Jim no aparecía por ningún lado, y las duendecitas, que estaban todas ilusionadas por bailar con Jim, también se sintieron tristes y enojadas, y al ver eso, los grandes robles no pudieron más y se soltaron a llorar, porque la fiesta no era alegre, ni divertida, y todos tenían las caritas fruncidas, y algo muy dentro del bosque comenzó a temblar, comenzó a resquebrajarse, sonaba como un montón de galletas rompiéndose a la mitad ... y, en efecto, algo se había roto por la mitad ... ¡ERA EL CORAZÓN DEL BOSQUE! ...

Al escuchar aquel estruendo Jim despertó de la siesta que estaba tomando en lo profundo de los pétalos de un dulce tulipán, y salió corriendo a ver que ocurría, y cuando llegó al bosque notó que todos los árboles estaban partidos por la mitad, que todas las hadas, los duendes, los trolls, las aves, los colibríes y todos los demás estaban tristes, enojados y nadie quería hablar con él. “¡PERDÓN! ¡PERDÓN!” –gritaba Jim– pero ya nadie lo quería oír, el corazón del bosque estaba roto, y también el corazón de sus amigos, porque Jim les había prometido muchas cosas y ninguna la había cumplido, y es que Jim no entendía que al hacer una promesa, no sólo se dicen palabras, en una promesa se entrega la confianza, de quien la hace y de quien la cree, en una promesa se entrega el alma, se da la amistad y el cariño, con una promesa uno dice “te quiero” “ me importas”, en una promesa se da también el honor, se entrega nuestra palabra ¡una promesa es una promesa!

¡No es cualquier cosa! ¡No es una baratija! Una promesa no es algo que se puede echar a la basura, el duendecito Jim no entendía que una promesa que no se cumple abre una herida, una promesa vacía va rompiendo el corazón de a poquito y lo deja un poco desilusionado, vacío y dolorido.

Pero al ver todo lo que había causado, el duendecito Jim sacó de su sombrero un trébol de cuatro hojas, lo frotó en sus manos y salió un gran arco iris que remendó el corazón del bosque y lo llenó de color, y al final de aquel mágico arco iris no había una olla con monedas de oro, sino un enorme pastel de cumpleaños con trescientas velitas encendidas para que los grandes robles pudieran pedir su deseo, y con el arco iris llegaron las musas, que de inmediato comenzaron a tocar hermosas melodías y trajeron de vuelta la sonrisa a todas las criaturas del bosque y tuvieron la fiesta que tanto querían, porque Jim, el duendecito, lo había prometido, y también prometió no volver a romper otra promesa nunca más, pues ahora sabía lo que significaban en verdad.

Y así pasaron toda la noche festejando y bailando todas las criaturas del lugar, mientras Jim se arremangaba la camisa ¡pues tenía muchos trastos que lavar!

Autora: Elizabeth Segoviano

aplastar colecciones

viernes, 15 de febrero de 2013

El Diluvio Universal, El arca de Noé


Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la haz de la tierra y les nacieron hijas,2 vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. 3 Entonces dijo Yahveh: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años.»

4 Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos. 5 Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, 6 le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. 7 Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado, - desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo - porque me pesa haberlos hecho.»

8 Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh. 9 Esta es la historia de Noé: Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios. 10 Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. 12 Dios miró a la tierra, y he aquí que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra. 13 Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra.

14 Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún. 15 Así es como la harás: longitud del arca, trescientos codos; su anchura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos. 16 Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca en su costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero. 17 «Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. 18 Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo.

19 Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. 20 De cada especie de aves, de cada especie de ganados, de cada especie de sierpes del suelo entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. 21 Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.» 22 Así lo hizo Noé y ejecutó todo lo que le había mandado Dios.

Génesis 7
1 Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. 2 De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra. 3 (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra. 4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la haz del suelo todos los seres que hice.» 5 Y Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh. 6 Noé contaba seiscientos años cuando acaeció el diluvio, las aguas, sobre la tierra. 7 Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. 8 (De los animales puros, y de los animales que no son puros, y de las aves, y de todo lo que serpea por el suelo, 9 sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé.)

10 A la semana, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. 11 El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, 12 y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13 En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos; 14 y con ellos los animales de cada especie, los ganados de cada especie, las sierpes de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados; 15 entraron con Noé en el arca sendas parejas de toda carne en que hay aliento de vida,

16 y los que iban entrando eran macho y hembra de toda carne, como Dios se lo había mandado. Y Yahveh cerró la puerta detrás de Noé. 17 El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó de encima de la tierra. 18 Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo. 20 Quince codos por encima subió el nivel de las aguas quedando cubiertos los montes. 21 Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. 22 Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió.

23 Yahveh exterminó todo ser que había sobre la haz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las sierpes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. 24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de 150 días.

Génesis 8
1 Acordóse Dios de Noé y de todos los animales y de los ganados que con él estaban en el arca. Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y las aguas decrecieron. 2 Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo. 3 Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de 150 días, las aguas habían menguado, 4 y en el mes séptimo, el día diecisiete del mes, varó el arca sobre los montes de Ararat.

5 Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes. 6 Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, 7 y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. 8 Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. 9 La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra; y alargando él su mano, la asió y metióla consigo en el arca. 10 Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11 La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían disminuido las aguas de encima de la tierra. 12 Aún esperó otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió donde él.

13 El año 601 de la vida de Noé, el día primero del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. Noé retiró la cubierta del arca, miró y he aquí que estaba seca la superficie del suelo. 14 En el segundo mes, el día veintisiete del mes, quedó seca la tierra. 15 Habló entonces Dios a Noé en estos términos: 16 «Sal del arca tú, y contigo tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos.17 Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todas las sierpes que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra.» 18 Salió, pues, Noé, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. 19 Todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todas las sierpes que reptan sobre la tierra salieron por familias del arca.

20 Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos las animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar. 21 Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: «Nunca más volveré al maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho. 22 «Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán.»

Génesis 9 1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. 2 Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición. 3 Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. 4 Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre.

5 Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana. 6 Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo El al hombre. 7 Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; pululad en la tierra y dominad en ella.» 8 Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: 9 «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, 10 y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra.

11 Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.» 12 Dijo Dios: «Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: 13 Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. 14 Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes,

15 y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne. 16 Pues en cuanto esté el arco en las nubes, yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y toda alma viviente, toda carne que existe sobre la tierra.» 17 Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda carne que existe sobre la tierra.»

18 Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. 19 Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la tierra. . . Noe y su familia vivieron hace mucho tiempo. Un día Dios dijo: "Noé, voy a enviar lluvia. La lluvia caerá por muchos, muchos días. El agua cubrirá la tierra. Pero yo te cuidaré." Dios dijo: "Quiero que tú edifiques un arca grande (un barco grande). Quiero que el arca sea lo suficientemente grande para que tú y tu familia y muchos animales vivan en ella. "

Entonces Noé comenzó a edificar el arca. Sus hijos le ayudaron a edificarla. Los serruchos iban para atrás y para adelante cortando las maderas. Pun, pun, pun los martillos golpeaban los clavos. Pronto el arca estuvo lista. Luego Dios le dijo: "Noé, entra en el arca con tu familia y los animales. Cuando comience a llover, tú y los animales estarán seguros en el arca." Noé, junto con su familia y los animales entraron en el arca. Dios cerró la puerta y las ventanas.

La lluvia comenzó a caer. Llovió, llovió y llovió. El arca se balanceó para un lado y para el otro. Dentro del arca, Noé y sus hijos dieron de comer a los animales. Le dieron agua para beber. Los animales estaban a salvo dentro del arca. "Muu," dijo uno de los animales al comer los alimentos. "Baa, baa", dijeron otros animales al beber el agua. Un día Noé no oyó más el sonido del agua cayendo del cielo. La lluvia había parado. Noé y su familia esperaron y esperaron. Entonces Noé abrió una de las ventanas y miró hacia afuera. Ya no se veía agua. Después de muchos días Noé abrió la puerta. El agua habia desaparecido.

La tierra estaba completamente seca. Entonces Dios le dijo, "Sal del arca con tu familia y los animales." Noé y su familia salieron del arca a la tierra seca. Todos los animales salieron también del arca. Noé agradeció a Dios por haberlo cuidado a él y a su familia. Noé le agradeció a Dios por haberle permitido cuidar de los animales.

jueves, 14 de febrero de 2013

Lo más importante es Ser..:

Un día Buda y su amado discípulo Ananda paseaban por un hermoso jardín. Y Ananda, que gustaba mucho hacerle preguntas a su mentor, inicia el siguiente diálogo.
 
- Maestro, qué es lo más importante en esta vida, ser abeja o ser hormiga?
 
Buda contestó: "Lo más importante es Ser..:"
 
- Yo entiendo -contestó Ananda-, pero de ambas criaturas hay una que es más útil de las dos
 
A lo que Buda respondió
 
- El Ser simplemente Es, no le interesa ser útil o no... Y una hormiga es una criatura lo mismo que la abeja
 
- Por qué no hay importancia en ninguno, Maestro?
 
A lo que Buda respondió
 
- Porque para el Ser no existe la importancia, ni la imagen, ni nada, todo es ilusión.
 
Todo lo que somos es el resultado
de lo que hemos pensado.
Un hombre, habla u obra
con un mal pensamiento;
y el castigo lo sigue como
la rueda sigue al que tira del carro
 
Buda.
 
 

martes, 12 de febrero de 2013

La Rosa mas Bella del Mundo

Érase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores más hermosas de cada estación del año. Ella prefería las rosas por encima de todas; por eso las tenía de todas las variedades, desde el escaramujo de hojas verdes y olor de manzana hasta la más magnífica rosa de Provenza.

Crecían pegadas al muro del palacio, se enroscaban en las columnas y los marcos de las ventanas y, penetrando en las galerías, se extendían por los techos de los salones, con gran variedad de colores, formas y perfumes. Pero en el palacio moraban la tristeza y la aflicción. La Reina yacía enferma en su lecho, y los médicos decían que iba a morir. -Hay un medio de salvarla, sin embargo -afirmó el más sabio de ellos-. Tráiganle la rosa más espléndida del mundo, la que sea expresión del amor puro y más sublime. Si puede verla antes de que sus ojos se cierren, no morirá.

Y ya tienen a viejos y jóvenes acudiendo, de cerca y de lejos, con rosas, las más bellas que crecían en todos los jardines; pero ninguna era la requerida. La flor milagrosa tenía que proceder del jardín del amor; pero incluso en él, ¿qué rosa era expresión del amor más puro y sublime? Los poetas cantaron las rosas más hermosas del mundo, y cada uno celebraba la suya. Y el mensaje corrió por todo el país, a cada corazón en que el amor palpitaba; corrió el mensaje y llegó a gentes de todas las edades y clases sociales. -Nadie ha mencionado aún la flor -afirmaba el sabio.

Nadie ha designado el lugar donde florece en toda su magnificencia. No son las rosas de la tumba de Romeo y Julieta o de la Walburg, a pesar de que su aroma se exhalará siempre en leyendas y canciones; ni son las rosas que brotaron de las lanzas ensangrentadas de Winkelried, de la sangre sagrada que mana del pecho del héroe que muere por la patria, aunque no hay muerte más dulce ni rosa más roja que aquella sangre. Ni es tampoco aquella flor maravillosa para cuidar la cual el hombre sacrifica su vida velando de día y de noche en la sencilla habitación: la rosa mágica de la Ciencia. -Yo sé dónde florece -dijo una madre feliz, que se presentó con su hijito a la cabecera de la Reina-. Sé dónde se encuentra la rosa más preciosa del mundo, la que es expresión del amor más puro y sublime.

Florece en las rojas mejillas de mi dulce hijito cuando, restaurado por el sueño, abre los ojos y me sonríe con todo su amor. Bella es esa rosa -contestó el sabio- pero hay otra más bella todavía. -¡Sí, otra mucho más bella! -dijo una de las mujeres-. La he visto; no existe ninguna que sea más noble y más santa. Pero era pálida como los pétalos de la rosa de té. En las mejillas de la Reina la vi. La Reina se había quitado la real corona, y en las largas y dolorosas noches sostenía a su hijo enfermo, llorando, besándolo y rogando a Dios por él, como sólo una madre ruega a la hora de la angustia. -Santa y maravillosa es la rosa blanca de la tristeza en su poder, pero tampoco es la requerida. -No; la rosa más incomparable la vi ante el altar del Señor -afirmó el anciano y piadoso obispo-.

La vi brillar como si reflejara el rostro de un ángel. Las doncellas se acercaban a la sagrada mesa, renovaban el pacto de alianza de su bautismo, y en sus rostros lozanos se encendían unas rosas y palidecían otras. Había entre ellas una muchachita que, henchida de amor y pureza, elevaba su alma a Dios: era la expresión del amor más puro y más sublime. -¡Bendita sea! -exclamó el sabio-, mas ninguno ha nombrado aún la rosa más bella del mundo. En esto entró en la habitación un niño, el hijito de la Reina; había lágrimas en sus ojos y en sus mejillas, y traía un gran libro abierto, encuadernado en terciopelo, con grandes broches de plata. -¡Madre! -dijo el niño-. ¡Oye lo que acabo de leer!-. Y, sentándose junto a la cama, se puso a leer acerca de Aquél que se había sacrificado en la cruz para salvar a los hombres y a las generaciones que no habían nacido.

¡Amor más sublime no existe! Se encendió un brillo rosado en las mejillas de la Reina, sus ojos se agrandaron y resplandecieron, pues vio que de las hojas de aquel libro salía la rosa más espléndida del mundo, la imagen de la rosa que, de la sangre de Cristo, brotó del árbol de la Cruz. -¡Ya la veo! -exclamó-. Jamás morirá quien contemple esta rosa, la más bella del mundo. 
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lunes, 11 de febrero de 2013

El desafío de la Princesa Rosalinda

Había una vez en un reino muy muy lejano una princesa que se sentía muy triste ya que su padre la obligaba a casarse con su primo Joaquín. Rosalinda, muy triste por lo ocurrido, se puso muy mal ya que ella quería estar con Facundo el amor de su vida.

Facundo al enterarse de la noticia, reacciono muy mal y fue a hablar con el Rey Arturo -padre de Rosalinda- para que le de una explicación sobre lo ocurrido, ya que ellos tendrían que ocultar su amor para siempre. Arturo, enfurecido por su visita, le dijo: Facundo tu eres muy joven y talentoso pero yo quiero a Joaquín como esposo de mi hija así me quedare con la herencia de su familia y podré pagar mis deudas. Arturo muy arrepentido le pidió disculpas a Rosalinda y le explico el hecho.

Mira Rosalinda -le dijo Arturo- no quise decirte nada antes porque no he encontrado la forma. Lo que sucedió es que Joaquín me ha dicho que si tu no te casas con él perderé todo! Hasta mi propia ropa y no quiero que suceda eso. Rosalinda sorprendida ha comprendido a su padre y se tuvo que arriesgar al hecho, pero mientras tanto Rosalinda y Facundo Vivian su amor a escondidas de Joaquín.

Hasta que llegó su boda y era el día mas triste de Rosalinda. Facundo cuando la fue a consolar le dijo: Vamos Rosalinda es por un tiempo nada más, verás que pronto todo esto acabará y seremos muy felices juntos. Tendremos nuestra boda llena de amor y no una falsa como ésta. La princesa al oír estas palabras de consuelo se sintió mucho mejor. Llegó el momento de decir el si y Rosalinda se casó con Joaquín. Tras esta boda infiel Rosalinda estaba muy triste por dentro pero al saber lo que venia después se sintió un poco mejor. Luego del festejo de su boda, Facundo escuchó una conversación que tenía el padre de Rosalinda en la cual se sorprendió por las palabras que escuchó. Era puro engaño el que le había dicho a Rosalinda. Arturo quería que Rosalinda se case con Joaquín y así poder quedarse con la herencia que los padres de Joaquín le habían dejado.

Tras esta noticia, que Facundo había escuchado no dudó en ir y contárselo a la princesa y a Joaquín. Corrió lo más rápido que pudo para contarle a la princesa, pero Arturo enfurecido lo logró alcanzar y le dijo: tu no dirás nada porque sino me llevaré a Rosalinda y no la verás nunca más tu sabrás que hacer.

Al fin, Facundo decidió decírselo a la princesa Rosalinda y todo cambió. Se divorciaron, el Rey se fue lejos …y vivió feliz para siempre.

viernes, 8 de febrero de 2013

La Niña Inteligente

¡¡¡Te vas a sorprender!!! Si un niño puede entender esto, ¿por qué nosotros no?

Un día, una niña de 6 años estaba en su salón de clases. La maestra iba a explicar la evolución a los niños. Entonces le preguntó a un niño:

MAESTRA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?
TOMMY: Si.

MAESTRA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY: Si

MAESTRA: Ve afuera, mira hacia arriba y dime si puedes ver el cielo.
TOMMY: Muy bien (Volvió al cabo de unos minutos). Si, vi el cielo.
MAESTRA: ¿Viste a Dios?

TOMMY: No.

MAESTRA: Ese es mi punto. No podemos ver a Dios porque no está ahí. Él no existe.
Una pequeña niña pidió permiso para hacerle unas preguntas al niño. La maestra acepto y la niñita preguntó:

NIÑITA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?
TOMMY: Si.

NIÑITA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY: Siiiiiiiiiiiiii... (Cansado de todas esas preguntas)
NIÑITA: ¿Ves el cielo?

TOMMY: Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...........
NIÑITA: Tommy, ¿ves a la maestra?
TOMMY: Si...

NIÑITA: ¿Ves su cerebro?

TOMMY: No.

NIÑITA: Entonces, según lo que hemos aprendido hoy con la maestra, ¡ella no tiene cerebro!

jueves, 7 de febrero de 2013

El Valor y el Miedo

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En un lejano pueblo y hace muchos años, vivía Sabrina, una pequeña niña que era muy querida por todos los vecinos. Ella había sabido ganarse el afecto de todos porque siempre estaba corriendo alegremente por las calles del pueblo, cantando y llenando de flores silvestres las ventanas de las casas.Cierto día se enfermó. Despertó a las cuatro de la madrugada con muchísima fiebre. Sus papás la atendieron de inmediato y le dieron las medicinas apropiadas para estos casos, al mismo tiempo que le ponían paños fríos en la frente. Sin embargo, la fiebre no cedía y, a pesar de los esfuerzos y de la dedicación de sus padres, no podían bajársela.

Cuando concurrieron al médico y le hizo una revisación integral, descubrió dos pequeñas heridas en su pierna que correspondían a una mordedura. Él ya había visto ese tipo de marca provocada por una serpiente venenosa del monte y sabía que se curaba con una hierba que crecía al pie de la montaña.

Convocó al pueblo entero para que se reuniera en la plaza y, después de contar la situación de Sabrina, pidió un voluntario para que fuera a buscar la hierba. Advirtió que no se podía esperar hasta el día siguiente porque sería tarde.

–Yo voy –dijo David –Se puso de pie y fue hasta su casa a buscar una antorcha y un abrigo porque ya estaba atardeciendo e iba a tener que volver entrada la noche.

Cuando ya se estaba poniendo en camino, se le acercó Pedro, otro joven y le dijo:

–Te voy a acompañar; la verdad es que estoy muerto de miedo. Me parece que ir a la montaña, de noche, con los animales salvajes y esa tormenta que se aproxima, es una locura, pero tu valor me da fuerzas.

–Yo también tengo miedo, mucho más miedo de lo que tú crees– dijo David.

– ¿Y entonces? ¿Cómo te animas? –Preguntó Pedro – ¡Además ibas a ir solo! ¡Eres un inconsciente, no sabes lo que haces!

–Si quieres, puedes decirme que soy valiente pero puedes estar totalmente seguro de que no soy inconsciente –contestó David.

–Es cierto que haría cualquier cosa por salvar a Sabrina. Pero, si no estuviera seguro de que soy capaz de traer lo que necesita para curarse no me hubiera ofrecido para ir a la montaña ni hubiera aceptado el desafío. Fíjate que, en todo el pueblo, soy el que tiene más posibilidades de llegar. Soy joven, fuerte y podría ir hasta la montaña con los ojos cerrados pues me he criado allí. Además, conozco las características de esa hierba que necesita el doctor para hacer el antídoto y sé perfectamente a donde ir para localizarla. Una cosa es tener miedo y otra, muy distinta, tener el coraje necesario para superarlo.

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