jueves, 21 de marzo de 2013

Un corazón que Escuche

Un médico psicólogo atendía una consulta en un hospital... sus pacientes eran adolescentes... Cierto día le derivaron un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato...

Cuando era muy pequeño, su padre murió... vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año... a los 13 muere su abuelo, y tres meses después su madre en un accidente... Sólo llegaba al consultorio y se sentaba mirando las paredes, sin hablar. Estaba pálido y nervioso...

Este médico no podía hacerlo hablar. Comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera algo, tampoco serviría de mucho.

Optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañando su dolor.... Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro: "Ven la semana próxima si gustas... duele ¿verdad?..." El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada... sólo lo miró y se fue...

Cuando volvió a la semana siguiente... el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez... así pasaron varios meses... sin hablar... pero él notaba que David ya no parecía nervioso... y su palidez había desaparecido... Un día mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho mientras él estudiaba agachado en el tablero... pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación... De pronto... David alzó la vista y lo miró: "Le toca" - le dijo.

Ese día empezó a hablar, hizo de amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida ... su vida. Posiblemente el médico le dio algo... pero también aprendió mucho de él... 

Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable... a estar presente cuando alguien lo necesita... a comunicarnos sin palabras.Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia... un corazón que escuche. 

 

miércoles, 20 de marzo de 2013

La Historia de Garbancita

En un pequeño huerto llamado paraíso nació garbancita. Garbancita destacaba de sus hermanos y hermanas por su finura e inocencia. Empezó a crecer y a crecer y garbancita creció tanto hasta rozar las nubes del cielo, miraba hacia abajo y no le gustaba lo que había en el huerto, concretamente en el trozo de tierra dónde comenzó su existencia. Desde las nubes veía como los gusanos e insectos se comían unos a otros. Hacían guerrillas hasta devorarse.

A garbancita cada vez le costaba más noche tras noche en la puesta de sol bajar al paraíso, se negaba ver y vivir esas luchas constantes que ella desde las nubes veía día a día. Una noche decidió no volver más a ese huerto, "me quedaré en las nubes para siempre jamás", decía la inocente garbancita. Allí entre las nubes jugaba al "esconder", era fácil, las mismas nubes la cubrían para que ni siquiera ella viera nada. Se instaló cómodamente, elaboró con las nubes un castillo y se metió dentro de él.

A la luz de la luna bajaba una vez al año, se sentía sola. Un año conoció a garbancito, se enamoró de él y con mucha zalamería se lo llevó a su castillo. Se multiplicaron y crecieron más garbancitas. Todos menos garbancita se bajaron al huerto, las garbancitas querían conocer el paraíso por si mismas, al garbancito le gustaba trabajar y competir en el huerto. Garbancita soñaba cada noche que garbancito estaba con ella. Pasaron los años y garbancita seguía en las nubes con su castillo, instalada cómodamente y con su garbancito soñado. Un buen día una tormenta rompió las nubes dónde se había refugiado garbancita durante cuarenta años, comenzó a llover y a llover, y las lagrimas de garbancita se fundieron con la lluvia. Empujada por la tormenta cayó hacía abajo, al huerto donde nació.
Allí no se encontraba en su casa, estaba como perdida, tenía que empezar de nuevo a construir su vida y no sabía como hacerlo. Garbancita enfermó gravemente, solo se quería morir, toda la vida viviendo entre las nubes y ahora no le quedaba otra que construir y vivir en el mismo huerto que un día huyó de él, porque no le gustaba las guerrillas ni competiciones.

Garbancita fue cobarde y nunca supo afrontar su realidad, fabricándose un mundo de fantasía en su interior. Todos llevamos dentro una garbancita, no dejarla crecer hasta las nubes, para caer en la misma trampa. Hay que trabajar y labrar la tierra por muy dura que ésta sea y construir la casa (la vida) sobre roca firme, nunca en las nubes, porque una tormenta grande o pequeña tarde o temprano la derrumbará y nos pasará como a garbancita. 
 

lunes, 18 de marzo de 2013

Paciencia y Esperanza

Un pastor tenía dos ovejas y estaba contento porque las dos habían parido y tenían unos hermosos y juguetones corderitos.

Durante la noche el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre y dejó a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató un temporal muy fuerte y la lluvia fue repentina y torrencial. Las aguas descendieron de los cerros, se volcaron torrentosas en los pequeños arroyos y llegar turbias al cauce del río y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían, para amamantar a sus críos y pasar la noche en el corral y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar paciente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse: "Esta agua no descenderá y mis hijitos se morirán de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y nos moriremos". La compañera trató de calmarla: "No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave y mañana amamantaremos a nuestros hijos".

De nada valieron sus reflexiones, la oveja se arrojó al agua. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros, pero las aguas la vencieron y la arrastraron río abajo, el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra todas las rocas salientes.

Al anochecer las aguas ya habían descendido bastante, pastor y oveja se miraban desde las dos orillas, el pastor que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que los dos huerfanitos mamaran de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

"Sin esperanza es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana." 

 

jueves, 14 de marzo de 2013

La Cruz a Cuestas


Cuenta la historia de un hombre que caminaba por el rumbo de la vida cargando su cruz sobre sus hombros. De repente se le apareció un señor muy imponente, vestido con un extraño traje rojo que le dijo:

  • "Pero hombre ¿Qué estás haciendo con semejante cruz encima? No tiene sentido. ¿Por qué no le cortas un poco los extremos así la carga se te hace más liviana?"

El hombre, luego de pensarlo por un breve momento, creyó que ésa era una buena idea para evitar tanto esfuerzo. Fue así que limó los extremos de la cruz y siguió caminando.

A los pocos metros, el señor de rojo se hizo presente otra vez.

  • "Pero ¿Qué te dije amigo? No la has achicado casi nada. Córtale las puntas un poco más. Estás arrastrando una cruz demasiado pesada pudiendo sacrificarte menos para llevarla. No seas tonto!".

Y el hombre esta vez cortó los extremos de la cruz. Sintiéndose ahora un poco más aliviado, continuó su camino. Ya el tamaño de la cruz había disminuido notablemente y el hombre podía cargarla con más comodidad.

Al poco tiempo de avanzar, el señor de rojo volvió a cruzarse ante él y le insistió:

  • "Vamos... Córtale los extremos más todavía. Mientras más chica sea la cruz menos va a costarte llevarla."

Entonces el hombre se detuvo y volvió a cortarle los extremos hasta que pudo cargarla con una sola mano.

Siguió caminando y a medida que avanzaba, pudo divisar una gran luz blanca al final del camino. Cuando llegó a este punto estaba Dios aguardándolo.

  • "Bienvenido Hijo Mío al umbral de la Gran Puerta Al Paraíso".
  • "Pero Dios... ¿Dónde está la puerta que no la veo?

Y el Señor, con su dedo índice apuntando hacia arriba, señaló una puerta en lo alto y le dijo:

  • "Es aquella que está allá en las alturas. ¿La ves ahora? Bueno, para entrar sólo debes abrirla"

Evidentemente abrir la puerta no era el inconveniente, pero sí lo era alcanzarla.

  • "Pero Señor ¿Cómo hago para subir tan alto?
  • "Para eso tienes la cruz. Debes apoyarla sobre esta pared y escalarla hasta la puerta. Esta cruz que has estado cargando durante toda tu vida tiene la medida exacta para que llegues a la Puerta del Cielo. De otra forma es imposible".
  • "Pero Señor... Es que mi cruz ya no tiene ese tamaño. Yo le hice caso a un Señor de traje rojo que durante todo mi camino estuvo acechándome, tratando de convencerme para que yo mismo me facilite las cosas. Y me convenció. Yo hice mi carga más liviana por consejos de él."
  • "Ay Hijo Mío... Te has dejado tentar y mira ahora lo que te ha pasado. ¿Te das cuenta que al final de todo las malas influencias terminan perjudicándote?"

Moraleja: Todos debemos asumir que la cruz que nos ha tocado en la vida es la que debemos soportar hasta el final para poder traspasar las puertas del Cielo.
figura de felicidad

miércoles, 13 de marzo de 2013

Todo tiene su Momento

Un padre fue a inscribir a su hijo en una bien conocida universidad. Al leer el plan de estudios de la institución preguntó al Director: – "¿Tiene que tomar todos estos cursos mi hijo? ¿No puede usted reducirlos un poco? Él quiere terminar pronto".
Y el Director respondió:

––"Por supuesto que puede tomar un curso corto, pero todo depende de lo que él quiera llegar a ser. Cuando Dios quiere hacer un roble, lo hace en veinte años; pero, en cambio, sólo necesita dos meses para hacer una calabaza". Deuteronomio 11:14 "Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite." Lucas 21:19 "En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas." Salmos 1:3 "Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; 

Y todo lo que hace, prosperará." 



martes, 5 de marzo de 2013

El Agua que quería ser Fuego

"Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria, pero yo preferiría ser hermosa, encender entusiasmos, encender el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama".

Así pensaba en septiembre el agua del río de la montaña. Y, como quería ser fuego, decidió pedir a Wakan Tanka que cambiara su identidad: "Querido Abuelo. Tu me hiciste agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mi. Desearía ser fuego. ¿Puede ser?. Tu mismo, Padre, te identificaste con la wambli, el águila, y dijiste que habías venido a poner orden en tus hijos. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal … ".

El agua salía todas las mañanas a su orilla buscando la respuesta de Wakan Tanka. Un tarde, un viento cálido y suave, trajo hasta ella una voz que decía: "Querida hija: me apresuro a contestarte. Parece que te has cansado de ser agua. Yo lo siento mucho , porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me vio nacer, y yo te tenía destinada para ver el nacimiento de muchos niños. Tu preparas el camino del fuego. Wambli no se aparece a nadie que no haya sido lavado antes por ti. El agua siempre es primero que el fuego".

Mientras el agua estaba embobada escuchando aquella dulce voz, Wakan Tanka bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a si misma y vio el rostro de Wakan Tanka reflejado en ella. Y Wakan Tanka seguía sonriendo esperando su respuesta. El agua comprendió que el privilegio de reflejar el rostro del Abuelo de todas las cosas lo tiene, solamente, el agua limpia … suspiró y dijo: "Si, Padre, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. Gracias"

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lunes, 4 de marzo de 2013

El Elefante de Circo


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.

También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía...hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos hacer" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no puedo y nunca podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZÓN y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros, pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de él.

viernes, 1 de marzo de 2013

Una Luz en el Camino


Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:

- Que haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves...

Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...

- No solo es importante la luz que me sirve a mi, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...

Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás... Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento... 

Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás!

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