martes, 18 de junio de 2013

Carta a mi Mismo...


 

Estimado Amigo:
 

Me llamo amigo, porque eso es lo qe quiero ser conmigo mismo ahora.
Por mucho tiempo yo fui mi peor enemigo, de hecho, fui mi único enemigo.
Fui yo el que permitió que el miedo dominará mi vida. Fui yo el que se aferro a las penas del pasado para llenar mi presente de sufrimiento. Era mi propia voz la que escuchaba en mi cabeza y que me convencia de no merecer lo bueno y que me hacia sentir menos que los demás.

Fui yo mismo el que me llene de inseguridades y dudas, de celos y resentimientos. Fui yo mismo el que me juzgue y me critique en todo lo que hacia. Yo mismo afecte mi salud y mi bienestar y fui yo mismo el responsable de los problemas en mi vida. En mi estaba la solución y en mi estaban todas las respuestas.

Fui yo mismo el acusado, el juez y el verdugo de mi propia vida. Yo mismo dicte las sentencias y yo mismo me impuse castigos.
Y, sin embargo….
 

HOY ME PERDONO TODO, porque me doy cuenta que siempre hice lo mejor que pude. Comprendi que fui un ser sensible y vulnerable y como yo son todos los seres humanos y que las experiencias de mi vida moldearon mi personalidad, hoy rechazo la culpa que siento por mis errores ya que en nada ayuda y nada soluciona.

Aprendí tarde, que era yo capaz de cambiar mi vida a pesar de mis heridas y de las situaciones que me rodearon. Tarde comprendpí que era yo mi propio dueño, que mis pensamientos moldearon mi existencia, que no era un esclavo de las circunstancias y que en mi estaba el poder de mejorar, de cambiar y de vivir en armonía.

Puedo ver ahora que mi vida fue maravillosa a pesar de las perdidas y heridas que todos compartimos. Agradezco la oportunidad que tuve de ver, de oir , de sentir, de saborear, la oportunidad de compartir con otros mi vida y la oportunidad de amar a mis semejantes.

Hoy me deshago de viejos resentimientos hacia otros y hacia mi mismo.

Hoy rompo las cadenas con las que yo mismo me ate.

Hoy me libero del miedo y de la culpa.

Hoy me perdono por todos mis Pecados.



lunes, 10 de junio de 2013

La Esperanza de una Vela


Cuatro Velas se estaban consumiendo tranquilamente.

El ambiente estaba tan silencioso que se podía oir el diálogo entre ellas.
 
La primera dice:

¡Yo Soy la Paz!
A pesar de mi Luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente. 
 
La segunda dice:

¡Yo me llamo Fé !

Infelizmente soy superflua para las personas.
Porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.
Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y esta se apagó.
 

En voz baja y triste la tercera vela se manifestó:

¡Yo Soy el Amor!

No tengo mas fuerzas que quemar.
Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas; se olvidan hasta de aquéllos que están a su alrededor.
Y también se apagó.
 
De repente entró una niña y vió las tres velas apagadas
¿Qué es esto?

Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final.
 
Entonces la cuarta vela, hablo:
No tengas miedo niña, en cuanto yo esté encendida, podemos encender las otras velas.
 
Entonces la niña tomó la vela de la Esperanza y encendió nuevamente las que estaban apagadas.
 
¡Que la vela de la Esperanza nunca se apague dentro de nosotros!

Lecciones de Amor

A continuación les comparto una historia excepcionalmente bella, contada por un famoso docente retirado:

En mi primer día de labores como profesor adjunto de pedagogía en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, entre en el aula sintiéndome presa de una terrible angustia. Un frío silencio fue la respuesta de la clase atestada a mi tímida sonrisa y breve saludo. Hojee un momento mis anotaciones y di inicio, balbuciente, a mi disertación.
Nadie parecía hacerme el menor caso.

En ese momento advertí la presencia, en la quinta fila, de una joven de porte tranquilo, vestida de blanco. De piel bronceada, ojos vivaces color castaño y cabellera dorada, su animado semblante y sonrisa cordial me alentaron a seguir adelante. Atenta a mi exposición, ella asentía con la cabeza o con un "sí", y tomaba notas. Proyectaba la confortante sensación de que le interesaba cuando trataba yo de transmitir de manera tan insegura. Empecé a dirigirme a ella, y recobré la confianza y el entusiasmo.

Minutos después, me atreví a pasar la mirada por toda el aula. Los demás estudiantes habían empezado a atender y tomaban notas. Aquella extraordinaria muchacha me había sacado del aprieto. Al terminar la lección revisé la lista en busca de su nombre: se llamaba Gladys. En las siguientes semanas leí sus trabajos. Redactaba con creatividad, sensibilidad y fino sentido del humor. 

Yo había pedido a mis discípulos que pasaran a verme a mi oficina durante el semestre escolar, y aguardaba con especial interés a Gladys. Deseaba decirle como me había salvado aquel día y alentarla a que desarrollara sus cualidades de persona considerada y perspicaz. Pero jamás se presentó.
Unas cinco semanas después de iniciado el semestre, se ausentó durante dos semanas. 

Pregunté la causa de su ausencia a los estudiantes que se sentaban cerca de ella y me sorprendió enterarme que ni siquiera sabían su nombre. Recordé la aguda observación de Albert Schweitzer: "Estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos estamos muriendo de soledad..." Fui a ver a la jefa administrativa de la sección de mujeres.

En cuanto mencioné el nombre de Gladys, la dama se sobresaltó y exclamó:

"Oh, lo siento mucho, Leo; supuse que usted estaba enterado..."

Gladys se había dirigido en su auto a los acantilados del Pacífico, encantadora población cercana a Los Angeles, donde los riscos caen a plomo sobre el mar. Allí, según declararon unos paseantes horrorizados, se arrojó hacia la muerte. Gladys tenía apenas veintidós años! el don divino de su individualidad se había perdido para siempre. Llamé por teléfono a sus padres. La ternura con que su madre se refirió a ella me indicó que la habían amado. Pero era obvio para mí que ella no se había sentido amada.

"Que estamos haciendo?", pregunte a un colega. "Nos ocupamos demasiado en enseñar cosas. De que sirvió haber enseñado a Gladys a leer, escribir, hacer cuentas, si jamás le inculcamos lo que realmente necesitaba aprender: a vivir jubilosamente, a justipreciarse, y a tener conciencia de su propia dignidad?" Quise ayudar a quienes necesitan sentirse amados. 

Daría un curso acerca del amor. Me pasé varios meses buscando en libros algo que pudiera servirme, pero fue poco lo que halle. Casi todos los textos trataban el tema con un enfoque sexual o romántico. Era escaso lo que había sobre el amor en general. Sin embargo, consideré que si yo actuaba como mero facilitador, mis discípulos y yo podríamos enseñarnos mutuamente a aprender juntos.

Llamé al curso Lecciones de Amor. Bastó que lo anunciara una sola vez para que se llenara el aula de asistentes a esa materia extracurricular. Proporcione a cada participante una lista bibliográfica, pero prescindimos de textos obligatorios, de requisitos de asistencia y de exámenes. Solo compartíamos nuestras lecturas, ideas y vivencias. Partía yo del supuesto de que el amor se aprende. Nuestros maestros" son quienes aman y se relacionan con nosotros. 

De no encontrar modelos de amor, creceremos necesitados de amor y sin la capacidad de amar. La venturosa posibilidad -propuse a mis alumnos es que se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle el tiempo, la energía y la practica necesarios. Pocos faltaban a una sola sesión de Lecciones de Amor. 

Los participantes tenían que apretarse unos junto a otros a medida que llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos. Una de las primeras cosas que intente aclarar fue la importancia del contacto físico. "Cuantos de ustedes han abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera su novio, novia o cónyuge?"

Pocos levantaban la mano. Una estudiante afirmó: "Siempre temo que se interpreten mal mis intenciones". La risa nerviosa que cundió me reveló que muchos compartían éste punto de vista. "El amor necesita expresarse físicamente", repuse. "Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia italiana, efusiva, en que nos abrazábamos mucho. 

Asocio los abrazos con un genero de amor más universal. Pero si ustedes temen que se les interprete mal, comuníquenle sus sentimientos a quien están abrazando. Para aquellos que realmente se sientan molestos si los abrazan, bastara un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias". Iniciamos la costumbre de abrazarnos unos a otros al final de cada sesión. 

Con el tiempo, los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la universidad, entre los alumnos de mi curso. Jamás concluíamos una sesión sin un plan para compartir amor. Cierta ocasión, decidimos expresar gratitud a nuestros padres, lo cual suscitó reacciones memorables. 

Para uno de los estudiantes, excelente jugador del equipo de fútbol americano de la universidad, la tarea resultó en especialmente incómoda. Sentía un gran amor, pero era incapaz de expresarlo. Tuvo que armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar, hacer que su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo. Le dijo: - Te quiero, papá - y lo besó. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y musitó: Lo sé, hijo.

Yo también te quiero. Los años que he dedicado a mis Lecciones de Amor han sido los más estimulantes de mi existencia. Al proponerme abrirles las puertas del amor a otros, descubrí que también, se han abierto para mí. No hace mucho, comí en una fonducha de Arizona. Al pedir chuletas de cerdo, alguien comento:  "Esta usted loco! nadie come tal cosa en un lugar como éste!" 

Sin embargo, me parecieron exquisitas."Me gustaría conocer al cocinero", indiqué al dueño. Fuimos a la cocina, y allí estaba el hombre, corpulento, sudoroso. - Que sucede? alguna queja? - vocifero. - No, Esas chuletas estaban de primera - respondí. Me miró como se mira a un loco. Se advertía a las claras que le resultaba difícil aceptar el cumplido. Luego, me propuso con gran cordialidad: - Le cocino otra? No es maravilloso? de no haber aprendido a amar, habría pensado gratamente en aquellas chuletas, pero quizá no le hubiese dicho nada al cocinero, así como dejé de expresarle a Gladys lo mucho que me había ayudado en mi primer día como maestro. He ahí una de las cosas en que consiste el amor: compartir nuestro gozo con la gente.

Otro secreto del amor radica en percatarse que uno mismo es un ser especial; de que no hay en todo el mundo una persona igual a otra. Si tuviera una varita mágica y pudiera pedirle la realización de un deseo, tocaría a todo el mundo con ella y haría que cada persona dijera con convicción: "En éste instante me agrada como soy. Y me gusta lo que puedo ser. Soy lo máximo".

La búsqueda del amor ha hecho de mi vida algo maravilloso. Pero, como habría sido mi existencia de no haber conocido a Gladys? Estaría aun balbuceando mi tema ante los estudiantes, ajeno a los vulnerables seres humanos que se ocultan detrás de las máscaras?. Gladys me arrojó el guante, y yo lo recogí! Tal fue la motivación del cambio. Cómo quisiera que Gladys estuviera hoy aquí, conmigo! La abrazaría fuerte y le diría: "Mucha gente me ha ayudado a saber que es el amor, pero tu me diste el primer impulso. Gracias! Te quiero!" Mas estoy convencido de que, en alguna forma misteriosa, el amor que le tengo a Gladys ya ha viajado hasta ella.

Responde a cada una de estas preguntas según sea el caso.

1. Te es fácil manifestar tus sentimientos a los demás? con quienes te es más difícil hacerlo?

2. Has pensado que al no expresar tus sentimientos y emociones a las personas que has mencionado... las estas  hiriendo de alguna manera?

3.¿ estas perdiendo la oportunidad de darte a conocer?

4.¿ estas haciendo que no tengan la oportunidad de conocerte?

5. Has experimentado alguna vez el "estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos estamos muriendo de soledad"?

6. Hay alguna "Gladys" en tu vida, a quien ayudaría mucho saber que es importante para ti? Que piensas hacer al respecto?

No lo pienses mucho y dile a la gente que la quieres, lo bien que te hacen sentir

Y así te lo digo, Amig@ yo te quiero, y me siento feliz de estés en mi vida, desde aquí te llegue todo mi amor y un abrazo que aunque virtual no es por ello menos  sentido y sincero.




jueves, 6 de junio de 2013

El relato de Vispacit



Vispacit era un Santo varón muy santo. No obstante antes de entrar en el cielo, ha de pasar tres días en el infierno por cierta falta que una vez cometió. Ante los dolores de los condenados, su compasión y ternura derramase a raudales desde su corazón; los desgraciados comentaban: "desde que ha llegado Vispacit, como que una brisa que sopla y nos refresca parece haber llegado; los dolores duelen menos y somos menos desgraciados".

Al cabo de tres días Yama, el dios del infierno, le dijo a Vispacit que era ya la hora de subir al Cielo." --¿como me voy a marchar y dejarlos aquí sufriendo? Me quedo con ellos. ---No es posible es disposición de Dios.---Por favor, oh Yama, dile a Dios que me quedo aquí." Cuando al día siguiente volvió Yama le contó: " Me ha dicho Dios que subas ya hoy al cielo; y que por tu gran corazón te multiplica por cien la felicidad que ya tenias merecida.---Te ruego oh Yama Le des mis gracias, pero prefiero quedar aquí; ¡sufren tanto! y mi presencia les alivia".

A duras penas consintió Yama. Al día siguiente regreso con la respuesta: " Dice Dios que te multiplica otra vez por cien tu felicidad; ¡¡¡¡que subas ya sin mas retraso y que subas contigo a todos los condenados!!!!

La Magia del Amor esta dentro de Tí

Hace muchísimos años, vivía en la India un sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacia ser un triunfador en todos los aspectos de su vida y que, por eso, se consideraba el hombre mas feliz del mundo. Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarlo para obtener el cofre, pero todo era en vano. Mientras mas lo intentaban, mas infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir. Así pasaban los años y el sabio era cada día mas feliz.

Un día llego ante él un niño y le dijo: "Señor, al igual que tu, también quiero ser inmensamente feliz. "Por qué no me enseñas que debo hacer para conseguirlo"? El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo: "A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida".

El primer paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer: Este paso se llama autoestima alta.

El segundo paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación.

El tercero paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tu las tuyas.

El cuarto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te dejará ser feliz, tú perdona y olvida.


El quinto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitaran algo de más valor.

El sexto paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.

Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices"...



miércoles, 5 de junio de 2013

Abandona tu comodidad, enfrenta tus miedos e inseguridades, y sólo así, comenzarás a Volar

Si sientes que la vida no tiene sentido, que los problemas te están acabando, memoriza esta parábola.

“Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.

Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta de que iba a morir.

En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado como volar, pero enfrento el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso.”

Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te están obligando a elevar el vuelo o a morir.

Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importan los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir BASTA, para oír el llamado que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar ALTO y muy lejos del pantano.

Abandona la vía segura y cómoda. Lánzate a la ruta incierta, llena de enigmas e inseguridades y hazlo solitariamente.

No estarás solo.


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