martes, 9 de julio de 2013

Un "Te Quiero"

Había una vez un muchacho el primero en todo, mejor atleta, mejor estudiante, pero lo que nunca supo fue si era buen hijo, un buen compañero o un muy buen amigo.

En un día de depresión el muchacho se suicido y, cuando iba camino al cielo se encontró con un ángel y este le pregunto: por que lo hiciste si sabias que te querían?

A lo que el respondió:

Hay veces que vale mas una sola palabra de consuelo que todo lo que se sienta...... en tanto tiempo que viví en la tierra nunca escuche: Estoy orgulloso de ti, gracias por ser mi amigo ..... ni siquiera un "Te Quiero Mucho....."

Al quedar pensativo el ángel, el muchacho dijo: "Y sabes que es lo que más duele?? El ángel triste le preguntó: que? y respondió, que todavía espero escucharlo algún día!! UN TE QUIERO !!!!!

Luego de esto el ángel abrazo al muchacho y le dijo que no se preocupe porque se acerca a la única persona que siempre le dijo al oído que lo amaba, pero el nunca lo escucho, pero que lo recibe con los brazos abiertos.

Por eso este mensaje es para los padres, para los hijos, para todas las personas de buenos sentimientos: Es muy importante decirle a los que nos rodean, que los queremos, decirles lo importantes que son para nosotros.

SI MUERO HOY....SOLO QUERÍA QUE LO SUPIERAS,

GRACIAS POR TU AMISTAD !!!!!

!!!!!!!!!TE QUIERO MUCHO !!!!!!!


El Arbol Eterno...Una hermosa historia de Superación


Érase una vez, hace muchos, muchísimos años, un arbolillo que crecía en el bosque. A medida que se iba haciendo alto y fuerte, empezó a tomar conciencia de la inmensidad del cielo que se abría sobre su copa. Observó también el vaivén de las nubes, en su viaje incesante por el cielo. Por último, se fijó en los pájaros que revoloteaban en lo alto.

El cielo, las nubes, los pájaros... Daba la sensación de que todos vivirían eternamente. Conforme se hacía mayor, el árbol se iba convenciendo de que eran en efecto seres eternos, y llegó un momento en el que también él sintió el deseo de vivir para siempre.

Un buen día, un guardabosques paseaba por la floresta. El hombre, de gesto amable, notó enseguida que el joven árbol no era del todo feliz.

Dime, arbolillo, ¿qué te ocurre? -le preguntó.

El árbol, que al principio se sentía un tanto reacio a compartir su secreto, terminó por sincerarse con el guardabosques:

Me gustaría vivir para siempre -Je dijo.

Pues quizás sea ése tu destino -le contestó el guardabosques-. ¿Quién te ha dicho a ti que no vaya a serlo?

Pasaron los días y los meses y, una vez más, el hombre de mirada amable se acercó al árbol, que, lejos ya de ser un pequeño arboliüo, se había convertido en un árbol alto y robusto.

¿Todavía quieres vivir para siempre? -le preguntó.

Así es -le contestó el árbol de inmediato.

Pues creo que puedo ayudarte... pero antes debes darme tu consentimiento para que te tale.

El árbol, atónito, replicó:

Te digo que quiero vivir para siempre y a ti sólo se te ocurre talarme. Estás bromeando, ¿verdad?

Ya sé que dicho así, a bote pronto, parece una locura, pero sí confías en mí, te prometo que tu deseo se hará realidad.

Después de darle muchas, muchísimas vueltas al asunto, el árbol dio su consentimiento. El guardabosques volvió con una enorme y afilada hacha y lo taló. Su esencia se derramó y se perdió por el bosque. La tierna madera fue cortada entonces en tablillas, que a continuación fueron prensadas, modeladas, limadas, y por último recubiertas de una asfixiante capa de barniz. El árbol lloraba para sus adentros, tal era su angustia y su dolor. Ya no había escapatoria, pensaba, así que se encomendó a las manos del artesano, perdiendo toda esperanza de convertirse en un ser eterno.

El artesano hizo de él un hermoso violín, que permaneció intacto en su funda durante años. A menudo, el árbol recordaba con nostalgia sus años de juventud en el bosque y sentía entonces una inmensa tristeza. Menudo idiota que había sido, dejándose engañar por el hacha de un guardabosques. ¿Cómo había podido ser tan ingenuo como para pensar que de esa forma viviría para siempre?

Pero un buen día el violín fue sacado de su estuche y acariciado con amor por unas manos desconocidas. El árbol contuvo la respiración, y le temblaron hasta las vetas cuando un suave arco le acarició el pecho. Pronto sus temblores se convirtieron en un sonido puro y melodioso que le1 recordó el sonido del viento entre las hojas, el deslizarse de las nubes en su viaje hacia la eternidad, el revoloteo de los pájaros en el cielo azul.

Un sonido puro. Unas notas puras y limpias. Era, sin duda, la música de la eternidad.

Mi esencia se ha convertido en música -suspiró el árbol-. El guardabosques tenía razón.

A partir de ese momento, su música empezó a resonar en los corazones de quienes le escuchaban. Cuando sus notas melodiosas hubieron alcanzado todos los corazones del mundo, el árbol atravesó las puertas de la eternidad y se convirtió, él también, en un ser eterno.

viernes, 5 de julio de 2013

Significados Espirituales de soñar con Marmol

Que uno ve: todos los esfuerzos serán vanos.

Que uno manipula o trabaja: está encargado de una tarea imposible, o tendrá que ver con personas de corazón duro.

Ver una columna de mármol: se tiene un bello deseo, pero irrealizable, o un objetivo hermoso, pero inaccesible.

Ver una mesa de mármol o estar sentado a ella: un deseo que uno espera realizar fácilmente, o un objetivo que intenta alcanzar sin dificultad, no los logrará sino al precio de grandes esfuerzos.

Estar sentado a ella con otras personas: las relaciones con personas de corazón duro suscitarán muchos obstáculos.


La Pipa y el Peine...Un cuento de Amor

Una pareja estaba preparándose para celebrar su aniversario de bodas. El marido y la mujer trataban de encontrar un regalo adecuado para dárselo cuando llegara la fecha.

Tenían amor, pero no dinero. Él decidió vender su pipa y, con el dinero, compró un peine para ella.

Cuando se encontraron para darse los regalos, ambos recibieron la mayor de las sorpresas, porque ella había cortado su hermosa cabellera y la había vendido para comprar tabaco de pipa para él.

Cuento de origen desconocido.


miércoles, 3 de julio de 2013

La Maestría de los Sueños

Shiva dijo:

“Con el aliento intangible en el centro de la frente, a medida que va llegando al corazón en el momento de dormirte, tené la dirección de tus sueños y de la muerte misma…”

Dividí esta técnica en tres partes: primero, tenés que poder sentir el prana en la respiración -la parte intangible, la parte invisible, la parte inmaterial…la sensación viene si estás atento al espacio entre ambas cejas, así viene fácilmente…si estás conciente del intervalo, también viene , pero es más difícil…si estás conciente del centro de tu ombligo, donde llega el aliento…lo toca y sale…también va a venir pero no va a ser fácil. La forma más fácil para conocer la parte invisible del aliento es estar centrado en el tercer ojo…pero igual, te centres donde te centres, va a llegar…y empezás a sentir el fluir del prana.

La inhalación y la exhalación son como vehículos, pero la inhalación está llena de prana y la exhalación está vacía…absorbiste el prana y la respiración se volvió vacía.

Este sutra es muy, muy significativo:

“Con el aliento intangible en el centro de la frente, a medida que va llegando al corazón, en el momento de dormir, tené la dirección de tus sueños, y de la muerte misma…”

Tenés que practicarlo mientras te quedás dormido -recién ahí, ni antes ni después…Mientras te estás quedando dormido; solamente en ese momento; ese es el momento preciso para practicar esta técnica…

Te estás quedando dormido…de a poco, va invadiéndote el sueño…En un rato se va a disolver tu conciencia; no vas a estar más conciente…Antes de que llegue ese momento,. 

Hacete conciente, conciente de la respiración y de su parte invisible, el prana, y sentí cómo llega a tu corazón…

Si te pasa -si sentís el aliento invisible que llega al corazón mientras te inunda el sueño, vas a saber que estás soñando…Comúnmente, no sabemos que estamos soñando…mientras soñás, pensás que es la realidad…Eso también es gracias al tercer ojo…¿viste alguna vez a alguien soñando? Sus ojos se mueven hacia arriba y se focalizan en el tercer ojo…

Por esta focalización en el tercer ojo, tomás tus sueños como reales; no podés sentir que son sueños, son la realidad…Cuando te levantás a la mañana siguiente sabés que :

“Estaba soñando…”

Pero de esto te das cuenta más tarde, mirando en retrospectiva. No podés darte cuenta que estás soñando mientras soñás…si podés darte cuenta, entonces va a haber dos niveles: el sueño va a estar ahí, pero vos vas a estar despierto, vas a estar conciente…Este sutra es maravilloso para quien se haga conciente en los sueños…dice:

“Tené la dirección de tus sueños y de la muerte misma…”

Si podés estar conciente en los sueños, también los podés crear…Comúnmente no los podés crear…¡el hombre es tan impotente!, ni siquiera podés crear tus sueños…¡no podés crear tus sueños! Si querés soñar algo algo determinado, no podés: no está en tus manos…¡qué impotente que es el hombre! Ni siquiera puede crear sus sueños…sos una simple víctima de tus sueños, no el creador…el sueño es algo que te pasa, no podés hacer nada; no podés pararlo, ni crearlo…

Pero si te dormís acordándote del corazón llenándose de prana, que lo toca continuamente en cada aliento, vas a volverte el amo de tus sueños -y este es un dominio muy poco común…Entonces, vas a poder soñar el sueño que quieras…Solamente desealo mientras te quedás dormido…decí:

“Quiero soñar este sueño…” y el sueño va a venir hacia vos…Lo único que tenés que hacer es decirlo cuando te estés por quedar dormido:

“No quiero soñar ese sueño…” y ese sueño no va a poder entrar en tu mente…

Pero, ¿de qué sirve volverse el amo de los propios sueños?, ¿no es inútil? No, no es inútil…Una vez que te vuelvas el amo de tus sueños, no vas a volver a soñar…Es absurdo. Si sos el amo de tus sueños, los sueños se detienen; no hay necesidad de soñar…y cuando se detienen los sueños, el acto de dormir tiene una cualidad totalmente diferente, y su cualidad es la misma que la de la muerte…

Osho.

 

Buscando un maestro (Cuento Corto)

En cierta ocasión, Bankei estaba trabajando en su jardín cuando llegó un hombre que buscaba un maestro, y le preguntó:
— Jardinero, ¿dónde está el maestro?

Bankei se rió y repuso:
— Atraviesa esa puerta y dentro lo encontrarás.

El hombre dio la vuelta y entró. Con sorpresa, vio a Bankei sentado en un sitial. Era el mismo hombre que había visto fuera, el jardinero.

El buscador exclamó:
— ¿Estás tomándome el pelo? Baja de ese sitial. Lo que haces es un sacrilegio,

Bankei bajó, se sentó en el suelo y dijo:
— Bueno, ahora tienes un problema. No vas a encontrar a ningún maestro por aquí porque yo soy el maestro.

Cuento de la tradición budista zen.


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